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Huellas democráticas: la primera vez que votamos

El día 15 de junio de 2017 se cumplirán 40 años de la primera vez que los españoles pudimos votar en democracia, tras una larga noche de otros 40 años de dictadura, tiempo aquel en el que solo contaba el ordeno y mando del régimen dictatorial nacido tras una fratricida guerra de tres años.

EPS-elecciones-1977Durante estas cuatro décadas pasadas ha nacido una nueva generación de millones de españoles a los que aquel tiempo les suena a chino, a pura prehistoria. Sin ir más lejos, estos días he coincidido en el tren de cercanías con alumnos que se iban a examinar de selectividad, y hablaban entre ellos de políticos como Manuel Fraga, Adolfo Suárez o Felipe González porque, opinaban, les podían caer como material en el examen, personajes históricos que para ellos formaban parte de un pasado desconocido, que existieron en un tiempo en que ellos aún no habían nacido, según se dice en los libros.

Algunos, sin embargo, sí recordamos ahora la primera vez que votamos en democracia, cuando van a cumplirse exactamente 40 años, porque para los que lo vivimos resultó ser una fiesta inimaginable el hecho de poder acercarte a una urna y votar por tu elección, cuando aún no teníamos ni siquiera una Constitución que nos amparara. Para hacerse una idea del ambiente social de aquel tiempo, las palabras partido político comenzaron a escribirse por aquellas fechas, pero con cuidado, hilando fino, porque lo suyo era lo de “familias políticas”, menos atrevidas en un tiempo en el que los restos de franquismo, en parte en descomposición, velaban armas, por lo que podía pasar de todo: o encarrilarse la cosa hacia adelante, o dar marcha atrás…

Tanta importancia tuvo aquella fecha para los españoles que veinte años después, es decir, el 15 de junio de 1977, el dominical del diario El País publicaba un amplio reportaje precisamente con el título de “La primera vez que votamos” en el que hacía un repaso de cómo éramos, pensábamos, actuábamos los españolitos en un tiempo en que empezábamos a aprender a vivir en una cosa que se llamaba democracia, hasta entonces desconocida, y por lo tanto que nos sonaba a nuevo…

Aquella fecha de 1977 se hizo famosa pasando a la historia como: 15-J. Era la nuestra una España grande y libre, se decía oficialmente, pero aislada del resto de los países de Europa en bastantes cosas, porque la dictadura no casaba con la democracia. Y en aquellos primeros balbuceos democráticos, las diferencias saltaban a la vista. Tan de nuevo nos sonaba todo, que a la hora de escribir se podían cometer auténticas barbaridades, según escribiría Juan José Millás pasados veinte años, como la de aquel técnico que se descolgó con: “El gobierno promulgará una ley electoral que deje insatisfechos a todo el mundo, pero que sea aceptable para todos”. El cardenal Tarancón, por su parte, que era lo más avanzado de la Iglesia Católica, pronunciaría otra frase para la historia en el aeropuerto, mientras se dirigía a Bonn para preparar una Conferencia Episcopal Europea: “Si un católico quiere votar a un comunista tiene la conciencia deformada, mientras el comunista no diga públicamente que deja el ateísmo y la concepción materialista de la historia”.

En la política teníamos unos partidos un tanto diferentes a los de hoy, que el gran fotógrafo Alberto Schommer retrataría magistralmente para las elecciones, con una simbología propia del momento: a la derecha derecha, la genuina derecha, heredera de alguna manera de las esencias patrias, estaba Alianza Popular, comandada por Manuel Fraga, quien procedía de los llamados Siete Magníficos, y que entre otras cosas había sido ministro de Franco y embajador en Londres. De esa derecha procede el Partido Popular actual, aunque algunos se pongan ahora de perfil.

