El pañuelo de Truman para limpiar la sangre de Oppenheimer

La galardonada película Oppenheimer retrata la vida de Robert Oppenheimer, quien participó en la creación de la bomba atómica que se cobró la vida de entre 140.000 y 226.000 personas y devastó las dos ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, informa Thalif Deen (IPS) desde Naciones Unidas.

La tragedia se describió como un desastre humanitario de proporciones bíblicas. Pero la película se centra en la creación de las bombas, no en la devastación que causaron.

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Christopher Nolans como Oppenheimer

En un artículo de la revista Time en febrero, Jeffrey Kluger relata una reunión en la Casa Blanca entre el el entonces presidente de Estados Unidos, Harry S. Truman, y Oppenheimer, describiéndolos acertadamente «como el hombre que construyó las bombas y el hombre que lanzó las bombas».

Sufriendo una culpa sin perdón, Oppenheimer le dijo a Truman: «señor presidente, siento que tengo las manos manchadas de sangre».

Pero la historia recuerda de forma diferente lo que ocurrió a continuación, dice Time.

Al parecer, Truman dijo: «No importa, saldrá con el lavado».

U otra historia, en la que un impenitente Truman le entrega un pañuelo a Oppenheimer y le dice: «Bueno, toma, ¿quieres limpiarte las manos?».

En la película, Truman se limita a blandir el pañuelo.

Un antiguo alcalde de Hiroshima, Takashi Hiraoka, quien habló en un preestreno de la película, fue más crítico con lo que se omitió en la película.

«Desde el punto de vista de Hiroshima, no se representó suficientemente el horror de las armas nucleares. La película se hizo de forma que validara la conclusión de que la bomba atómica se utilizó para salvar las vidas de los estadounidenses», afirmó.

La Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (Ican, en inglés) declaró que la película de Oppenheimer, y la oleada de atención mediática que la rodea, crea una oportunidad para despertar la atención pública sobre los riesgos de las armas nucleares e invitar a nuevos públicos a implicarse en el movimiento para abolirlas.

«Podemos educar sobre los riesgos y compartir un mensaje muy necesario de esperanza y resistencia: Oppenheimer trata de cómo empezaron las armas nucleares, el Tratado de sobre la Prohibición de las Armas Nucleares es cómo acabamos con ellas», dijo.

En cuanto a la perspectiva histórica, Alon Ben-Meir, profesor jubilado de relaciones internacionales en el Centro de Asuntos Globales de la Universidad de Nueva York, dijo a IPS que el Proyecto Manhattan, que fue encabezado por Oppenheimer para desarrollar un arma nuclear, comenzó mientras la Segunda Guerra Mundial hacía estragos y Alemania conquistaba un país tras otro en Europa.
Sin embargo, cuando se desarrolló el arma nuclear, Alemania se había rendido, pero Japón siguió luchando. Según relatos históricos documentados, las fuerzas japonesas luchaban en todas las trincheras, en todos los frentes, hasta el último soldado, y la palabra «rendición» no estaba en su vocabulario, dijo.
El general George Marshall, quien era el jefe del Estado Mayor del Ejército de Estados Unidos, aseguró a Truman en aquel momento que si la guerra continuaba durante uno o dos años más, cientos de miles de soldados estadounidenses y quizás más de un millón de japoneses morirían.

Cuando Truman le preguntó qué sugería, el general Marshall y otros le indicaron que bombardear uno o incluso dos emplazamientos en Japón con un arma nuclear podría llevar la guerra a una rápida conclusión y salvar las vidas de millones de personas de ambos bandos.

