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Podemos, un intento fallido

La izquierda tradicional de puño en alto gana las elecciones internas de Podemos

Gabriela Amaya[1]

Con el previsible y constatado triunfo de Pablo Iglesias y su equipo en la asamblea ciudadana de Podemos –Vistalegre II- se han esfumado las últimas esperanzas del 15M o Movimiento de los Indignados, al menos en lo que tiene que ver con Podemos, y que la formación morada llegue a ser Gobierno.

Pablo Iglesias con Ïñigo Errejón
Pablo Iglesias con Ïñigo Errejón

Lo que hemos visto en Vistalegre II, la segunda asamblea ciudadana de Podemos, es la confrontación entre dos modelos irreconciliables, representados por su reelegido secretario general Pablo Iglesias y el que ha dejado de ser número dos, Íñigo Errejón. Dos modelos que no pueden crecer juntos y mezclados como nunca pudieron mezclarse el agua y el aceite porque uno representa el pasado y otro el futuro. Y ha ganado Pablo Iglesias y los suyos, o lo que es igual el modelo que representa el pasado, a la izquierda tradicional del XIX.

Que la izquierda tradicional haya tomado el control de contenidos y formas en Podemos, supone el fracaso no sólo de una parte de quienes ocuparon las plazas y apostaron por un proyecto político que se presentó como su expresión (algo que supieron aprovechar los fundadores de Podemos, aunque nunca fueran sus ideólogos o impulsores como se ha dicho después por alguno de ellos) sino que además representa el fracaso y una nueva caída de esperanzas para millones de personas dentro del estado español y fuera de sus fronteras, como ayer apuntara Moreno Yagüe, único candidato a secretario general además de Pablo Iglesias.

Mientras, los grandes medios de comunicación han puesto el acento en las divisiones entre Pablo Iglesias, líder de Podemos, y el ya exnúmero dos de la formación morada, Íñigo Errejón, presentándolas como la pelea entre dos personajes y simplificando sus posiciones a la defensa de la movilización ciudadana por parte de Iglesias y a la defensa del trabajo en las instituciones por parte de Errejón, lo que está en cuestión es más profundo y tiene que ver con aspiraciones y modelos. Sólo había que leerse los documentos que han sido presentados a esta Asamblea y los discursos que escuchamos ayer, o la falta de contenido en algunos de ellos, para corroborar lo que decimos.

Lo que está en juego, de fondo, son dos modelos opuestos en cuanto a ideales y aspiraciones concretas, y en cuanto a formas de relación interna y con el medio al cual se supone buscan representar.

¿De qué dos modelos hablamos? De un lado, está el modelo de Pablo Iglesias y su equipo de “notables” que junto a los anticapitalistas de Miguel Urbán y Teresa Rodríguez, representan la vieja política de izquierdas y que se han presentado juntos en algunos de los puntos a votar; y de otro, la corriente de Íñigo Errejón que junto a quienes han presentado el programa político Podemos 4.0 (con el diputado andaluz Moreno Yagüe como candidato a secretario general en este congreso), plantean como aspiración, tanto en sus contenidos como en sus formas, buena parte de los ideales del 15M y más.

Como anécdota, el discurso del aspirante a secretario general Moreno Yagüe, de los pocos que planteó contenidos -muy interesantes, por cierto- no pudo escucharse bien mientras la megafonía para Pablo Iglesias no tuvo problema alguno. Es un pequeño detalle de algo mucho más grande, que se ha ido gestando y que viene de lejos y cuyo anuncio lo hizo Iglesias en Vistalegre I al dejar claro que “el cielo no se toma por consenso, el cielo se toma por asalto” mientras la plaza le insistía en que escuchara a la base, y cuyo primer indicador claro lo tuvimos cuando se decapitó al que fuera secretario de organización Sergio Pascual, cercano a Íñigo Errejón, como otro paso que hablaba del giro que iba tomando la dirección de Podemos traicionando sus primeras promesas.

La caída de Pascual fue un aviso para navegantes y muestra del actuar de la izquierda tradicional: todo lo que no está bajo su control y sirve a sus intereses, toda la disidencia y lo diferente se elimina, como hicieron entonces, o se degrada como están haciendo ahora con Errejón y quienes se reconocen en su sensibilidad, deformando su discurso al presentarle como falto de carisma y mentiroso, y a todo el sector como alejado de los problemas de la calle. Las últimas semanas han sido de una campaña sin igual de descrédito hacia el “alumno aventajado” que fue Errejón y que podía superar a quienes fueran sus profesores, defendiendo un modelo que ponía en tela de juicio las ansias de poder de aquellos.

