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Protestantismo sin Reforma

Una aproximación al protestantismo español, en el primer tercio del siglo XXI

Aprovechando la coyuntura histórica que brinda la celebración del 500 Aniversario de la Reforma, nos proponemos hacer una reflexión con determinadas implicaciones históricas, sociológicas, teológicas y eclesiales del protestantismo español en este primer tercio del siglo XXI.

LuteroHace unos años, concretamente en el 2001, recién traspasada la frontera de este siglo, publicábamos en la revista Anales de Historia Contemporánea, editada por el Departamento de Historia Moderna, Contemporánea y de América de la Universidad de Murcia, en su número 17, un extenso artículo titulado “Corrientes teológicas y sociológicas que han influido en el protestantismo español”. Hacíamos referencia a las influencias teológicas del protestantismo de misión, asimiladas y adaptadas a las condiciones peculiares de la España de los siglos XIX y XX.

Afirmábamos entonces que, en general, el afán evangelizador de los protestantes ha sido más fuerte que su deseo de reflexión sobre los fundamentos de la fe. Seguíamos en nuestra reflexión las distintas líneas confesionales del protestantismo español: el de la Reforma magisterial o clásica, el de la Reforma radical o Anabautista, y el de los movimientos pentecostales y neo pentecostales del siglo XX. Y admitíamos que ciertas influencias foráneas han impuesto al protestantismo nacional un sesgo desmesuradamente conservador.

Comentando el éxito numérico de los neo pentecostales, ya detectado entonces, concluíamos que las iglesias históricas tendrían que aprender a revisar sus categorías teológicas y metodologías educativas, ofreciendo mayor espacio a la experiencia y a la libre manifestación del Espíritu a fin de poder competir desde una teología ortodoxa con el empuje de las iglesias de nuevo cuño.

Sin desdecirnos ahora de nuestras afirmaciones de entonces, especialmente en lo que tiene que ver con la necesaria apertura de las iglesias históricas a la libre manifestación del Espíritu, tal vez pecamos de ingenuos al imaginar que podría esperarse una especie de fusión entre los fundamentos teológicos de las iglesias reformadas, con la renovación espiritual aportada por los movimientos emergentes, ajenos en buena medida a la Reforma. La experiencia de los años transcurridos pone de manifiesto que no se está produciendo tal fusión, a no ser en sentido contrario, es decir, la devaluación de ciertas prácticas eclesiales heredadas de la Reforma para incorporar elementos ajenos a la misma; que las iglesias históricas han ido perdiendo terreno a la vez que las de origen neo pentecostal han impuesto su influencia como consecuencia de su crecimiento numérico, creando una nueva imagen del protestantismo español, que cada vez se parece menos a la Reforma del siglo XVI, aunque en él aún cabe la esperanza de que subsista en alguna medida la Reforma.

Trascurridos estos años en los que la fosa de separación entre reformados y neo pentecostales se ha ido agrandando, haremos una nueva aproximación al protestantismo del siglo XXI en España, apoyándonos en algunas categorías diferentes a las que utilizamos en nuestro trabajo anterior.

I. Cambio de paradigma teológico

En la misma medida en la que el catolicismo español ha sido penetrado por el pensamiento y la teología protestante a lo largo del siglo XX, el reducido, pero con poso histórico, protestantismo español, ha sido no solo penetrado, sino desplazado por el evangelicalismo1 norteamericano trufado de fundamentalismo neo pentecostal. Ese fenómeno se deja sentir a partir del último tercio del pasado siglo y, con mayor contundencia, en los años transcurridos del siglo XXI.

A raíz de la apertura producida por el Vaticano II, no sólo los católicos sino también los protestantes españoles (unos pocos, al menos), tuvieron acceso a teólogos protestantes como Karl Bath, Rudolf Bultmann, Oscar Culmann, Jürgen Moltmann, Dietrich Bonhoeffer o filósofos, igualmente protestantes como Paul Ricoeur, que enriquecieron el pensamiento teológico, tanto católico como protestante. Este fenómeno se produce gracias al interés despertado entre sectores católicos por estos autores y al esfuerzo llevado a cabo por editoriales católicas, que se arriesgaron a poner estos textos al alcance de sus lectores.

