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Lee Lozano, la artista rebelde e insumisa

Se exponen por primera vez en España cuadros de todas las épocas de la pintora norteamericana

La de los sesenta del siglo XX fue una década prodigiosa en todos los ámbitos de la creación, de la música al cine y de la literatura a las artes plásticas. Lee Lozano (de soltera Knaster, adoptó el apellido de su marido, un arquitecto mexicano) desarrolló en esa década una carrera de una intensidad poco común en el mundo del arte.

Durante doce años, de 1960 a 1972 produjo una obra profundamente provocadora, reivindicativa y libre, en paralelo a los movimientos antibélicos y contraculturales de la época. Decidió entonces retirarse voluntariamente y nunca volvió a mundo del arte.

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Muy poco conocida en España, la obra de Lee Lozano llega ahora al Museo Reina Sofía de Madrid en una amplia retrospectiva que recoge pinturas y dibujos que abarcan las tres cuestiones fundamentales que caracterizan su obra: la sexualidad ligada a la emancipación y a la insumisión, el interés por la ciencia y la energía, y la identificación entre el arte y la vida, que llevó hasta sus últimas consecuencias.

Cuerpos abyectos y fragmentados, herramientas transformadas en órganos sexuales, objetos industriales de grandes dimensiones, dibujos minimalistas con escrituras y fórmulas matemáticas… los cuadros de esta artista norteamericana (New Jersey, 1930- Dallas, 1999) siguen en esta muestra una disposición que obedece a un orden cronológico y temático.

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Etapas de una obra inclasificable

La primera etapa de Lee Lozano se sitúa en Nueva York, en la Green Gallery de Richard Bellamy, donde también coincidieron Claes Oldenburg, Richard Serra y Robert Morris, del colectivo Monster Roster Group de Chicago, cuya influencia postsurrealista está muy presente en las primeras obras de Lozano (fue en Chicago donde se había formado como artista).

En estos años sus propuestas se sitúan entre el antibelicismo y el sexo. En ellas Lee Lozano mezcla los hallazgos de los expresionistas abstractos con la influencia del pop art, sobre todo en la utilización como modelos de sus dibujos de objetos cotidianos tomados en su estudio: cepillos de dientes, enchufes, destornilladores… con los que introduce en su obra un humor sarcástico y un cierto tono agresivo. Son frecuentes las imágenes aisladas de partes del cuerpo, como bocas, dientes, traseros, penes o pechos de formas diferentes, situadas en espacios claustrofóbicos, desafiando el buen gusto y los discursos estéticos de la época.

En una segunda etapa, a partir de 1962, utiliza pequeños aviones saliendo o entrando en bocas y orejas como metáfora de la energía creativa y la circulación de las ideas. Continúa la provocación y la irreverencia crítica contra las instituciones que rigen la vida social, desde el matrimonio y la familia monógama hasta la religión, el negocio del sexo y las convenciones predominantes en la sociedad en temas como la moral y la belleza. Se inspira en los anuncios publicitarios del metro para su serie “Subway Series”, sobre la cosificación del cuerpo y la incitación al consumo.

En 1964 sus colores se vuelven más austeros y sus cuadros son ya de grandes dimensiones con el fin de llevar a cabo con más efectividad una denuncia contra el ambiente hostil y hegemónico del hombre en el mundo del arte. Son motivos como tuercas, grapadoras, martillos sobredimensionados, que anuncian una aproximación hacia la abstracción y el minimalismo en la obra de la artista, siempre de manera heterodoxa, influida por Carl Andre, con quien le unía en estos años una estrecha amistad. En efecto, desde mediados de la década, los lienzos se ven atravesados por figuras geométricas a través de cuyos colores provoca sensaciones emotivas y efectos ópticos. Persigue también representar la cuarta dimensión utilizando cálculos matemáticos, que aplica a pinturas y estudios perforados.

Desde 1967 y hasta 1969 comienza sus primeros estudios para “Wave Series”, un conjunto de once pinturas realizadas cada una de ellas durante una única sesión (la última duró más de 50 horas), utilizando peines de acero y cepillos de alambre duro, con las que quiere representar ondas electromagnéticas, conjugando así la ciencia y el arte. La serie obtuvo un gran reconocimiento en 1970 durante una exposición en el Whitney Museum of American Art, aunque en el Reina Sofía es la primera vez que se expone tal y como lo planificó la artista: los lienzos situados en una sala oscura y apoyados en la pared.

En paralelo, entre 1968 y 1972 Lee Lozano comienza a registrar sus acciones cotidianas en cuadernos privados que le llevaron a producir una serie de obras de carácter conceptual y performativo que expuso en 1971 con el título genérico de “Pieces”, polémicas piezas lingüísticas consistentes en textos manuscritos que con el tiempo derivaron en su último trabajo, “Dropout piece” (Pieza de la deserción), a partir del cual decidió abandonar su carrera y romper con todo.

Fue la culminación de una serie de renuncias, enfrentamientos y protestas (hasta una huelga) contra el mercado y el mundo del arte, que le llevaron a refugiarse en Dallas y autoexcluirse de la escena como única forma de protestar contra el sistema.

  • TÍTULO. Forzar la máquina
  • LUGAR. Museo Reina Sofía. Madrid
  • FECHAS. Septiembre 2017

Sobre Francisco R. Pastoriza

Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural
Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa. Autor de “Qué es la fotografía” (Lunwerg), Periodismo Cultural (Síntesis. Madrid 2006), Cultura y TV. Una relación de conflicto (Gedisa. Barcelona, 2003) La mirada en el cristal. La información en TV (Fragua. Madrid, 2003) Perversiones televisivas (IORTV. Madrid, 1997). Investigación “La presencia de la cultura en los telediarios de la televisión pública de ámbito nacional durante el año 2006” (revista Sistema, enero 2008).

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