Veinticuatro horas después de una importante ola de manifestaciones en toda Francia contra el racismo, la xenofobia y la normalización del fascismo, que se ha desarrollado también en toda Europa, la primera vuelta de las elecciones municipales este domingo 15 de marzo arroja un resultado todavía provisional, que deberá confirmarse según un juego de alianzas y desistimientos en la segunda ronda del próximo 22 de marzo.
Solo los candidatos que han superado la barrera del doce por ciento de votos pueden presentarse en la segunda vuelta, lo que según los casos puede dar lugar a duelos finales a varias bandas.
Elecciones municipales que se consideran siempre aquí como un test político para que los diferentes partidos midan sus fuerzas caras a la decisiva elección presidencial prevista en 2027.
Los agoreros que nos anunciaban una llegada masiva del neofascista RN (Frente Nacional), tendrán que esperar a la segunda ronda antes de hacer cuentas, aun si el Partido de Le Pen (fundado por antiguos miembros de las SS) consigue ya mantener su implantación local importante.
Su futuro depende ahora de las alianzas con una derecha conservadora cada vez más atraída por la xenofobia, que como en los años treinta, prefiere hoy el fascismo a la izquierda parlamentaria. Ya veremos si su electorado sigue o no esa peligrosa deriva.
Varias conclusiones se imponen a la lectura de estos complejos resultados:
- Una abstención importante si no se toma en cuenta la que hubo en el momento del Covid. Mas del 40 por ciento de los 48,7 millones de electores inscritos en el censo no han acudido a las urnas. Abstención que favorece siempre a esa ultraderecha que detesta el voto y la democracia.
- En Paris, Marsella y Lyon, capitales simbólicas del Estado francés, la Unión de la izquierda puede impedir el paso de la derecha xenófoba y de la extrema derecha.

En Paris llega en cabeza el candidato socialista Emmanuel Gregoire, apoyado por ecologistas, comunistas y ex insumisos. Su victoria frente a la derechista Rachida Dati está prácticamente asegurada si obtiene el apoyo de la candidata de La France Insoumise (LFI) y de su electorado. La victoria de Dati implicaría su alianza explicita con la ultraderecha.
En Marsella las cosas son más complicadas, pues solo dos puntos separan al socialista Benoit Payan, candidato «diversas izquierdas» en cabeza del escrutinio de su rival Frank Allisio del neofascista RN. El candidato de LFI Sébastien Delogu, quien ha pasado la barra del doce por ciento llama a una alianza antifascista contra el RN.
Lyon seguirá siendo capital histórica de la resistencia si se confirma la victoria en la primera vuelta de Gregory Doucet (candidato de izquierda unida más ecologistas) a condición de lograr la alianza con LFI en la segunda ronda, cuya candidata ha obtenido más de diez por ciento de sufragios.
Se confirma la implantación local de la ultraderecha.
Sin alcanzar «la victoria» que la prensa millonaria dominante nos anunciaba, el RN normalizado ya como «republicano» por Emmanuel Macron y la derecha, confirma la estabilidad de su electorado.
Pero ello en el marco de una derecha fragmentada cara a las próximas presidenciales, mientras desaparece prácticamente del paisaje político el partido de Macron, que en diez años de poder absoluto se ha transformado en el felpudo para el paso del neofascista Frente Nacional. Varios dirigentes del RN han sido elegidos en la primera vuelta.
El alineamiento de Macron con el genocida Netanyahu han dado todavía más alas a una ultraderecha nazi que tiene hoy en día autorización para desfilar en las calles de toda Francia. El neoliberalismo económico más radical confluye así con el neofascismo político que regresa al galope en este siglo veintiuno.
La izquierda parlamentaria se presentaba dividida:
LFI (Francia insumisa) contrariamente a los que anunciaban su aislamiento, logra un evidente progreso y se instala con peso propio en numerosas ciudades y barrios populares, confirmando así a nivel local la implantación de su electorado nacional. LFI consigue pasar la barra del doce por ciento en 35 ayuntamientos de más de 30.000 habitantes.
Saint Denis, histórico bastión comunista en la periferia de Paris, se alza con la victoria en la primera vuelta gracias a la alianza de insumisos y comunistas. Cuando la izquierda parlamentaria se presenta unida la victoria no es fácil, pero es posible.
La alianza de la izquierda que rechaza el liderazgo de LFI y de Jean Luc Melenchón, a saber: socialistas, ecologistas, Partido Comunista, ex insumisos, plaza pública y Gauche socialista, ha favorecido el mantenimiento de los socialistas bien implantados localmente, ha frenado, pero no ha impedido el progreso de LFI Francia insumisa. Un resultado que hace fracasar la tentativa de Rafael Glucksmann de evitar toda alianza con LFI.
De hecho, en esa alianza el movimiento Plaza Publica de Glucksmann es algo así como aquello de «busque el error». En mi modesta opinión, se trata de un grupúsculo de derechas, un caballito de Troya constituido por varios «cerebros» de los que fabricaron el movimiento «En marcha» de Macron, que ya no puede caminar y cuya obsesión es más atacar a LFI que construir una alianza de izquierdas contra el fascismo. Es decir, impedir que una alternativa económica, social y ecológica de izquierdas democrática llegue al poder en Francia.
La Unión de la izquierda, con todas las fuerzas que formaron la Nueva Unión Popular en las pasadas elecciones legislativas, con el programa que todos firmaron de progreso social y ecológico, sigue siendo una necesidad absoluta más allá de los egos partidarios y de los mezquinos cálculos locales. Esa fue, es y será la única manera de parar las botas a la peste parda que nos amenaza en esta elección municipal preámbulo del combate decisivo presidencial del 2027.
Última hora: Una buena noticia para terminar, en Toulouse los candidatos de Francia Insumisa y Partido socialista fusionan sus listas en la segunda vuelta para combatir al candidato derechista.



