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Síndrome del emperador: cuando el hijo manda

Han pasado varios años y de repente una mañana descubres que tu hijo es un tirano. Las preguntas siempre son las mismas, y la respuesta solamente es una. ¿Qué hemos hecho mal? ¿por qué nos ha salido así? ¡No sé dónde vamos a parar! El síndrome del emperador comienza cuando nuestro hijo es un maltratador y dicta las normas que se deben hacer en el entorno familiar; impone su criterio en el colegio y siempre agrede psicológicamente a los padres manipulándolos hasta hacerles sentirse culpables.

Conductas desafiantes provocadoras de la ira en los padres; violación sistemática de normas y límites; egocentristas; sin empatía ni autoestima, personas que se han criado mal y por tanto, una familia rota por los diversos disgustos a los que se enfrenta cada día.

Agresividad, manipulación, falta de responsabilidad, escaso autocontrol, ira, egoismo y sobre todo, poca tolerancia a la frustración, son los comportamientos que a diario exhibe el niño tirano; ese que hoy se ha convertido de la nocha a la mañana. No es cierto, ese niño desde los seis años aproximadamente daba muestras, pequeñas pero suficientes; ira, egoísmo, y sobre todo, falta de responsabilidad. Sobre los 11, comenzaron a incrementarse estas conductas y alrededor de los 14 o 15 ya era imparable su conducta. Niños déspotas, malcriados, que imponen su ley en casa, sin rumbo claro y generando discordia en su entorno; ya sea en el colegio, en el patio, en la calle, con sus abuelos. Su crecimiento ha estado basado en la falta de autoridad de los padres que claudican bien porque no quieren enfrentarse, bien porque de pequeños les da pena, bien porque ellos han sido educados con violencia. Al principio las rabietas y el temperamento rebelde atenúan su ira comprándoles cosas, pero luego ya no es posible detener su conducta y reconducir ese comportamiento tirano.

La falta de normas, de límites claros desde pequeños hace que estos niños crezcan ganando día a día terreno. Ellos antes que ninguna otra persona, identifican las debilidades de su estructura familiar y comienzan a mentir desde pequeños; pequeñas batallas, grandes triunfos, porque al final los padres ceden. Estrategias que se convierten en auténticas mentiras para conseguir lo que quieran. Estos niños crecen sin valores que les guíe y por tanto se convierten en pequeños inseguros que luego darán lugar a adolescentes que les lleva al descontrol. No tienen una referencia educativa clara porque sus padres siempre han cedido y siguen haciéndolo para protegerle.

Las provocaciones de los adolescentes que ya son tiranos cada vez serán mayores y la amenaza con cumplir 18 años les hará tener un tiempo de mayor control de los padres. Solamente un cambio brusco en torno a su educación puede, en cierta forma, modificar al menor haciéndole respetar al prójimo, tener tolerancia a la frustración y sobre todo mostrar esfuerzo a la hora de conseguir cosas.  Si no se hace al niño responsable cuando es adolescente será una persona sin las pautas claras y de nuevo. Muchos padres se preguntan lo mismo una y otra vez; ¿qué he hecho mal? Normalmente los psicólogos señalan que son un conjunto de causas que ayudan a que este síndrome se desarrolle en un niño y quizá no en el siguiente. Normalmente existe un abandono de las funciones familiares que por alguna causa ha sucedido; sobreprotección, nunca decirle que no, ausencia de autoridad, permisividad sobre todo cuando son muy pequeños.

“Un padre excesivamente permisivo tiene como resultado un hijo caprichoso e irresponsable, pero no un hijo violento. La permisividad puede echar a perder a un niño (hacerse vago, juntarse con malas compañías, cometer delitos), pero si hay violencia es como resultado de un proceso de deterioro personal por falta de educación, generalmente al final de la adolescencia”, explica un psicólogo.

¿Qué sucede entonces con el menor tirano? Los niños empiezan a no saber desarrollar emociones morales; empatía, compasión, amor, y  no muestran arrepentimiento pero sí rabia e ira ante los padres cuando son reprendidos por sus malas acciones. La no admisión de los errores, mentiras y más adelante, cuando se acercan a la mayoría de edad, actos crueles, hace que se desarrollen siempre buscando el individualismo, el hedonismo y sobre todo la gratificación inmediata; quiero esto, tengo esto. La familia y la escuela pierde la capacidad de educar y a veces ya es muy tarde. En algunas ocasiones sería suficiente con tocar fondo y comenzar de nuevo con normas firmes y un cambio radical en su casa y de escuela. Solo así, y ya se va tarde, se podrá conseguir que el niño termine sus estudios y comience a vivir.

La vida, como sucede siempre, le enseñará lo que no obtuvo en casa y cometerá muchos errores de importante calado, que harán que más adelante cambie. A lo mejor hay que llegar hasta ahí, pero siempre tarde. Luego serán adultos inseguros con falta de autoestima, poca tolerancia a la frustración, con falta de valores y sin capacidad para enfrentarse al no. El No les sitúa en la casilla de salida y entonces, se darán cuenta, que no todo el monte es orégano y que su vida ha sido un infierno en la niñez y posiblemente tengan una adultez llena de problemas que no podrán resolver porque no tendrán herramientas para ello. Pedir ayuda a un profesional será la única solución y luego serán padres que evitarán criar a sus hijos como ellos fueron criados.

Sobre Ana María De Luis Otero

PhD, Doctora C.C. Información. Periodista. @anadeluis Divulgadora Científica. Profesora Universitaria. Fotógrafo. Consultora de Comunicación. -www.consultoriadecomunicacion.com Comprometida con la Discapacidad. Miembro Consejo Asesor de la Fundación Juan José López-Ibor. Miembro del Comité Asesor de Ética de Eulen Servicios Sociosanitarios. Presidenta de D.O.C.E Discapacitados otros Ciegos de España @asociaciondoce www.asociaciondoce.com Autora del Libro Fotografía social, Editorial Anaya.

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