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Cuarenta años sin Elvis

Se cumplen cuatro décadas  desde la muerte del Rey del Rock

En agosto de 1977, el año de su muerte, Elvis Presley era un mito vivo de la música  pop-rock. Sus discos se habían vendido por millones en todo el mundo y sus películas lo habían convertido desde finales de los años 50 en un icono de la cultura de masas del siglo XX. Algunas de sus canciones, tanto los temas de rock and roll como las baladas de amor, fueron himnos para la América del welfare state.

Xulio Formoso: Elvis Presley
Xulio Formoso: Elvis Presley[1]
La llegada de los músicos de una nueva generación, liderados por Beatles y Rolling Stones, marginó un tanto el protagonismo de Elvis Presley durante los años 60, aunque al final de esta década consiguió dos éxitos importantes: “In the Ghetto” y “Suspicious Mind”. Y en la siguiente, una serie de nuevas canciones (“Hurt”, “Unchained Melody”) y sobre todo sus espectaculares actuaciones en directo en Las Vegas con una  nueva imagen (traje blanco enfundado, con bordados y adornos de pedrería, mangas ribeteadas de largos flecos al estilo country, cuello rígido erecto y hombreras) devolvieron al viejo rocker las mieles de la gloria. Su espectáculo “Aloha from Hawaii” lo vieron en directo por televisión más de mil millones de personas.

Aún así, poco antes de su muerte todo el mundo afirmaba que Elvis Presley era sólo una sombra de su pasado, obsesionado con recuperar la imagen de aquel joven que desde los años cincuenta había hecho vibrar a millones de adolescentes con un estilo de música que encontró en él la figura ideal para transmitir el mensaje del rock and roll, un mensaje de rebeldía e inconformismo. En esos años se decía que Elvis era sólo un espectro que se consumía en su retiro dorado de Graceland, en Memphis, gozando los frutos de una corona que nunca tendría sucesión. Pero había llegado demasiado alto para aceptar una vida retirada, lejos de las luces de la fama y el éxito, y decidió hacer un último esfuerzo para permanecer en los escenarios y competir con los jóvenes que pretendían usurpar su corona.

Pero los años no pasan en balde y el esfuerzo que exigían sus nuevos espectáculos requería cada vez mayores sacrificios, que no siempre la forma física y la edad estaban dispuestas a conceder. De modo que Presley comenzó un tratamiento para superar las carencias de su organismo, entre ellas su tendencia a engordar, del que algunas drogas formaban un importante ingrediente. Murió el 16 de agosto de 1977, a los 42 años, mientras se sometía a uno de estos tratamientos para perder peso.

El músico que devino en icono

Elvis Aaron Presley lo fue todo en el mundo de la música pop. Aquel joven conductor de camiones que en 1953 entró con su guitarra en una cabina de grabación del estudio que el productor Sam Philips regentaba en Memphis para registrar una versión de “My Happiness”, un regalo de cumpleaños para su madre, se convirtió en poco tiempo en la mayor estrella del rock and roll del mundo. Phillips quedó impresionado con su manera de cantar y de moverse, le hizo firmar un contrato y le buscó actuaciones en la televisión para promocionar sus grabaciones. Convenció a dos excelentes músicos para que lo acompañasen, Scotty Moore y Bill Black, y les hizo grabar cinco discos sencillos con temas como “That’s All Right”, “Blue Moon of Kentucky” y “Mistery Train”.

Lo que más llamaba la atención de aquel muchacho no eran tanto su voz y sus canciones como la forma que tenía de moverse en el escenario durante las actuaciones, en las que su cuerpo se contorsionaba al ritmo de la música en actitudes erótico sensuales que derretían a las jovencitas y escandalizaban a los mayores. La crítica conservadora presionó para que en uno de los shows de televisión de Ed Sullivan lo mostraran sólo de cintura para arriba mientras cantaba.

Durante una de estas actuaciones lo vio un astuto manager-empresario que se hacía llamar coronel Tom Parker (ni siquiera era militar), que tenía una capacidad inusual para el marketing. Compró por 40 000 dólares para la RCA los derechos que sobre Elvis Presley tenían Sam Philips y Sun Records y lo convirtió en una verdadera estrella.

En 1956 “Heartbreak hotel”, su primer disco con el nuevo sello, fue ya su primer número 1. El resto es conocido: grabaciones, películas, éxito internacional, giras multitudinarias, programas de televisión que rompían record de audiencia… hasta su servicio militar en 1960 en Alemania se convirtió en una fuente de noticias que Coronel aprovechaba para promocionar su figura. Cuando se licenció, su primer álbum se tituló, cómo no, “Elvis is Back!”.

Los puristas afirman que en realidad Elvis Presley perjudicó al verdadero rock and roll y que su éxito se debía más a sus baladas, que podían pertenecer sin problemas al repertorio de Frank Sinatra o Perry Como. Es posible, pero Elvis convertía los temas lentos de su repertorio en interpretaciones eróticas introduciendo gemidos y suspiros entre las letras.

Según otros, habría oscurecido la carrera de algunos rockers, como Carl Perkins, cuyo tema “Blue suede shoes” fue grabado por Presley arrebatando el éxito a la versión de su autor. Pero no cabe duda de que fue gracias a él que el rock and roll trascendió los circuitos en los que se movía y se convirtió en la música de una generación que le premió con el calificativo de “Rey” con el que, después de cuarenta años de ausencia, aún se le conoce.

  1. Puedes encargar un póster de este dibujo de Xulio Formoso a publicidad@enlacemultimedia.es

Sobre Francisco R. Pastoriza

Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa. Autor de "Qué es la fotografía" (Lunwerg), Periodismo Cultural (Síntesis. Madrid 2006), Cultura y TV. Una relación de conflicto (Gedisa. Barcelona, 2003) La mirada en el cristal. La información en TV (Fragua. Madrid, 2003) Perversiones televisivas (IORTV. Madrid, 1997). Investigación “La presencia de la cultura en los telediarios de la televisión pública de ámbito nacional durante el año 2006” (revista Sistema, enero 2008).

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