Finalmente, se convenció a Truman de que ésta podía ser la única solución, sobre todo teniendo en cuenta que los japoneses estaban decididos a luchar hasta el amargo final, dijo Ben-Meir, que impartió cursos sobre negociación internacional y estudios sobre Oriente Medio durante más de veinte años.
«Una vez que se lanzaron las bombas y Oppenheimer se dio cuenta de la magnitud de los daños y las muertes que se produjeron en Hiroshima y Nagasaki, se sintió personalmente responsable del impacto catastrófico de la bomba, declarando al presidente Truman que sentía que tenía las manos manchadas de sangre por lo ocurrido», recordó el experto.

Truman le dijo entonces a Oppenheimer que, aunque él estaba detrás del desarrollo del arma nuclear, la decisión de utilizarla era suya, y que Oppenheimer no tenía responsabilidad alguna.

«Truman supuestamente le entregó a Oppenheimer su pañuelo para que presumiblemente se limpiara las manos de las manchas de sangre. Sin embargo, Oppenheimer abandonó la oficina del presidente completamente angustiado», dijo Ben-Meir.

Los japoneses no creen que a Truman le preocupara la posible pérdida de vidas japonesas si la guerra hubiera continuado, sino que le preocupaban sobre todo las vidas estadounidenses.

Tristemente, este sigue siendo un punto de discordia, pero se superó en su mayor parte gracias a la sólida alianza que se desarrolló posteriormente entre Estados Unidos y Japón.

Lo que agravó la profunda desesperación de Oppenheimer por lo sucedido fue que posteriormente fue acusado de ser miembro del Partido Comunista y se le revocó su autorización de seguridad, lo que acabó con su trabajo con el gobierno estadounidense, declaró Ben-Meir, quien recordó que el científico fue absuelto de esos cargos tras su muerte en 1967.

Tsuyuko Iwanai, residente en Nagasaki, explicó a la estadounidense National Public Radio que la película solo trataba sobre el bando que lanzó la bomba atómica. «Ojalá hubieran incluido el lado en el que se lanzó», dijo.

Al presenciar el éxito de la primera prueba nuclear, Oppenheimer citó el libro sagrado hindú Bhagavad Gita: «Ahora soy la muerte: el destructor de los mundos», según Unfold Zero, una plataforma de iniciativas y acciones de la ONU para lograr un mundo libre de armas nucleares.

De hecho, dijo la organización, Oppenheimer quedó tan impactado por el potencial de la bomba nuclear para destruir el mundo que, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, se implicó profundamente en el control internacional de las armas nucleares, la paz y la promoción de la gobernanza mundial.

«La película debería recordarnos lo importantes y pertinentes que son estas ideas hoy en día, cuando las guerras se recrudecen, las tensiones entre Estados con armamento nuclear aumentan y la amenaza de una guerra nuclear es más alta que nunca», afirmó Unfold Zero.

A su juicio, «el pensamiento, la pasión y el compromiso de Oppenheimer en relación con estas cuestiones apenas se tocan en la película, a pesar de su importancia actual para despertar nuestra comprensión colectiva de la naturaleza de la disuasión nuclear, los riesgos del nacionalismo y la importancia de reforzar el Estado de Derecho, prevenir la guerra nuclear y lograr la paz mediante la gobernanza mundial».

En su discurso ante el Consejo de Seguridad de la ONU el 18 de marzo 2024, el secretario general António Guterres se refirió a la película, que obtuvo siete Oscar de la Academia de Hollywood el 10 de marzo.

«El Reloj del Juicio Final está sonando lo suficientemente fuerte como para que todos lo oigan. Desde los académicos y los grupos de la sociedad civil, que piden el fin de la locura nuclear», dijo.

«Al papa Francisco, que califica de inmoral la posesión de armas nucleares. A los jóvenes de todo el mundo preocupados por su futuro, que exigen un cambio. A los hibakusha, los valientes supervivientes de Hiroshima y Nagasaki, uno de nuestros mayores ejemplos vivos de cómo decir la verdad al poder transmitiendo su eterno mensaje de paz», añadió.

Guterres advirtió que «la humanidad no puede sobrevivir a una secuela de Oppenheimer».

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