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Guillermo Solana: reflexiones sobre arte y el Museo Thyssen

Hablar de arte y de museos no siempre es posible, pero tiene otra relevancia cuando se conversa con Guillermo Solana, doctor en Filosofía (Premio Extraordinario Doctorado), profesor de Estética y Teoría de las Artes, con numerosas publicaciones, entre ellas: “El Impresionismo: la visión original” (1997), “Monografía sobre Paul Gauguin” (2004), “Catálogo razonado del artista Julio González” (IVAM 2001), comisario de varias exposiciones y actualmente director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.

El Museo Thyssen reúne una de las pinacotecas de maestros clásicos y modernos mejores de Europa y junto con el Museo del Prado y el Museo Reina Sofia constituyen el Triángulo de Arte de Madrid.

Esta fundación, bajo control público, tiene su sede en el Palacio de Villahermosa, restaurado por el arquitecto Rafael Moneo para alojar la colección. El Thyssen fue inaugurado en 1992 y es uno de los museos más visitados del mundo.

Guillermo Solana
Guillermo Solana

Llegamos al luminoso despacho del profesor Solana, presidido por cuadros, para hablar de arte y del museo que dirige con pasión y sabiduría.

Guillermo Solana: Yo creo que lo que más caracteriza al arte contemporáneo, más que las rupturas, (ha habido varias en el siglo XX), es que, por primera vez en la historia, todo es posible a la vez. Hay un pluralismo completo. Si vas a una feria de arte puedes encontrar arte figurativo, pintura realista, arte minimalista, neo pop, conceptual, toda clase de tendencias y todo eso, a la vez. Da la impresión que la historia se hubiera detenido porque toda la historia la tenemos a nuestra disposición. Ya no hay modas que se suceden. Es como una sopa donde está todo. Éso tiene una ventaja: en el arte contemporáneo, cada uno puede encontrar lo que desea, hay para todos los gustos. Pero éso también, puede producir una cierta detención o parálisis puesto que nada esta excluído, todo esta expuesto simultaneamente, entonces, tal vez, no hay movimiento.

Adriana Bianco: Caemos en una suerte de relativismo general.

GS: Absolutamente. El complemento del pluralismo integral es el relativismo. Cada uno se queda con lo que le parece bien y no hay más cuestionamiento.

AB: Hay otro aspecto que me preocupa dentro del arte. Nuestra civilización occidental, apoyada en los pilares de la filosofía greco-romana, de la religión judeo-cristiana, ha perseguido los valores humanos, pero… ¿Qué pasa ahora?

GS: Yo creo que en el arte actual hay una ausencia de convicciones de fondo, no lo digo con un sentido condenatorio sino como un hecho. Con respecto a la Historia del arte, creo que los artistas y el público la conocen mejor que nunca. Es decir, tenemos acceso a todas las imágenes, a todos los museos, las encontramos en internet, pero al mismo tiempo nos falta sintonizar con esa tradición. Es muy raro que un artista, un joven, conecte hoy con algún momento pasado de la historia del arte y establezca empatía. Éso es lo que falta en la actualidad, ese entendimiento, porque hemos perdido gran parte de las convicciones sobre las cuales funcionaba esa tradición.

AB: La belleza como entidad estética… ¿se diluyen en nuestra sociedad…?

GS: La belleza sigue ahí, pero sumida en esa “sopa”, digamos. En la actualidad, hay obras maravillosas y se encuentran artistas excepcionales pero lo que falta es una noción compartida de la belleza. Tenemos un estallido de mil gustos, criterios y opiniones y estamos sumidos en un relativismo absoluto, entonces no hay una noción compartida de la belleza.

Estoy, justamente, preparando unas conferencias sobre la pintura Veneciana de la primera mitad del siglo XVI, anticipando la exposición que tendremos en el museo, en el verano: ”El Renacimiento en Venecia. Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura”. Por ejemplo, en la época de Giovanni Bellini, encuentras una gran coherencia, hay artistas mejores y artistas secundarios, como siempre, pero encuentras entre todos ellos, una coherencia, una consistencia en los valores que persiguen.

Es igual que cuando vas a una ciudad como Siena o Venecia, habría malos arquitectos y constructores sin escrúpulos, pero a pesar de todo, había unos valores compartidos y unas normas compartidas. Esas normas comunales eran muy estrictas en Siena. Había un objetivo, un ideal común. Eso, lo hemos perdido en las ciudades y lo hemos perdido, igualmente, en el arte.

A cambio, hemos ganado en libertad, tenemos una libertad casi ilimitada, cualquier artista puede hacer cualquier cosa. Pero la libertad no garantiza la inspiración, aunque la libertad sea un gran don.

Jardines del Museo Thyssen Bornemisza, Madrid
Jardines del Museo Thyssen Bornemisza, Madrid

AB: Sin duda. Hablemos de la gestión cultural y del rol del museo en nuestra sociedad.

GS: Hay dos caminos para los museos hoy en día, uno es el entretenimiento de masas y el otro es la educación. Nuestro público más exigente nos pide que nos olvidemos del entretenimiento y nos dediquemos a la labor educativa. El problema es que los museos tienen que ser sostenibles y no pueden trabajar solo como instituciones educativas. No sobrevivirían. Todos los museos, hoy, se plantean cómo hacer espectáculo para un público masivo, (que no siempre es muy conocedor) y al mismo tiempo trabajar para la educación de los jóvenes y para el público que desea cultura.