La lectura y estudio de autores protestantes en ámbitos católicos ha contribuido a difundir la teología reformada, mientras que, en el ámbito protestante, sensu contrario, se ha ido “deformando” a muchos de sus líderes con lecturas catalogadas como “devocionales”, “espirituales” y otros conceptos análogos, sometidas a filtros de censura establecidos por pseudo profetas, pseudo apóstoles o pseudo pastores, cuyo oficio consiste en controlar las conciencias de los demás. Se libran, es cierto, un par de instituciones teológicas, que luchan contra corriente, poniendo todo su empeño en ofrecer una formación seria, ajustada a los cánones de la teología protestante más consistente, con frecuencia teniendo que soslayar las trabas que les ponen los propios órganos que les sustentan.

II. Proceso de neo-pentecostalización

El proceso de neo pentecostalización del protestantismo español, con su énfasis en la lectura literal de la Biblia y su correlato la inerrancia de la Biblia, se ha producido en dos sentidos. Por una parte, el desembarco en España, a raíz de la nueva etapa política abierta con motivo de la instauración de la democracia (década de los ochenta del siglo pasado), de emisarios procedentes de Estados Unidos y de Latinoamérica (los neo misioneros) pertenecientes al movimiento neo pentecostal; y, por otra, un fenómeno de ósmosis que ha contaminado a las iglesias herederas de la “Segunda Reforma” en España, supervivientes de la época de la dictadura franquista, que no sólo sobrevivieron a las persecuciones, sino que fueron capaces de reafirmarse y consolidarse en ese período.

Se produce en ese proceso un fenómeno que va a resultar definitivo. Mientras las iglesias “históricas”, las de corte eclesial reformado magisterial (IEE e IERE) y las de origen congregacional (hermanos y bautistas) sufren, excepto la más reciente Asambleas de Dios), un estancamiento alarmante con la llegada de la democracia, debido entre otras causas a las nuevas ofertas políticas, religiosas y culturales que acaparan la atención y el interés de muchos evangélicos, las iglesias emergentes de corte pentecostal y neo pentecostal, así como algunas autodefinidas “libres”, cuya etiología resulta muy complicado adivinar, experimentan un crecimiento jamás antes conseguido en el protestantismo español. Un fenómeno éste del crecimiento que se produce especialmente entre el sector inmigrante latinoamericano, que no sólo hace aumentar considerablemente el número de fieles en muchas de las iglesias autóctonas ya establecidas, sino que propiciará la creación de nuevas congregaciones que alcanzan números de afiliados inimaginables por los nativos anteriormente. Este fenómeno, aunque sea en menor medida, se da también con otros grupos étnicos: rumanos y africanos, sobre todo, instalados en España, afectos ya en sus países de origen a ese tipo de comunidades.

III. Nueva configuración socio-eclesial

La nueva configuración socio-eclesial del protestantismo español, cuyo contingente mayor está compuesto en la actualidad por personas extranjeras, aporta dos rasgos significativos: 1) muchos de esos evangélicos, al igual que sus líderes, desconocen la historia tanto secular como religiosa en la que se ha desarrollado el protestantismo español. No sólo lo desconocen, sino que no ponen mucho interés en informarse, a juzgar por algunas manifestaciones y actitudes con las que se identifican. y 2), un buen número de ellos introduce una teología fundamentalista, a la que se añaden otras expresiones teológicas como la teología de la prosperidad, del salvacionismo, de la cesación del sufrimiento, de la hipergracia, de la risa (un verdadero esperpento) y otras variantes, promoviendo espectáculos como “las caídas” y otros números circenses que pretenden presentar como expresiones de la gracia de Dios y el poder del Espíritu Santo. La más reciente incorporación a ese supermercado de la religión es el culto-concierto, que sirve a la vez como plataforma para la venta de música.

