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Ray Loriga y “Rendición”: La metáfora de la sociedad

Ray Loriga se las trae y no porque sea español, que ya es mucho decir, o porque perteneció a la Generación X, o de Realismo Sucio o leyó desesperadamente a la Generación Beat, o es futbolero.  No, se debe a que es escritor, novelista, guionista, director de cine, a veces periodista y siempre alerta. Es porque ya nos dijo algunas cosas en otras novelas y ahora nos dice mucho más y nos hace pensar al leer “Rendición”, Premio Alfaguara de novela 2017. 

rendicion-portada-lorigaHay relatos de todo tipo pero cada vez menos novelas que nos motiven a reflexionar, que nos dejen con deseo de indagar realmente qué nos pasa, cómo somos, quiénes somos. Loriga lo consigue desde la voz de un campesino y también consigue efectuar el parricidio, ése que algunas generaciones necesitan exorcizar, tarde o temprano.

Ray viene de una familia de artistas, su padre ilustrador, su madre actriz. Se inició como escritor en 1992 con el relato “Lo peor de todo”, luego siguió  los senderos novelísticos con “Héroes” (1993), inspirada en un disco de David Bowie, “Caídos del Cielo” (1995) adaptada  por Ray al cine, con el nombre “La pistola de mi hermano”, en este film trabajó Vigo Mortensen. Otras de sus novelas son: “Tokio ya no nos quiere” (1999) y “Ya sólo habla el amor” (2008), en 2011, escribe una saga juvenil “El bebedor de lágrimas”, luego “Za Za, emperador de Ibiza” (2014).

Y ahora nos sorprende con “Rendición”, editada por Alfaguara. Novela insólita, que nos habla de la sociedad y el individuo, de la paternidad y la pérdida, de los afectos y la infidelidad, de los cambios y las guerras que no se saben si se pierden o se ganan. Elena Poniatowska la compara con “La peste” de Camus, (no creo que llegue a ese “Pathos”), pero hay un eco de la filosofía sartriana y del existencialismo de los 60, en una visión neoexistencialista del 2000.

Como guionista trabajó con Pedro Almodóvar y Carlos Saura y filmó “Teresa, el cuerpo de Cristo”, sobre la vida de Teresa de Jesús. Al inicio de nuestra conversación abordamos el aspecto del guionista y cineasta. Mientras fuma un cigarillo, camisa a cuadros y jeans, nervioso y complaciente, le pregunto sobre la diferencia entre novela y guión.

Ray Loriga: Curioso, porque cuanto más hago los dos trabajos más los separo en mi. De entrada, la idea llega o como novela y me digo: “Esto va a ser una novela” o como guión cinematográfico y lo veo como tal. A veces, he escrito guiones por encargo pero, si es mi idea, la veo como guión desde su comienzo.        Vienen muy disociados: la novela es novela y el guión, guión de cine. Luego el trabajo es bien distinto, solo en una cosa hay similitud: narrar, porque el asunto es narrar.

Adriana Bianco: En la novela estás solo y en el guión tienes la presión del director, de los productores…

RL: Si, aunque a veces el director soy yo, de todos modo lo someto a mi propia presión. En realidad, para una película, entran muchas interpretaciones: la del director, actores, productores, a veces hasta la hija del productor, en cambio la novela es un mundo propio, es una isla. Estas aislado y sólo te respondes a ti mismo, es un trabajo solitario. Ahora, en cuanto a contar algo, ya sea con imágenes y diálogo, o solo texto, la elipse, el corte, el montaje, el ritmo narrativo, esos aspectos son familiares a los dos: a la novela y al guión.

AB: Qué es la literatura para un admirador de Herman Melville…

RL: A mi lo que me interesa de la literatura es el libro. No escribo para pasar una experiencia propia o mística. Lo hago porque deseo hacer un libro y lo disfruto y lo sufro, lo disfruto más, pero lleva su lado de angustia, de duda, de pérdida de pelo. La clave de la escritura es la soledad y el silencio.

AB: En el guión siempre tienes gente para comunicarte y es un trabajo de equipo…

RL: Si…hay una parte de juego en cine que es muy bonita, cuando llegas al set y ya ves a los personajes vestidos, las luces, el talento de los otros, es un trabajo de varios, es gratificante.