Hemos visto otras manifestaciones de este modelo, de esta izquierda tradicional. Hemos comprobado cómo no perdona que alguien no se ponga a su servicio mientras habla de trabajo de iguales; cómo traiciona a quien le sirvió si pretende ser algo que más que su perro fiel; cómo ejerce la verticalidad en formas y fondo; cómo se cree mesiánica y salvadora de poblaciones que no “entienden”; cómo se llena de discursos vacíos y sale a la calle como reacción/dependencia hacia los poderosos, al tiempo que ejerce poder allí donde puede, etc. La misma izquierda tradicional que apela a la unidad (la palabra más escuchada en todo el Congreso) mientras pone el acento en las diferencias degradando a sus “oponentes” internos.

Que en todo esto, los anticapitalistas cada día más cercanos a Pablo Iglesias o Pablo Iglesias cada día más cercano a los anticapitalistas, hayan querido aparecer como los que representan el 15M, los más horizontales y los que unen, es cuando menos alucinante. Sus ideales y prácticas cotidianas troskistas hablan por ellos.

Pero aludíamos a dos modelos. Hay otro modelo, había otro modelo que ha salido perdedor, representado por las corrientes de Íñigo Errejón y Moreno Yagüe.

Más allá del trabajo que vienen desarrollando y que venimos siguiendo de cerca (como lo hacemos también con pablistas y anticapitalistas), cuando decimos que representan otro modelo nos apoyamos en lo que defienden y cómo lo hacen.

No declaman que representen el 15M, sino que aquellos valores les sirven como referencia y aspiración, mientras sus prácticas hablan de ello y de aquella ilusión que levantó el movimiento de indignados. Ponen el acento en lo que construyen y no tanto en destruir lo que ya es insostenible. La relación con ellos y entre ellos es liviana.

Cuando Errejón habla de transversalidad, entendemos que está hablando de una característica básica del 15M, la inclusividad. En aquel mayo del 2011 se decía “no somos de izquierdas ni de derechas”, como decía Podemos en sus comienzos, y buscaba representar a todos los indignados, a la grandísima mayoría de la población, a quienes los poderosos han usurpado el poder.

Aquel 15M fue no violento además, principio que lleva en su programa Errejón; fue horizontal, las decisiones se tomaban en y desde la base; defendía la democracia real y esto nos lleva al tema de la profundización en la democracia interna como ejemplo de la defensa de democracia que se pide afuera, y un largo etcétera que ayer, creemos, no se supo defender bien en Vistalegre por parte de los errejonistas.

Y esto nos conecta con otra corriente, Podemos 4.0, cuyo representante más visible es Moreno Yagüe. Si alguien se atrevió a denunciar ayer la falta de democracia interna y cómo resolverlo fueron ellos y si alguien hizo ayer planteamientos en profundidad y que dieran respuesta a los nuevos tiempos, fueron los que defendían el programa Podemos 4.0.

Frente a la lista de personajes que presentó como “programa” Pablo Iglesias en su versión más clara de hombre de izquierda tradicional al poner el acento en los que podrían ser los “salvadores” de la patria, el programa que presentó Moreno Yagüe tenía contenido y muy importante: habló de democracia directa y la posibilidad de llevarla a la práctica ya, gracias a los avances tecnológicos que manejamos todos cotidianamente; de cómo desmontar la estafa y el poder de los bancos aprovechando los mismos avances; sobre la urgencia de afrontar una transición energética; acerca de la liberalización del conocimiento y la necesidad de priorizar la educación, además de un largo etcétera. Si sintetizamos la posición de estas dos sensibilidades, podemos decir que hablan no sólo de denunciar, sino de construir apoyándose en los valores que movieron al 15M y aprovechando los grandes avances tecnológicos y el momento histórico social, que permiten que aquellos valores se concreten y profundicen.

Estas dos corrientes (que defienden una renta básica universal, por cierto, mientras Iglesias sigue presentando a un contra de ella como su estrella en materia económica – Vicenç Navarro-) aparecieron únicamente juntas a la hora de presentar sus candidatos a elegibles al Consejo Ciudadano pero… ¿Por qué no han unido fuerzas y se han presentado como una única opción?

¿Por qué Errejón no ha presentado su candidatura a la secretaría general de Podemos? ¿Qué hubiera ocurrido de haberlo hecho?

Si errejonistas y yagüistas creen que pueden cambiar nuestro país desde dentro de una organización como la que representa el Podemos que hoy ha ganado, se equivocan.

Tendremos que esperar a los siguientes movimientos después de esta Asamblea, pero los resultados han corroborado la fractura interna y la ruptura con las esperanzas de la gente, con las mejores aspiraciones de millones de personas.

¡Otro intento fallido!

  1. Gabriela Amaya es responsable de la Redacción de Madrid y participa en Pressenza desde su creación. Ha trabajado en radio y prensa escrita y, desde hace años, ha decidido desarrollar su trabajo periodístico como profesional voluntaria al servicio de la paz y la no violencia. Está comprometida también con diferentes colectivos y plataformas a quienes apoya con su labor periodística.

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