En el artículo de la semana pasada me referí a las palabras literal, obvio y a la frase «a nivel de», muy utilizadas en redes sociales y en el habla cotidiana, generalmente de forma incorrecta.
Se han convertido en una especie de comodín al que apela la mayoría de las personas, sobre todo jóvenes y aun niños, que las utilizan casi para todo, como si fuesen un rasgo de innovación en la forma de expresar sentimientos o cualquier situación, lo cual no es cierto, por lo que me sentí motivado a dar, no solo mi opinión, sino mostrar un criterio que permitiera claridad para despajar las dudas y manejar el asunto con relativa facilidad.
¡Bueno, el objetivo se logró, a juzgar por las respuestas que he recibido, contentivas de palabras de agradecimiento, elogios y satisfacción en quienes leyeron el texto anterior, lo cual demuestra que la intención produjo el efecto deseado! ¡Gracias!
Les dije que hoy ampliaría el significado de la frase «a nivel de», que se ha vuelto un vicio muy arraigado y muy frecuente en la pluma y en la voz de muchos periodistas y locutores, incluidos unos de gran prestigio, que no han tomado en cuenta el hecho de que todo lo que se diga en los medios de comunicación, bien sea por vía escrita u oral, mal o bien, se arraigará en el vocabulario del común del hablante, por lo que ese inmenso poder que estos ejercen (los medios), no deberá usarse de manera muy libérrima, dado que el efecto podría ser igualmente provechoso que dañino.
Por eso, antes de entrar en materia, volveré a hablarles de a nivel de, en función de que se la use de forma adecuada.
Han aparecido¸ sobre todo en la lengua oral, expresiones como: «La labor principal la realizamos a nivel de los centros de prevención», «A nivel de Valencia la situación estuvo complicada»; «A nivel de perfumes…»; «A nivel de jueces…; «A nivel de periodistas…», «A nivel de país…»; «A nivel de los ciudadanos…» y otras parecidas, de muy bajo nivel, con las que se evidencia que quienes las usan, desconocen el verdadero significado de la referida frase, que indica que dos o más cosas están a la misma altura en el plano horizontal.
Es decir, están a la misma altura, física o figurada, y es lo que no han podido captar los miles y miles de redactores y profesionales del micrófono, tanto en Venezuela, como en otros países de habla hispana.
El ejemplo más significativo sobre el mal uso, es «a nivel nacional», que aparece casi todos los días en medios impresos, televisivos y radiofónicos, generalmente de forma incorrecta. No es que la mencionada frase, per se, esté viciada, sino que a veces se le da un significado que no tiene.
Si se dice, por ejemplo, que un decreto ha sido dictado a nivel nacional, no necesariamente significará que tendrá valor en todo el país, sino que fue promulgado en el nivel nacional de la división del Poder Legislativo Estatal, en el que existen, además, el municipal y el estadal, de acuerdo con el artículo 136 de la Carta Magna de Venezuela.
El meollo del asunto está en que no se debe utilizar para sustituir a ámbito, espacio (físico o figurado), con respecto a, entre o en. ¿Así o más claro?

La noticia del momento, en el ámbito de las letras (no «a nivel de letras», como pudieran decir algunos), es sin dudas la admisión e inclusión de varios venezolanismos en el DLE (Diccionario de la Lengua Española). En total son 81 elementos entre palabras, frases, expresiones y 126 gentilicios, de las que varias ya estaban consagradas por el uso, como, vergación, atajaperros, antiparabólico, sifrino (a), guayoyo, matraquear, caligüeva, mandoca, coñaza, hablapaja, jalamecate y asquerosito, entre otras.
En esa lista también figuran los gentilicios para nombrar a las personas que han nacido en Acarigua estado Portuguesa y en Altagracia de Orituco, capital del municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico.

Y como nací en Acarigua, no podía dejar pasar la oportunidad para expresar mi satisfacción por la inclusión del gentilicio de los que han nacido en la capital del municipio Páez del estado Portuguesa. Hago hincapié en mencionar al estado, toda vez que existen otros municipios Páez (en Apure, Miranda y Yaracuy). Eso no deja lugar a dudas de que el gentilicio es acarigüeño y no acarigüese, como dicen algunas personas, quizás por desconocimiento o por dárselas de muy cultivados, como abundan en estas lides.
En cuanto a los oriundos de la nombrada ciudad del estado Guárico, el gentilicio era gracitano, también consagrado por el uso, el cual, en mi opinión, no reflejaba identidad, historia y sentido de pertenencia. Ahora habrá de llamárseles altagracianos, nombre al que a muchas personas les será difícil adaptarse; pero si se le da la difusión adecuada, más temprano que tarde se arraigará en el vocabulario de propios y foráneos.
Para eso es fundamental que los entes culturales y medios de comunicación se aboquen para que ese gentilicio se haga familiar. ¡Manos a la obra; es justo y necesario!


