Dos para Carta blanca, por Lucía Fernández Muñiz

La Galería Tournemire presenta el proyecto expositivo Carta Blanca, y es dentro de él donde se enmarca el trabajo fotográfico titulado “Dos”, del que es autora la fotógrafa madrileña Lucía Fernández Muñiz, amante de los colores saturados, la estética vintage y las historias de amor que tienen como protagonistas a dos elementos con los que explora cómo se relacionan ambos, tanto entre sí como con el espacio circundante.

Lucía Fernández Muñiz Dos 1
Lucía Fernández Muñiz: Dos 1, Madrid 2019

Sin embargo, parece que los personajes retratados tuvieran una relación autónoma e independiente con su espacio, del que disfrutan aislada y privadamente, ajenos al mundo exterior y a nuestras miradas. Tal es la base de su existir y el por qué de nuestra curiosidad morbosa.

Por ejemplo: ¿quién es esa solitaria mujer, joven y rubia, muy cuidada en el vestir, que en una playa solitaria, toda guijarros, contempla a un cerdito que mira al mar? El atuendo de la mujer va a juego con el color rosáceo del cerdito al que podemos imaginar como su mascota, y el hecho de que él pase por completo de ella parece estar en la base del armónico discurrir entre ambos que se nos antoja perpetuo.

Lucía Fernández Muñiz Dos 2
Lucía Fernández Muñiz: Dos 2, Madrid 2019

Ayuda a esta visión libre de sus imágenes el hecho de que en “DOS” no haya una utilización clara de elementos con el fin de determinar un significado específico en cada imagen. Sus modelos aparecen ausentes de gesto, nuestra mujer está de espaldas, lo mismo que el cerdito, consiguiendo de esta manera convertirse en portadores de una neutralidad que da rienda suelta a la imaginación y a los sentimientos que el espectador quiera proyectar en ellos.

Me cuentan que Lucía Fernández Muñiz, cuyo tocado -si exceptuamos el color- va a juego con el de sus modelos, ha ocupado páginas en revistas actuales como Elle, Vogue… donde la imagen extática e impactante es sustancial.

No me extraña, dado que sus imágenes son estéticamente muy cuidadas (dignas de auténticas pin-ups en cuanto al maquillaje femenino) y remiten a mundos y épocas donde la apariencia transmitía un modo de vivir en la imaginación muy peculiar (años 60).

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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