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Marguerite Duras, entre la literatura y el cine, entre la nueva novela y la literatura erótica  

Mis recuerdos en el veinticinco aniversario de su muerte: 1914-1996

En Francia, el surgimiento de la mujer en la literatura durante el siglo veinte dentro del ámbito competitivo editorial se pone de relevancia a partir de varias circunstancias culturales y de la presencia de personalidades como Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre, quienes impulsan el feminismo y los cambios literarios.

Los movimientos: Nouveau Roman en literatura y Nouvelle Vague en cine, incorporan a las escritoras francesas de manera relevante.

No así en España, que ya había tenido su gran movimiento literario con la Generación del 27 con varias escritoras y también había tenido su Vanguardia cinematográfica con Luis Buñuel.

Por otra parte, haciendo historia, vemos que la presencia femenina en la Literatura francesa tiene larga tradición, especialmente en el siglo diecisiete, cuando aparecen  los famosos salones literarios de madame Rambouillet, la marquesa de Sevigné (1626-1696), la condesa de La Fayette (1634-1693), y madame De Stael (1766-1817) quien tanto influyó en la política con sus obras filosóficas y sus novelas; es entonces cuando las mujeres escritoras comienzan a hacerse visibles.

Durante el Romanticismo la figura de George Sand (1804-1876), abre el camino; y en los comienzos del siglo veinte, encontramos, a la atrevida Sidonie-Gabrielle Colette (1873-1954), quien liberó literaria y sexualmente a las mujeres, no solo porque su vida fue una búsqueda de placeres que no ocultaba al escribir, si no porque participó de los albores del siglo veinte, y sus novelas escandalizaron a la sociedad pero motivaron a la mujer a ver la literatura como una posibilidad de expresión y libertad, incluso incorporando el tema del sexo.

Los movimientos feministas se encuentran también en Inglaterra y Estados Unidos, pero es en Francia, donde, en los cincuenta y sesenta, surgen escritoras que no solo escriben historias si no que revolucionan la manera de narrar y son promotoras de las causas femeninas y sus derechos.

Surgió, así, un movimiento literario llamado «Objetivismo» o «Nouveau Roman» (Nueva Novela), cuya precursora  fue Nathalie Sarraute (1900-1999), con su novela Tropismos,  y al cual se adhieren Alain Robbe-Grillet, Michel Butor, Claude Simon, Marguerite Duras. Estos escritores deseaban alejarse de la novela clásica del siglo diecinueve, del psicologismo; buscaban una visión más objetiva de la realidad, eran formalistas con respecto a la estructura narrativa, se apartaban de lo anecdótico y de la literatura comprometida. 

Nouveau roman y Nouvelle vague, literatura y cine, compartían cartelera, casi todos los escritores participaron de los dos mundos, muy especialmente las escritoras. Este innovativo movimiento literario influye en los cineastas y en el movimiento cinematográfico.

La «Nouvelle Vague» indaga un cine diferente más activo con la cámara y el montaje, más libre en los temas, reivindicando el cine de autor. Algunos escritores se unirán a esta ola, escribiendo guiones y participando en la vida fílmica como fue el caso de Marguerite Duras, quien amaba el cine y compartió su vida literaria con la de guionista.

Se han cumplido este 2021 los veinticinco años de su muerte acaecida el 3 de marzo de 1996, en París. 

Marguerite Duras

Mi encuentro con Marguerite Duras

Mi encuentro con Marguerite Duras fue distante pero no menos intenso.

Mi amigo el actor Duilio Marzio me había pedido relacionarme con ella cuando llegara a París con mi beca, porque quería los derechos de autor de su última obra de teatro La amante Inglesa. La llamé por teléfono y me citó en su apartamento, en el Quartier Latin, abrió  la puerta muy apurada, me indicó una salita y desapareció.

Marguerite Duras había nacido el 4 de abril de 1914, en Saigon, Vietnam, que era parte de la Indochina francesa. Sus rasgos físicos eran levemente orientales; sin duda, había algo exótico en ella y en su literatura. Sin embargo, su casa no revelaba nada oriental, era casi austera.                            

La escritora había tenido éxito con su novela Moderato Cantabile (1958), que luego se llevó al cine con Jeanne Moreau y Belmondo, enlazando la estética del Nouveau Roman literario y la Nouvelle Vague en cine. A fines de los años sesenta, cuando la conocí, ya había escrito el guión de Hiroshima Mon Amour (1959), otro exitoso film dirigido por Alain Resnais. El guión fue publicado, y reconocido como pieza literaria.  

Después de un buen rato de espera, apareció. Estaba nerviosa, como abstraída. Se disculpó, terminaba con alguien un texto urgente pero quería atenderme y dedicarme tiempo puesto que yo venía de América del Sur, de Buenos Aires, capital de Brasil…Comprendí que estaba despistada. 

Le dije: «Sí, vengo de América del sur, de Argentina, cuya capital es Buenos Aires. Brasil es el país vecino. No se preocupe, porque yo no sé nada de Vietnam».  

