Entre el colonialismo, la sumisión y la esclavitud

Roberto Cataldi

Cuando uno observa el panorama mundial de nuestros días, tiene la impresión de estar frente a una obra de ficción, o quizás un retorno a los fantasmas del pasado que creíamos sepultados, sin embargo, esos fantasmas nunca desaparecieron, siempre estuvieron, de una u otra forma, con momentos de mayor y menor tensión, y hoy surgen remozados, ahondando peligrosamente la situación crítica globalizada y el futuro de la humanidad, de la mano de algunos líderes con serios problemas de salud mental (lo afirmo como médico).

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Esclavitud moderna o trabajo esclavo © Marcel Crozet / OIT

La hipocresía de la política internacional y la manida excusa de la seguridad nacional, permiten cualquier barbaridad, hasta lo más cruel e inimaginable. Con estos detractores de la libertad, la democracia y los derechos humanos, vuelven con desvergüenza el colonialismo, la sumisión y la esclavitud.

La esclavitud es tan antigua como la humanidad misma. Habría surgido, o al menos tenemos conocimiento, en las primeras civilizaciones que se organizaron hace más de cinco mil años, como Mesopotamia (entre los ríos Tigris y Éufrates), Egipto, Grecia y Roma. Entonces las personas esclavizadas eran prisioneros de guerra o individuos endeudados. Hoy sabemos que fue una práctica estructurada desde los comienzos de las sociedades humanas y, como tal, actualmente millones de seres viven en esta condición inhumana.

La asociación de la pobreza, la ignorancia y la esclavitud, se conoce desde tiempos muy anteriores a la Biblia. Pero actualmente se habla de nuevas formas de esclavitud, que ya no tendrían que ver solo con lo racial o lo tribal, y como punto de partida se considera la vulnerabilidad, que sin duda facilitaría el dominio esclavista, el que termina por someter en cuerpo y alma al ser humano, quien perdería su dignidad: tráfico de mujeres y niños, explotación sexual, trabajos forzados, actividades de servidumbre y explotación con fines económicos, tráfico de órganos, y ahora las acciones ilícitas con los inmigrantes, sometidos a todo tipo de violaciones y explotación.

La sumisión hace mención de obediencia, subordinación, docilidad (fácil de manejar), y es lo opuesto a insumiso, desobediente, rebelde… El concepto de sumisión varía mucho: aceptación voluntaria de una autoridad, subordinación religiosa por la fe, victimización forzada por drogas, con fines de poder, de control, y de soportar lo que fuere.

Como ser, en materia de fe, el dominador ejerce «chantaje emocional», construyendo en el otro la «culpa», pidiéndole que tolere cualquier dolor (la víctima se convertiría en cómplice del dominador) y, no se sufre sin sentido, pues, al sufrir lo indecible en esta vida, con la muerte puede desaparecer el dolor, sería la gratificación, o también alcanzar un lugar de privilegio en la otra vida…

Actualmente son noticia los fanáticos que matan a otro por no compartir su visión religiosa y para salvar su propia alma. Se persigue y elimina a aquellos que son «disidentes religiosos». Los fanáticos creen que su visión es la única, y afirmando que se trata de un pedido de Dios, eliminan pueblos, más allá que la religión siempre ha sido un medio de control social.

En fin, la política en muchos casos opera psicológicamente como «religión política», donde se impone la «verdad revelada» del líder, cuya palabra es la voz del pueblo….

Si bien en la antigüedad existía una suerte de colonialismo, como el de los sumerios y los romanos, hoy por hoy, referirse al colonialismo, es hacer mención de un fenómeno estructural de la Modernidad, impulsado por la necesidad y la búsqueda europea de recursos y mercados. Como hito el año 1492, con el Descubrimiento de América por Colón y el proceso de colonización de América por España y Portugal, seguida por franceses, ingleses, holandeses, no solo en América, también en Asia y África. La Revolución Industrial y los nacionalismos, dos fenómenos decimonónicos, dieron un gran impulso.

Con la «Repartición de África» entre potencias europeas (excepto Abisinia o Etiopia y Liberia), en la Conferencia de Berlín, convocada por Bismarck en 1884 para evitar conflictos entre las potencias colonizadoras, la situación colonialista se agravó.

Y si bien la mayoría de las colonias obtuvieron su independencia en la segunda mitad del Siglo veinte, en general no hubo una independencia real en términos económicos, sociales y políticos, de ahí la profunda insatisfacción de los pueblos que fueron colonizados, y por eso hablamos de «neocolonialismo». Los que en su momento colonizaron siguen administrando indefinidamente los recursos ajenos en beneficio propio, y hacen sus negocios opacos con empresarios cipayos; claro está que para ello, necesitan de políticos locales cómplices y de una sociedad que guarde silencio. En efecto, todo está en orden si no hay protestas.

Lo cierto es que el mundo marcha por un camino de ripio, peligroso, impredecible, aunque cualquier observador advierte que ya existe un derrotero trazado por los Estados Unidos, China y Rusia (cuyos acuerdos secretos están vedados a la información pública), con una nueva repartición del poder mundial, bajo el eufemismo de «zonas de influencia», y también algunas potencias menores (con arsenal atómico) que pujan por hacerse con un trozo del pastel, pero antes deberán acordar con los imperialistas mayores, que se arrogan poderes divinos…

En fin, dictadores camuflados que se dicen defensores de sus pueblos, a los que someten sin piedad, y que recurren a viejas estratagemas y sofismas, pues, su miseria moral no les permite elaborar una nueva narrativa que sea superadora de las injusticias que padece la sociedad.

Y si algo está claro en este lodo de desasosiego, falsedades y medias verdades, es el hecho que retornan con vigor estos vicios nacidos muy lejanos en el tiempo.

NOTAS:

  • Roberto Miguel Cataldi Amatriain es médico de profesión y ensayista cultivador de humanidades, para cuyo desarrollo creó junto a su familia la Fundación Internacional Cataldi Amatriain (FICA)
editor
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