Todas estas corrientes eclesiales y/o teológicas coinciden en su apelación expresa a los sentimientos, apoyadas en el ámbito experiencial de uno o varios individuos que se declaran ungidos por Dios y que, posteriormente, pretenden elevar a rango universal sus propios sentimientos, unos sentimientos que llegan a elaborar ciertas elucubraciones espirituales que nada tienen que ver con la espiritualidad cristiana. Esta deriva de los nuevos movimientos religiosos, muchos de ellos de corte neo pentecostal, sobrepasa a sus predecesores pentecostales quienes, aparte de su énfasis en la sanidad divina y en la necesidad de hablar en lenguas como reafirmación de la fe, han sabido hacerse un hueco entre los movimientos evangélicos de corte conservador, sin renunciar a las raíces reformadas, al margen de que su especificidad teológica sea más o menos aceptada por el resto de denominaciones.

El neo pentecostalismo, por su parte, es una corriente sin arraigo histórico ni eclesial tanto con la Iglesia universal en su sentido amplio, como con las iglesias vinculadas con la Reforma, con las que, por otra parte, tampoco se siente identificado. Se trata de una serie de manifestaciones eclesiales que bien pueden denominarse como pseudo evangélicas que, en manea alguna, representan la tradición reformada; estos grupos, que surgen como las esporas y crecen exponencialmente no solo en Latinoamérica sino también en España, pueden sorprender promulgando o defendiendo los énfasis doctrinales más variopintos y extravagantes, en función del estado emocional de sus dirigentes, por lo que la diversidad de “doctrinas” y expresiones eclesiales se convierte en algo incontable e incontrolable.

IV. Control de las instituciones

El corolario de ese crecimiento numérico por parte de las congregaciones ultraconservadoras y neo pentecostales, identificadas por su defensa de la lectura literal de la Biblia, entre otras cosas, ha sido el control en buena medida de las instituciones históricas del protestantismo dado el peso de sus votos, como le ha ocurrido a la Iglesia Evangélica Española (IEE), la iglesia más antigua y tal vez la más representativa del protestantismo español, censurada y excluida por mantener una teología de acogida hacia el colectivo gay, siguiendo con ello el ejemplo bíblico sustentado por la mayoría de confesiones cristianas vinculadas con la Reforma del siglo XVI, abiertas a una teología inclusiva. Esperamos y deseamos que quienes han adoptado esa postura, rectifiquen.

Otro efecto derivado de ese control institucional y mediático tiene que ver con la exclusión de escritores y teólogos tachados de liberales, de algunos de los medios de comunicación evangélicos controlados por estos sectores (también por otros de corte ultra conservador). Unos y otros parecen haberse puesto de acuerdo para ignorarles, censurarles y excluirles de los órganos de representación, de los medios de comunicación y de los eventos y/o actividades conjuntas, como ha ocurrido recientemente (julio de 2017) con la celebración del VIII Congreso Evangélico celebrado para conmemorar el 500 Aniversario de la Reforma en el que, sin menoscabo de todos y cada uno de quienes participaron, se deja sentir la ausencia de teólogos y otro tipo de intelectuales de reconocido prestigio dentro y fuera del ámbito protestante, excluidos totalmente del programa, sin duda a causa del veto de los sectores más reaccionarios.

En lo que a los medios de comunicación se refiere, la preponderancia del sector neo pentecostal se deja sentir, de forma altamente significativa, con la incorporación de nuevas emisoras de radio y canales de televisión, sostenidos por capital extranjero, en los que la imagen prevalente que se proyecta del protestantismo muestra a esa amplia gama de expresiones religiosas extranjeras de corte neo pentecostal.

V. Fundamentalismo y literalísmo bíblico

En cualquier caso, dado que las fronteras que separan las diferentes expresiones eclesiales dentro de este amplio espectro religioso que representa el protestantismo, en el que suelen agruparse todas las comunidades cristianas fuera del catolicismo o de la ortodoxia oriental, resulta complicado establecer las lindes de separación entre unas y otras, especialmente entre pentecostalismo y neo pentecostalismo. En este sentido, observamos que los sectores más críticos del neo pentecostalismo suelen ser precisamente autores pentecostales.

