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Rosario Ortiz de Chamorro: Nicaragua, naturaleza y arte

La naturaleza muerta tiene una larga tradición artística, griegos y latinos representaron flores y frutos, el mundo inanimado de estos objetos tomo relevancia en el Renacimiento y en siglos posteriores, nombrando al género: “naturalezas muertas”, o “Still-Lifes”. América, copió al principio estos tópicos, hasta que se liberó del modelo académico europeo para “mirar plasticamente la naturaleza”, desde la perspectiva americana.

Rosario Ortiz de Chamorro.  © ABianco
Rosario Ortiz de Chamorro. © ABianco

La Escuela del Río Hudson, en Estados Unidos, fue precursora de esa “Mirada Americana”. En Nicaragua el género tuvo antecedentes en Alejandro A. Rochi, Ernesto Brown, Omar d’ Leon, Armando Morales. En el caso de las mujeres resalta Rosario Ortiz de Chamorro, quien lleva el tema de la flores y frutas a una nueva concepción estética, en ruptura con lo académico, una visión latinoamericana, que surge del sentir de su tierra natal: Nicaragua, las suyas son naturalezas vivas.

Emparentada artísticamente con Georgia O”Keefe y Olga Dondé en su temática, a Remedios Varo en la precisión técnica, a Frida Kalho en aspectos del color, Rosario ha creado un mundo vegetal personal, donde la flor y el fruto revelan su esencia femenina con sensualidad y recato, para trascender a un plano filosófico panteista, donde todos somos parte de un todo, que emana de Dios. En su trayectoria la presencia de la naturaleza se agiganta y va envolviendo el cuadro saturando el espacio, hasta fracturarlo en partes que se separan aunque estén unidas. Extraño juego floral nos propone Rosario, a veces, los detalles de la flor se confunden con visiones abstractas, mostrándonos la infinita variedad de colores y formas de la naturaleza.

Nos recibe en su casa, su atelier, rodeada de cuadros de ella y de pintores amigos, libros, cerámicas, plantas y recuerdos de sus exposiciones en Europa, Estados Unidos y Centroamérica.

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Obra de Rosario Ortiz de Chamorro en la Galería The Americas Collection. © ABianco
Obra de Rosario Ortiz de Chamorro en la Galería The Americas Collection. © ABianco

Rosario Ortiz de Chamorro: El color estalló en mi obra. Sucedió cuando me fui de Nicaragua, en la época de la Guerra de la Revolución Sandinista, me dolía ver a los niños con armas al hombro, era mucho dolor. Fuimos a Honduras, y luego vinimos a Miami, en los 80. Trabajé en varias actividades, pero seguí pintando y haciendo exposiciones. Miami era muy tranquilo, la naturaleza me recordaba Nicaragua. Comencé a poner color en mis óleos y luego estallé en color…

Adriana Bianco: Tu estudiaste Bellas Artes tanto en tu país como en Estados Unidos. Cuando te diste cuenta que eras pintora?

ROC: Mira, yo fui excelente alumna en matemáticas y quería ser administradora pero pintaba y dibujaba desde los quince años, en mi familia había una tradición pictórica, mi madre, mi hermana. Fue mi profesor Alberto Ycaza con sus clases quien me motivó y me presentó a una galería donde hice mi primera exposición, en el 71, en Managua. En el 75, obtengo el Segundo Premio en la exposición “Arte de mujer”. Luego expuse en Honduras, Salvador, Guatemala, en Miami hice mi primera exposición en 1981. En Nicaragua seguí exhibiendo cuando llego al poder Violeta Chamorro, quien calmó al país. Nunca me he separado de mi tierra. En Miami hice muchas exposiciones individuales y colectivas, hasta que expuse en The America’s Colletion y tuve gran éxito. Luego, vinieron exposiciones en Estados Unidos y Europa. La pintura fue mi compañera siempre, a pesar de los cambios y dificultades de la vida.

AB: En Miami tu paleta cambió, eres una revolucionaria del color.

ROC: Yo comencé con una paleta baja, de colores pardos en mis bodegones iniciales. También trabajé mucho el blanco y negro, me gusta mucho el dibujo, la línea es importante para mi, trabajar los efectos de la luz, aunque la idea de la luz central la fui abandonando. Había tantos problemas en Nicaragua, tanto dolor, no estaba consciente pero se trasmitía en mis colores. Al cambiar de país… no se, volví a ver la naturaleza con otros ojos, el sol, la luz de Miami, el trópico, me recordaban Nicaragua, y apareció el color en mi obra, de otra manera.