Entonces, me sonrió, y me dijo: «Mire usted! Las dos padecemos ignorancia. Buen momento para que yo sepa de Latinoamérica y usted de Vietnam».

Aunque no había escrito aún El Amante(1984), novela que la consagró y que puede considerarse precursora de la novela erótica, donde describe la relación de una adolescente con un empresario oriental maduro, era ya una figura reconocida.

Había publicado Un dique contra el Pacifico (1950) y Moderato Cantabile (1958), ya tenía un nombre tanto en la literatura como en el cine, también estaba unida al grupo Estructuralista, involucrada en el Movimiento Nouveau Roman y gozaba de una fama ascendente.

Le comenté que estudiaba con Roland Barthès. Me preguntó por el curso, porque ella lo conocía y Barthès la apoyaba como escritora.  

Le dije que el film Hiroshima, mon amour me había emocionado y se sorprendió de que se hubiera visto en Argentina. Hablamos de la importancia que tenían los diálogos en su obra, de los guiones fílmicos; me comentó que el guión fílmico era diferente a un diálogo en la novela; me di cuenta de su interés por el cine y de su conocimiento del proceso cinematográfico. Se interesó por Argentina, me preguntó sobre el cine y no pensó que estuviera tan desarrollado en mi país. 

Le expliqué que querían comprar los derechos de autor de su obra de teatro La amante inglesa, que yo era actriz y un amigo actor famoso deseaba producirla. Me dio el teléfono de su representante, dijo que llamaría para que los derechos fueran accesibles. Ella tenía muchas solicitudes en Europa, pero le interesaba el público de Latinoamérica. Le comenté que era muy leída, y que por haber nacido en Vietnam se la veía como alguien exótico. Me contestó que algo parecido le pasaba con Latinoamérica, le parecía un continente muy exótico. 

Para Duras, la escritura había sido algo inherente a su vida. Nacida en Indochina, creció en una familia cuya madre influyó en ella de manera decisiva. Entonces le pregunté por qué casi todas sus novelas tomaban aspectos autobiográficos de su época en Vietnam, su adolescencia atípica, su despertar sexual, su desarraigo, era una literatura autobiográfica. Lo aceptó, incluso le pareció hasta natural y reconoció que algunas obras suyas estaban inspiradas en su vida…y ¿por qué no?  

En Francia estudió, y se casó con Robert Antelme, y luego conoció a Dionys Mascolo; con ambos tuvo hijos. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, participó en la resistencia, su marido Robert estuvo en un campo de concentración. Ambos estaban afiliados al Partido Comunista y se separaron del partido. Luego terminaron divorciándose, aunque trabajaron juntos.

Duras escribió entonces El dolor (1985), contando la experiencia del campo de concentración y de cómo atendió a su marido. Su novela Un dique contra el Pacífico (1950) fue concebida en base a los recuerdos de su infancia en Vietnam, «un texto de catarsis», me dijo, confirmándome el aspecto autobiográfico de su novelística. Algo similar sucede en El amante (1984), novela con la que obtuvo el Premio Goncourt, donde el tema erótico envuelve a los personajes.

«La literatura es muchas cosas, no tiene límites, permite conocer otros países, otras costumbres, otras personas, y también, permite conocerse a uno mismo», me dijo y añadió: «Las mujeres tenemos más posibilidades ahora; podemos expresarnos, publicar. Yo soy escritora, aunque me interesa el cine y he dirigido, me siento escritora».

Fue un momento muy bonito de nuestro encuentro.

Me pidió que le dejara mi teléfono, porque a veces necesitaba actores y me pidió que la llamara para saber la gestión de los derechos de autor: «Quiero que se haga la obra en Buenos Aires», afirmó.

La llamé para agradecerle y para contarle que la gestión seguía su curso, aunque yo ya no tenía más contacto. Siempre me atendió, mostró interés por Argentina, y por la «exótica Latinoamérica». Siempre estaba nerviosa, tal vez alcoholizada, no lo sé. Cuando terminó, mi beca la llamé para despedirme; se sorprendió que no me quedara a vivir en París y me confesó que se alegró con mi visita y de que su obra se representara en Buenos Aires, como finalmente sucedió, con gran éxito.              

Me fui de París con el privilegio de haber vivido en el escenario cultural del 68 y de haber conocido escritoras famosas: Simone de Beauvoir, François Sagan, Christiane Rochefort, Juliette Greco y Marguerite Duras, los directores de la Nouvelle Vague: Godard, Truffaut y  los artistas Le Parc, Cruz Diez, Vasarely, Soto, Pettoruti, Segui, ysintiendo palpitar a los actores que marcaron la gran época francesa del pensamiento, las artes y la literatura del siglo veinte, proyectándose al mundo. 

Aún está en mi memoria la mirada de Marguerite diciéndome: «Yo soy escritora». Sin duda, lo era. Marcó una época, dejó su testimonio, fue innovadora, creó alianzas con el cine, y nos dejó sus libros, que mantienen misterio, erotismo y una ambigua modernidad.

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