Difícil resulta, igualmente, delimitar fundamentalismo de neo pentecostalismo, ya que ambas identidades van necesariamente unidas. La lectura literal de la Biblia, y la doctrina de la inerrancia bíblica, es decir, que en todo lo escrito en la Biblia no puede haber ni hay error, sirve de coartada para justificar cualquier tipo de exégesis, apoyada en los intereses o tendencias de cada uno de sus seguidores2. Sus desvíos exegéticos y sus devaneos hermenéuticos hacen que estos vigilantes y defensores de la sana doctrina confundan la inerrancia atribuida a Dios con la inerrancia aplicada al texto que habla de Dios desde los niveles de revelación y entendimiento de sus autores, en el limitado entorno científico en el que se manifiestan. Una forma ésta de leer la Biblia que atenta contra el sentido común y que distorsiona el mensaje bíblico, pero que mantienen con puño de hierro estos sectores, dispuestos a fulminar a quienes se alejen de su ortodoxia.

VI. Síndrome de división vs. relación fraterna

Es cierto que la propia Reforma genera en sí misma un cierto síndrome de división desde sus orígenes: luteranismo, reformados, calvinistas, anglicanos, reforma radical (anabautistas) con sus variantes, y así hasta el infinito. Pero aun siendo eso cierto, con todos los matices que se podrían introducir, en lo que a España se refiere, el protestantismo español, desde sus orígenes en el último tercio del siglo XIX, se ha desarrollado con una decidida vocación de unidad dentro de la diversidad. Intentos de formar una sola iglesia ya se hicieron en España a finales del novecientos, sin que ese intento pudiera llegar a buen fin; no obstante, se mantuvo la relación fraternal y el deseo de ofrecer una imagen compacta de cara al exterior. Otro hito fue la Semana de Oración Unida promovida por la Alianza Evangélica. Ya en el siglo XX, y de forma especial después de superada la contienda nacional del 36 al 39, cuando las mermadas congregaciones protestantes de la época (IEE, IERE, Hermanos y Bautistas) ubicadas en Madrid, tuvieron que hacer frente a la gran represión sufrida por las fuerzas franquistas aliadas con el catolicismo más reaccionario, en lo que se llamó el nacionalcatolicismo, sus líderes y, consecuentemente sus fieles, formaron una sola piña de cara al gobierno y a la sociedad; también ad intra, como lo muestran los cultos unidos de oración que se celebraban en alguna de sus iglesias de forma rotativa, los primeros jueves de mes, en los que participaban fieles de las siete u ocho congregaciones que existían entonces en la ciudad. Y algo semejante ocurría en Barcelona y en otras ciudades de España

Ese espíritu de unión e identidad fraterna, dentro de la diversidad eclesial, se materializó en la creación de la Comisión de Defensa Evangélica de España3, que se convirtió en la voz y el baluarte de los evangélicos-protestantes españoles hasta que, instaurada la democracia en 1978, a instancias del propio Estado español, se mutó en Federación de Entidades Religiosas Evangélica de España (FEREDE), a efectos de representación administrativa del protestantismo español, aunque posteriormente haya ido asumiendo mayores funciones. La Federación acepta en su seno a la diversidad de iglesias o congregaciones llamadas o consideradas evangélicas, incluidas las adventistas, hasta entonces fuera del ámbito evangélico; y, por supuesto, a las neo pentecostales. No resultó ni resulta sencillo admitir dentro del seno de la FEREDE a muchas de las entidades religiosas que lo solicitan dada su variopinta teología y/o eclesiología. No obstante, prevalece el espíritu inclusivo que marcó su origen y ha configurado su historia.

El problema surge cuando las iglesias históricas que lucharon en la época del franquismo para reclamar libertad religiosa para todos; que fundaron la Comisión de Defensa para reivindicar un trato justo a los evangélicos y a cualquier otro disidente religioso; que lucharon por un Estatuto de libertad religiosa cuando el franquismo estaba en su mayor apogeo y forzaron la elaboración de la Ley de pseudo-libertad religiosa 44/1967; que pusieron las bases para la promulgación de la Ley 7/1980 de Libertad Religiosa; que admitieron en el seno de las instituciones a todo el emergente movimiento evangélico, con sus variados matices teológicos y eclesiales, incluidos los neo pentecostales, se quedan en minoría. Y ahora, al quedarse en minoría numérica el protestantismo histórico, tanto sus iglesias como sus teólogos corren el peligro de verse cuestionados, cuando no excluidos o expulsados de las instituciones y órganos de dirección, ninguneados por los medios de comunicación protestantes, ignorados a la hora de establecer órganos de dirección o representación y olvidados a efectos de cualquier otro tipo de participación, bien sea de manera oficial, imponiendo el peso de las mayorías, o de manera artera ignorando o ninguneando su presencia.