AB: Hablame del tema de las flores y frutas, es una búsqueda de la identidad con tu país, es la mirada de alguien que siente su tierra, no es solo un tema pictórico, el color también es un símbolo del trópico.

ROC: La flor, la fruta es mi tema … pienso en la flor avispa, la nativa que tiene cinco pétalos, es una planta autóctona nicaragüense que me atrae mucho y quiero que la flor exprese la naturaleza de mi tierra. Además, me interesa la técnica, el óleo es muy rico, tiene mucha posibilidades. Mi técnica, empieza en Nicaragua, cuando trabajo el grafito. El artista Omar d’Leon me dijo: “Rosario, esta textura que tu haces en dibujo, hazla en óleo”. Y yo comienzo a indagar como hacer eso, empiezo con un cuadro de una naranja. Mira, en este óleo se ve ese puntillismo…

Al llegar a Miami mi técnica toma importancia y también el color. El estallido del color fue a final de los 80 y se afirma en los 90. La textura grafita se hace más evidente, pinto por capas, raspo, lijo y vuelvo a pintar. Armando Morales, el gran pintor nicaragüense me dijo una vez:

– “Cómo es eso de pintar y lijar”.

Y yo le respondí: tienes que ser una cocinera que raspa con el cuchillo y limpia, hay que limpiar la superficie sobre la que vas a trabajar, para que se adhiera la nueva pintura, es una técnica de cocina la que uso …

Nos reímos, mientras entra la luz dorada por los ventanales de su atelier en el segundo piso de su casa. Estamos rodeadas de palmeras y plantas, frente al lago.

Obra de Rosario Ortiz de Chamorro en la Galería The Americas Collection. © ABianco
Obra de Rosario Ortiz de Chamorro en la Galería The Americas Collection. © ABianco

AB: ¿Qué significa la naturaleza para ti? No es solo la observación plástica, tienes una relación de diálogo, es algo interior…

ROC: Fijate que sí. Es algo muy profundo. Mi padre era agricultor de algodón y las dos fincas le quedaban cerca de la ciudad de León, que entonces era pequeña. El agricultor está siempre mirando el cielo, por el cambio de tiempo o según las lunas, las nubes, el viento… todo tiene una relación con el comportamiento de la naturaleza. Mi padre me hablaba de las lluvias y mi madre de las plantas. Y me decían:

– “Ves hija, el verde, las diferencias del verde, aquí esta más claro, más atras, es mas oscuro, ves los contrastes…”

Imagínate, criada en esos ambientes donde todo era naturaleza aprendí a amarla, a entender esa armonía, a ver que era la expresión de Dios. La naturaleza está al alcance de todos, se la pierde es el que no sabe o no quiere ver.

AB: En Nicaragua se vive la naturaleza, tienes el lago, la exuberancia de la flora, las montañas, los volcanes, la naturaleza está presente.

ROC: La naturaleza Nicaragüense es un regalo. El paisaje se impone. La gente en la carretera vendiendo frutas cultivadas por ellos, con esos colores, esos olores. La ruta del café es bellísima.

AB: Si, la recuerdo muy bien, la ruta del café es muy bella. En algunos de tus cuadros la flor acapara todo el espacio pictórico…

ROC: Éso se fue dando poco a poco. Fue como ir viendo las flores al microscopio, cada vez más cerca, más en detalle. Parto la naranja, veo el blanco de la cáscara, el amarillo de afuera, estudio los detalles. Otras veces, juego con la flor, hago sextetos, cuartetos, de lejos, el cuadro es una unidad plástica pero son también cuadros separados, mis nietos los llaman “rompecabezas”.

La naturaleza es infinita, para mí, la naturaleza es armonía, y yo deseo captar esa armonía y esa belleza. Todos somos iguales y tenemos que aprender a sentir al otro y comunicarnos, la flor se comunica, se abre, se procrea. Somos como la flor, somos parte de la naturaleza, parte de un todo. En mi obra hay alabanza a la naturaleza como parte de un gran todo.

Sobre Adriana Bianco

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