Enriquecer el vocabulario

Mediante mis escritos, en talleres, tertulias formales e informales y en otras dinámicas de grupo, siempre recalco la importancia de escribir bien y hablar de mejor manera, por lo que, cada vez que puedo, exhorto a aquellas personas que redactan y/o se dirigen al público a través de medios radiofónicos, televisivos o electrónicos, a que se esmeren en despejar las dudas para adquirir la soltura que les permita perfilarse como ejemplos del buen decir. ¡Inténtelo y no se arrepentirá!

A muchos les ha perecido vanidad que alguien diga que sabe escribir y hablar bien, o que se precie de ser una referencia en esas modalidades del lenguaje articulado; por eso y quizás por otras razones que ignoro, han desechado las recomendaciones; en tanto que ha habido otros que las han valorado y, en virtud de lo cual, han mejorado considerablemente la expresión escrita y la oral. Eso me complace, pues es una demostración de que este esfuerzo, de más de treinta años, no ha sido en vano. ¡Gracias a Dios y a los lectores!

En esa gama están periodistas, muchos de los cuales actúan en esos tres espacios de manera regular; locutores, publicistas y otros profesionales que de una u otra forma están ligados con la comunicación de masas. Debo incluir a algunos educadores que han entendido perfectamente que nunca se termina de aprender, y por tal razón y sin ningún complejo, están en la búsqueda constante de robustecer el arsenal de palabras, sin el temor de que se los tilde de sabelotodo.

Antes de entrar de lleno en el tema de hoy, respondo a una inquietud que es común en muchas personas, sobre todo las que siguen las transmisiones de fútbol a través de señales de canales en los que los narradores y comentaristas son por lo general argentinos, uruguayos y chilenos.

Es el caso del término chance, que los sureños utilizan con el artículo determinativo «la»: la chance, y no el chance, como ocurre en Venezuela. Lo de «la» se debe a que todos los sinónimos en español son de género femenino: oportunidad, posibilidad, casualidad.

Ahora, para evitar complicaciones, la Real Academia Española (RAE) señala que ambas frases son correctas y podrán usarse en razón de gusto. Ahora, si usted no es argentino, uruguayo ni menos aún chileno, le recomiendo que diga el chance, no la chance, para que evite hacer el ridículo. ¡No por ellos, sino por usted!

Todo el que se considere profesional en las áreas de la comunicación social mencionadas en el primer párrafo de este artículo, y en el ámbito educativo, debe enriquecer su vocabulario de manera disciplinada y constante, sin caer en la fea práctica de utilizar términos rebuscados, como muchos acostumbran. Aumentar el arsenal de palabras, frases y expresiones no implica volverse esclavo de un diccionario, al que deba recurrirse para buscar el significado de tal o cual término.

Más que aprender el significado de vocablos, se debe atender el contexto de uso, por aquello de que la sinonimia de las lenguas no es perfecta, dado que hay palabras que en una circunstancia son sinónimas; pero en otras no. Hay que incorporar palabras sin forzarlas, hasta que ellas de manera casi imperceptible hacen su entrada triunfal en el vocabulario.

Enriquecer el vocabulario permite mejor comunicación, ordenar los pensamientos, expresar ideas claras y llamar las cosas por su nombre. En eso último he sido reiterativo, dado que si los que tienen la obligación moral y aun legal de educar, entretener e informar, se ocuparan de eso, no habría tantos vicios, que no son solo eso; son verdaderos disparates que dan grima.

Hay personas que a toda palabra que les parece extraña, la buscan en el diccionario y, sin tomar en cuenta el entorno de pertinencia, la apuntan. Luego, en la primera oportunidad que se les presenta, la usan, lo cual conlleva el riesgo de que se les catalogue de rebuscados, so pena de crear confusión, por dárselas de muy instruidos.

El vocabulario aumentará en la medida en que se lea de manera regular libros, periódicos u otro material de comprobada calidad; pero si está plagado de errores, será peor el remedio que la enfermedad. La lectura frecuente es fundamental, dado que permite familiarizarse con las palabras, y si hay algunas que son desconocidas, deberá buscarse el significado y verificar su ámbito de uso.

Solo de esa forma, las personas que se lo propongan, podrán aumentar el caudal de palabras, sin el riesgo de pecar de rebuscadas. Ellas (las palabras) poco a poco se van incorporando, y llega el momento en que surgen de manera espontánea. ¡Haga la prueba y lo comprobará!

David Figueroa Díaz
David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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