Conclusión

Corren tiempos que han sido definidos como posmodernismo, en los que se impone la posverdad que sustituye la verdad por el cinismo; la poscultura, que da paso a la telebasura como nueva fuente de referencia cultural; la posreligión, que reemplaza el culto por el espectáculo y la Palabra por las palabrerías, la música y el folclore. Son tiempos en los que se confunde unidad con sincretismo, fe con magia, revelación con superstición. Tiempos en los que se confunde literalismo subjetivo con estudio científico de la Biblia, ministerio pastoral con tiranía “apostólica”, comunidad de creyentes con colectivo de afiliados; en los que se muta libertad personal por sometimiento al líder, dignidad por vileza, austeridad por teología de la prosperidad, soberanía de Dios por la exigencia del orante de que Dios se someta a su voluntad actuando conforme a sus deseos o caprichos y respondiendo afirmativa e inmediatamente a sus peticiones.

Tiempos de posmodernidad, de posreligión y de apostasía. La Reforma, evidentemente, no representa a la verdad evangélica absoluta en su pureza; cometió algunos errores, o bien no llegó a alcanzar una visión global de algunos elementos distintivos del cristianismo. Hoy, por ejemplo, cuestionaríamos a la Reforma su radical renuncia a los siete concilios ecuménicos que contribuyeron a asentar las bases teológicas de la Iglesia; su excesivo énfasis en el individuo a costa del papel de la comunidad; el marcado síndrome de la división; y la renuncia radial y absoluta al papel de la tradición como fuente de autoridad, aunque fuera complementaria, ya que en la práctica la Iglesia en su conjunto y las iglesias derivadas de la Reforma en concreto, tampoco serían lo que son sin los aportes teológicos y eclesiales que se han ido incorporando a lo largo de los siglos, es decir, la tradición.

Siendo todo esto cierto, las iglesias hijas de la Reforma tienen tal bagaje teológico y cultural, rescatado del cautiverio al que habían sido sometidos por siglos en unos casos, o desarrollado por ella misma a lo largo de cinco siglos, que es preciso reivindicarlo y evitar, si eso aún es posible, que movimientos neo cristianos, revestidos de renovada pseudo ortodoxia, eliminen la herencia de tolerancia y pluralidad recibida para implantar sistemas de pensamiento único, erigiéndose en guardianes y defensores de la ortodoxia y, en el ejercicio de ese papel, expulsar a quienes no se acomodan a sus patrones de pensamiento y conducta.

Algunos seguimos pensando que la Iglesia de Jesucristo subsiste en la Reforma del siglo XVI, aunque no en exclusividad. La pregunta para la que nos hemos quedado sin respuesta es si la Reforma subsiste en el protestantismo español del siglo XXI.

Notas:

  1. Utilizamos este anglicanismo que ya ha tomado cuerpo de naturaleza entre muchos autores, para referirnos a aquellos colectivos que, afines a ciertas posturas fundamentalistas, se presentan como evangélicos, sin que sean realmente representativos de ninguna de las corrientes históricas reconocidas como parte del amplio espectro de la Reforma.

 

2 Para un estudio en profundidad referido a la hermenéutica bíblica y al tema de la inerrancia, nos remitimos a nuestro libro Redescubrir la Palabra. Como leer la Biblia, Ed. Clie, (Viladecavalls -Barcelona-: 2016)

 

3 Para un seguimiento en detalle de la creación y desarrollo de la Comisión de Defensa y el período inter-leyes de Libertad Religiosa de los años 1967 y 1980, véase mi libro Libertad religiosa en España. Un largo camino, Consejo Evangélico de Madrid (Madrid:2006)

 

Sobre Máximo García Ruiz

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Relaciones personales. Michael Brown / 123RF

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