AB: Hablemos de tu novela “Rendición”. Es un largo monólogo interior…

RL: Si, el monólogo interior me parecía que era la manera de contar esta historia.

En otras historias he utilizado mucho diálogo, tengo una novela con descripciones, sin voz interior… cada novela require una técnica concreta. De esta historia me interesaba esa voz interior. Un narrador que no es brillante ni intelectual, una persona sencilla, quería contar la historia de un hombre que tiene pocas herramientas para manifestarse pero aún así, se expresa.

AB: Estas planteando la problemática de cómo vivir, cómo organizarnos en sociedad, organismo social versus individuo. El protagonista sale de una sociedad rural, casi medieval, para entrar en otra…la ciudad transparente, virtual, con falta de privacidad…

RL: Más civilizada, más desarrollada, más moderna. El personaje trata de explicarse pero se siente parte de la otra sociedad rural, de los que no aceptan o no se adaptan facilmente a las cosas. 

AB: Estas sociedades están las dos contaminadas porque no logran darnos la plenitud de vida…

RL: Las dos sociedades son fracasos sociales de alguna manera.

AB: ¿Podríamos hablar de sistema socialista, democrático, autoritarismo?

RL: Voy más allá, lo que intento es hablar del conflicto entre individuo y sociedad. Cualquier sociedad, en un barco, en una villa, en un grupo, el individuo tiene opciones: ¿Cómo vivimos? ¿Cómo nos organizamos? Y hasta dónde esa sociedad nos anula como individuos. Es la disyuntiva entre comunidad e individuo…

Lo que intento es contar el tema desde la sencillez, con claridad, buscando mostrar ese equilibrio para expresar que el hombre esta tratando de explicarse a si mismo y no es fácil explicarnos quiénes somos.

AB: Además, el protagonista trata de entender la relación con sus hijos. Entonces, surge el tema de la paternidad, el amor de la pareja, los hijos.

RL: Los dos hijos: uno de 18 y otro de 14 y el hijo adoptivo, que vuelve a convertirlos en padres…

AB: Aparece la idea de la Sagrada familia…

RM: Sí y de la función de esos hijos

AB: Uno de ellos mata al padre. También aparece el tema de Dios…o no Dios…

ABianco: Ray Loriga escribe una dedicatoria
ABianco: Ray Loriga escribe una dedicatoria

RM: El personaje de “Rendición” es un hombre de fe normal, asimilada. La religión nos viene de la historia judeocristiana, es parte de nuestra cultura occidental… el personaje se plantea la idea de Dios y apela a Él

AB: Cuál seria la sociedad que merecemos o que deberíamos tratar de crear?

RM: No lo se, ni me compite saberlo…

Por todo lo que hemos experimentado, lo que hemos probado e intentado, parecería que la democracia es el sistema mas sensato, el menor de los males. El problema es que la democracia es un pajarito muy delicado que se puede ir al garete, en cuanto empiezan aceptarse prácticas aparentemente democráticas que no lo son, en cuanto empiezan a cercenarse las libertades fundamentales. A la democracia hay que vigilarla a cada rato.

AB: Estamos en una sociedad mutante, con fuertes cambios frente a la internética, las redes sociales, la globalización. ¿Cómo ves estos cambios?

RM: Lo que yo veo de la tecnología y de las redes sociales es que están destinadas a los viejos mecanismos de consumo. Cambia el formato pero no la esencia. Me gustaría una mejora en el parámetro de los mecanismos de consumo. Y luego, en cuanto a lo social, creo que está surgiendo un paradigma diferente de relaciones humanas, excesivamente virtual, y donde se deposita la confianza en un ente gigante e inexistente que son “las redes’.  La literatura te permite otras instancias y las prefiero.

Sobre Adriana Bianco

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Un Comentario

  1. Mercedes Arancibia

    El supremacismo –de raza, de género e incluso de origen- es algo detestable.
    Ser español no “es mucho decir”. Tan solo un accidente geográfico en una trayectoria vital.
    Hay españoles inteligentes y tontos, buenos y malos, progresistas y reaccionarios. Los ha habido incluso santos varones y genocidas.
    El lenguaje no es inocente y no vale la excusa de la retórica literaria.
    Seguramente, Ray Loriga posee suficientes virtudes propias como para no tener que adjudicarle calificativos ajenos que no aportan nada.

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