Durante los más de treinta años en los que me he dedicado a escribir sobre temas relacionados con el lenguaje escrito y el oral, he fomentado y he participado en dinámicas cuyo propósito es aportar elementos para un mejor uso del idioma español, con la convicción de que no soy un gran experto; pero sí un aficionado del buen decir, que ha entendido que nunca se termina de aprender.

Mediante talleres, conversatorios, tertulias y, con este trabajo de divulgación periodística, he procurado que las personas que producen textos y expresiones orales con regularidad, y que se preocupan por adquirir soltura, puedan disipar sus dudas y deshacerse de los vicios que son muy frecuentes en los medios de comunicación social y en el habla cotidiana.
A la luz de lo que he aportado en estas tres décadas, es justo y necesario reconocer que ha habido un avance significativo; pero es innegable que, pese a ello, aún quedan situaciones viciadas, ante las que es necesario insistir para que cada día haya menos.
El día jueves 26 del mes que hoy culmina, estuve en San Carlos estado Cojedes, Venezuela, en donde dirigí un taller sobre el lenguaje del reporterismo de sucesos en este país. La referida actividad fue promovida por la licenciada Pilar Guerra, secretaria general del CNP (Colegio Nacional de Periodistas) de esa entidad de los llanos centrales, acompañada de las licenciadas Dinorah Gámez y Santa Cedeño, integrantes de la directiva del referido gremio.
Me agradó el hecho de que hubo una considerable asistencia, compuesta por periodistas y estudiantes de Comunicación Social, lo que me permite colegir que han entendido y valorado la importancia de escribir bien y de hablar de mejor manera.
Agradezco el apoyo del licenciado Héctor González Burgos, excompañero de estudios en la siempre recordada Universidad Católica Cecilio Acosta, quien hoy día es corresponsal de un importante canal de televisión de este país.
En San Carlos hubo ocasión de analizar palabras, frases y expresiones del ámbito reporteril de sucesos que, en mi opinión, está plagado de impropiedades lingüísticas, que conviene conocer para reducirlas a la mínima expresión.
En este artículo mostraré lo más significativo de lo que compartí con periodistas y futuros periodistas, que se han tomado muy en serio el noble oficio de educar, entretener e informar.
El motivo por el que hay tantos vicios en el lenguaje de sucesos, está en falta de interés por aprender; por adulación, facilismo, falta de seriedad, por irresponsabilidad u otros factores; además de que muchos comunicadores sociales se han dejado imponer la forma que normalmente utilizan los cuerpos de seguridad del Estado y demás entes gubernamentales para dar a conocer sus actuaciones, que por lo general está plagada de errores. ¡Hay que erradicar ese formato!
Por eso, cuando por ejemplo, al reseñar el caso de la detención de un ciudadano, y tras una requisa corporal le decomisan un arma de fuego, una cortante, punzopenetrante o de otra característica, invariablemente utilizan la palabra armamento. ¡Y no es que eso no pueda decomisársele a un individuo; pero si es una, es simplemente un arma, no un armamento, por la sencilla razón de que armamento es un conjunto de armas, un arsenal.
Las palabras alud, talud; las frases «auto fantasma», «amasijo de hierros retorcidos», «cayó abatido» y «el hoy occiso», son el comodín de muchos redactores y reporteros.
Confunden alud con talud, en casos cuando hay una situación de derrumbe. Lo que se desprende es un alud, pues talud es otra cosa, que está muy bien definida en los registros lexicales.
Lo de auto fantasma lo emplean en hechos en los que una persona es arrollada por un vehículo cuyo conductor se da a la fuga. Se puede usar la referida frase, de manera metafórica y ocasional; pero admitirla como propia, es lo lamentable, pues existen muchas formas de decirlo de manera adecuada, que no dejan lugar a dudas.
Lo del amasijo de hierros retorcidos se usa muy frecuentemente cuando ocurre un accidente en el que los que los vehículos involucrados en una colisión quedan destrozados. No se han percatado de que incurren en una redundancia, dado que para que sea un amasijo, necesariamente deberá estar retorcido.
La gama de palabras, frases y expresiones viciadas es amplísima; pero por razones de espacio no voy a mostrarlas todas; pero las «reinas», sin dudas, son: «cayó abatido» y «el hoy occiso».
En la primera existe una redundancia, toda vez que caer lleva implícita la noción de abatir; y esta, de caer.
En cuanto a «el hoy occiso», el detalle está en que la mayoría de los redactores y reporteros, a todo fallecido lo califican de occiso, especialmente a los que se quitan la vida al ahorcarse. El término en cuestión es aplicable a muertes violentas. En el caso de que alguien se ahorque no hay violencia, pues por lo general lo hace de forma silenciosa, oculta, a menos que la persona haya sido ahorcada, como frecuentemente ocurre en los recintos carcelarios, en lo que sí es aplicable el vocablo, muy manido, por cierto.
Estos son, grosso modo, los casos que fueron analizados en el taller sobre el reporterismo de sucesos, con la finalidad de minimizar la frecuencia de aparición.
Al final de la actividad hubo un ejercicio de redacción de notas, en el que la mayoría de asistentes mostraron interés y dejaron ver su intención de mejorar cada día. ¡Esa ha de ser la actitud; muchas gracias!



