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OMS y Unicef: 4500 millones de personas, no disponen de retretes

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), han hecho público que aproximadamente un 60 % de la población mundial, unos 4500 millones de personas, no disponen de retretes en sus viviendas o tienen sistemas de saneamiento deficientes.

En el Día Mundial del Retrete, que se establece como fecha reivindicativa cada 19 de noviembre, estas organizaciones señalan que unos 892 millones de personas defecan al aire libre y no tienen acceso a ningún retrete, que en torno a 1800 millones de habitantes del planeta beben agua no potable que podría estar contaminada por heces y que el 80 % de las aguas residuales generadas por la población mundial regresan al medio ambiente sin ser tratadas o reutilizadas.

Y aseguran que en 2017 tan solo el 39 % de la población mundial, unos 2900 millones de personas, disponen de servicios de saneamiento que gestionan de manera segura y eficiente las heces, y que la mejora de los sistemas de saneamiento, junto con el agua potable y la buena higiene, podría prevenir unas 842 000 muertes al año.

Niñas visitan los nuevos retretes construidos en Abidjan por la misión de la ONU en Côte D'Ivoire. Foto ONU/ Patricia Esteve
Niñas visitan los nuevos retretes construidos en Abidjan por la misión de la ONU en Côte D’Ivoire. Foto ONU/ Patricia Esteve

Los retretes salvan vidas

Naciones Unidas sostiene que los retretes salvan vidas porque evitan que a través de las heces humanas se propaguen enfermedades mortales, y el dato de que 4500 millones de personas no cuenten en sus viviendas con sistemas que eliminen los excrementos de forma segura mantiene la vigencia del Día Mundial del Retrete para “concienciar acerca de la crisis mundial de saneamiento y fomentar medidas que la resuelvan”.

Para 2030, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en concreto el ODS 6, tiene por fin hacer llegar el saneamiento a todos los habitantes del planeta, reducir a la mitad las aguas no tratadas y aumentar su reutilización.

Para alcanzar estas metas, es necesario que los excrementos humanos sean depositados, transportados, tratados y eliminados de una manera segura y sostenible. Miles de millones de personas en todo el mundo carecen de sistemas de saneamiento o no son efectivos. Como consecuencia, los avances en el ámbito de la salud y la disminución de la mortalidad infantil se ven gravemente perjudicados.

Asimismo, agua y saneamientos deficientes le cuestan a los países en desarrollo unos 260 000 millones de dólares al año, es decir, el 1,5 por ciento de su Producto Interior Bruto (PIB). Por el contrario, cada dólar invertido en esta área genera cinco gracias a la mejora de la salud y la productividad de las personas.

¿Dónde van las heces?

Este año 2017, la celebración del Día Mundial de Retrete se ha centrado en el tratamiento de las aguas residuales, al igual que el pasado Día Mundial del Agua. En este contexto, Naciones Unidas plantea la pregunta ¿Dónde van las heces?.

Si hay algo que compartimos todos los habitantes del planeta es la necesidad de defecar. Sin embargo, dependiendo de dónde se viva, las heces se gestionan de manera diferente.

Debido a la falta de sistemas de saneamiento, o su mal funcionamiento, los excrementos humanos de miles de millones de personas vuelven al medio ambiente sin haber sido tratados y propagan enfermedades mortales. Las aguas residuales no depuradas acaban contaminando los ríos y los mares, hasta el punto que dejan de ser lugares salubres para la pesca o las actividades recreativas.

La OMS y Unicef concluyen que para alcanzar el ODS 6, es necesario que las heces pasen por un proceso compuesto por cuatro fases:

  1. Depósito: Las heces deben depositadas retretes higiénicos y almacenadas en fosas o contenedores herméticos, de manera que los excrementos no entren en contacto con las personas.
  2. Transporte: Tuberías o servicios de vaciado de letrinas para llevar las heces a la fase de tratamiento.
  3. Tratamiento: Las heces deben ser tratadas y convertidas en aguas residuales y deshechos depurados para que se puedan volver al medio ambiente sin que supongan un riesgo para la salud pública.
  4. Eliminación y reutilización: Las heces, una vez tratadas correctamente, se pueden reutilizar como combustible o fertilizante.

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