La cuestión está en combinar un cierto espectáculo (con límites), con la misión educativa, seria y sólida. Ese es el camino que ha adoptado el Museo Thyssen. Nosostros tenemos exposiciones temporales que atraen al público. Hacemos impresionistas, no solo porque en nuestra coleccción hay impresionistas, sino también, porque el público ama a los impresionistas.

Al mismo tiempo, hacemos un trabajo educativo, menos visible, con personas mayores, con jóvenes, niños, personas con riesgo de exclusión, con diversidad funcional, distintos públicos que asisten al museo. Y dedicamos muchos recursos y esfuerzos al trabajo educativo. El departamento de educación, hay que decirlo, es muy de vanguardia en los museos españoles.

AB: El Thyssen es, de alguna manera, un museo atípico puesto que es la colección de una determinada persona.

GS: Nosotros tenemos trato con una coleccionista: la baronesa, Doña Carmen. Como se sabe, nuestra colección permanente pertenece al Estado, se adquirió a la familia Thyssen, pero tenemos un gran déposito de cuadros que son de la baronesa, son cuadros privados. Nos movemos en dos campos distintos: por una parte, está la relación de ella con el Gobierno, regulada por sus abogados, y cada año se renueva el acuerdo, y por otra, está la relación personal.

Todo el equipo del Thyssen y yo tenemos una relación muy fuerte con ella y ella confía mucho en el museo. Más allá del acuerdo formal que la baronesa tenga suscrito con el Estado, ella tiene una confianza en nosotros para dejarnos administrar, dar obra en préstamos y confia en nosotros. El Museo es algo que ella contribuyó a crear y la relación es de confianza mutua.

AB: Recuerdo una exposición en el Metropolitan de New York, donde Montebello, su director, nos explicaba de un Goya falso comprado por el museo y después descubierto el verdadero. La muestra era sobre todo ese proceso. ¿Hay, en esta importante colección, algún cuadro falso o con dudas?

GS: No hemos tenido hallazgo de ningún falso en la colección. Pero si hemos hecho exposiciones donde se exponía el estudio del Departamento de Restauración sobre un cuadro. Este año hay dos exposiciones que se van a inaugurar proximamente. Una, sobre un gran Tiepolo, “Apolo y Jacinto”, que se ha limpiado enteramente, se han hecho estudios radiográficos y ha cambiando su aspecto.

La otra exposición es sobre un Arlequín de Picasso, uno de nuestros cuadros mas famoso. Este caso es muy interesante porque Picasso en el último momento cambio la posición de las piernas del Arlequín. En los estudios radiograficos ves como fue concebido y como quedó. El Arlequín estaba con las piernas abiertas y luego cambió la posición, y se nota en la radiografia. El cuadro comenzó siendo un cuadro muy clásico y Picasso lo cambia de una manera improvisada y rompe esa concepción clásica, era una época donde Picasso quería ya separarse del Clasicismo. Cambia la posición de las piernas bien dibujadas a una posición de piernas casi malhechas, entonces vemos que, deliberadamente, quiere romper la forma, romper la armonía que había. Comparando el cuadro final con lo que había debajo, te das cuenta que Picasso había enterrado el Clasicismo. A veces, los estudios de restauración son muy elocuentes, te pueden contar toda una historia.

AB: La historia del arte es fascinante en sus secretos. ¿Cómo se ve en perspectiva de futuro, el mundo de los museos, en una sociedad global?

GS: Espero que los museos tengan un futuro, aunque no estoy totalmente seguro. Tenemos interrogantes en el horizante. Mucha parte del interés del público se va desplazando hacia el arte contemporáneo.

Notamos en los Museos la pérdida progresiva del interés por los maestros antiguos. Además, son exposiciones muy caras, los valores de los seguros muy altos y es cada vez mas difícil que una pintura del Barroco, del Renacimiento tenga el éxito de público que tienen los clásicos modernos.

AB: Sin embargo, hay que mostrar al público el cordón histórico que une el pasado con el presente, sino perdemos nuestra tradición humanística.

GS: Absolutamente, los museos no pueden renunciar a su misión, particularmente un museo como el Thyssen con esta colección histórica.

Pero, hay una renovación del público que puede conducir a una pérdida de interés por el pasado, igual que ha pasado con la literatura.

Los museos, seguramente van a sobrevivir, incluso si la tradición humanística sufre o declina, los museos van a sobrevivir porque vivimos en la época de la imágen y los museos de arte tienen tesoros de imágenes. Pero lo que me temo es que las imágenes de los museos serán interpretadas con otras historias.

Un ejemplo. Vino a verme un conservador del Louvre por una exposición de Tintoretto que teníamos, y me explicó que habían establecido un itinerario en el Louvre según la novela “El Código Da Vinci”.

El público lo pedía. Comprendes lo que quiero decir. Hoy es difícil que un estudiante entienda la iconografía Cristiana de la pintura, la Trinidad, la Paloma, El espíritu Santo, antes todo el mundo lo sabía. Ahora los itinerarios son sobre gastronomía, modas, arquitectura. Entonces me pregunto: si la tradición humanística entra en una crisis terminal y se pierde esa conexión con el pasado, los museos terminarán siendo proveedores de imágenes pero con otras historias inventadas o a la medida de otro público….Sería un enorme empobrecimiento, esperemos que la tradición humanística continue…

Sobre Adriana Bianco

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