En el centro político se presentarían a las elecciones dos partidos: la Unión de Centro Democrático, de Adolfo Suárez, que procedía del llamado Movimiento, un resto del franquismo puro y duro, y la Democracia Cristiana de Joaquín Ruiz-Giménez y Gil Robles, entre otros. Igualmente en la izquierda moderada, o menos moderada, también había dos partidos: el Partido Socialista Popular, del profesor Enrique Tierno Galván, y el Partido Socialista Obrero Español, de Felipe González, partidos que acabarían fusionándose. Y ya en la izquierda más declarada estaba el Partido Comunista de España, liderado por Santiago Carrillo, partido que había sido legalizado en un Sábado Santo, con gran disgusto de los militares y ruido de sables en algunas salas de banderas…

Estábamos en una España que comenzaba a amanecer en muchas cosas a la altura de aquel ya lejano 1977, año en que los españoles votamos por primera vez: unas estaban prohibidas, mientras que otras se dejaban entrever, poco a poco, como con sordina, ruido contenido, para no llamar la atención.

Entre las prohibiciones estaban cosas como el matrimonio civil, ya que para hacerlo había que apostatar de la Iglesia Católica, algo casi imposible. La homosexualidad debía resultar algo peligroso en aquel tiempo, y como tal estaba contemplada en la Ley de Vagos y Maleantes, pasando después a ser sujetos de la Ley de Peligrosidad Social, denominaciones ambas igual de aberrantes. La libertad religiosa resultaba impensable, pues los españoles éramos per sé, desde los primeros balbuceos, católicos, apostólicos y romanos. Y de aborto nada de nada, ni por malformaciones congénitas ni violaciones. Y eso que el Tribunal Supremo había advertido ya que unas 300 000 españolas abortaban cada año, casi todas en Londres.

Y en cuanto a la censura se refiere, había una frase en la revista humorística Hermano Lobo que se haría famosa, que decía: “¿Y cuándo desaparecerá la censura? El año que viene, si Dios quiere”…

Claro que también empezaron a ponerse algunas cosas de moda, porque aquella principiante democracia es lo que tenía. En la música teníamos cantautores para dar y tomar, ya fuera en desayuno, merienda o cena, tales como Juan Manuel Serrat, Luis Pastor, Luis Eduardo Aute, Carlos Cano, María del Mar Bonet, Labordeta, Víctor Manuel y varios más. La televisión dejó de verse en blanco y negro y nació el color, cosa ella mucho más moderna, mientras se inventaba un artilugio llamado mando a distancia, que nos evitaba cambiar de canal con el palo de una escoba.

Hasta dejamos los españolitos de ser horteras corriendo ataviados con lo más viejo en el vestir porque se inventó una indumentaria llamada chándal, que venía de Estados Unidos, el no va más. Y no corríamos por montañas y pedriscos, no, sino que empezamos a hacerlo por las ciudades haciendo footing, que resultaba como más moderno.

Y ya, el no va más, fue la invención del llamado dinero de plástico: es decir, unas tarjetas de crédito con la que decían se podía pagar todo, sin llenar dinero en la faltriquera ni en el refajo. Solo había que enseñarla, firmar un recibo, y ya estaba. Claro, que para eso había que tener dinero en un banco, que esa era otra.

Así estaba España, así éramos, el país y sus habitantes, a grandes rasgos, a la altura del año 1977, la primera vez que votamos en una histórica fecha de un 15 de junio. Se podría escribir un volumen sobre el tema, y es cuestión de pensarlo para mejor ocasión. Han pasado 40 años de todo aquello, y dentro de unos días llegará otro 15 de junio. Habrán pasado 40 años, y mientras millones de españoles han nacido durante este tiempo, algunos vivimos para contarlo…

Sobre Conrado Granado

@conradogranado. Periodista. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.
He trabajado en la Secretaría de Comunicación e Imagen de UGT-Confederal.
He colaborado en diversos medios, como El País Semanal, Tiempo, Unión, Interviu, Sal y Pimienta, Madriz, Hoy, Diario 16 y otros.
Tengo escritos tres libros: Memorias de un internado, Todo sobre el tabaco: de Cristóbal Colón a Terenci Moix y Lenguaje y comunicación.
Soy actor. Pertenezco a la Unión de Actores y Actrices de Madrid. Trabajos en series de televisión, películas y publicidad.

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