Desde Caín y Abel, la mayoría de los seres humanos convivimos con hermanos y es a través de ellos como se va forjando nuestra personalidad.
En la que también influye la preferencia de los padres por alguno de sus hijos, porque deja huellas imborrables.

Soy la mayor de ocho hermanos y de 31 primos, por lo que fui distinguida por mis papás hasta la adolescencia en que nuestra relación cambió, y consentida de mis abuelos y tíos.
Sobre el tema de hijos y familia, New York Times publicó dos muy interesantes artículos.
Para el primero, que demuestra que los padres tienen hijos favoritos y los demás sufren por eso, la periodista Teddy Rosenbluth entrevistó tanto a hijos preferidos como a investigadores del favoritismo paterno y publicó sus conclusiones, el pasado 23 de diciembre.
En ellas precisa, que los hijos no preferidos heredan esa situación a sus hijos, porque sus padres procuran más a los vástagos de los consentidos; de modo que son dos generaciones las resentidas.
Y eso tiene mayores consecuencias para su salud mental, relaciones, éxito laboral y elección de sus parejas, que casi cualquier otro factor.
Laurie Kramer, estudiosa de las relaciones entre hermanos en la Universidad Northeastern, explicó que en una sociedad que desaprueba el trato desigual a los niños, medir el favoritismo parental no es tarea fácil, porque los padres no lo reconocen; siempre responden «todos».
Por eso, la profesora de sociología en la Universidad de Purdue J. Jill Suitor, autora de la mayor investigación que existe sobre el tema, cambió la pregunta ¿Cuál es tu hijo consentido? por otras más indirectas.
¿Con cuál hijo te sientes emocionalmente más cerca? ¿De cuál te sientes más decepcionado?
Y las respuestas de la mayoría de quinientas madres con dos o más hijos adultos, registraron que sí tuvieron un hijo predilecto.
No existe un conjunto de cualidades que garanticen ser predilecto y tampoco son el orden de nacimiento y el género, los que marcan la diferencia.
Alex Jensen investigador de la Universidad Brigham Young concluyó en un análisis publicado en 2025 que los padres favorecen a los hijos más dóciles y que no hablan de ese tema con los hijos.
Si hablaran con ellos, coinciden los investigadores, tal vez los no preferidos comprenderían el motivo para el trato diferente y muchos de los efectos negativos sobre su salud mental podrían desaparecer.
Los hijos, agregan, comparan desde niños el trato que reciben con el que se da a sus hermanos.
Y las diferencias los llevan a sufrir ansiedad y depresión, relaciones familiares tensas y conductas de riesgo, como beber y fumar, durante la adolescencia.
Ser el favorito tiene también sus desventajas
Cuando la brecha entre ellos y sus hermanos se vuelve demasiado grande, pueden sentirse culpables o no merecedores, afirmó Susan Branje, jefa del departamento de educación y pedagogía de la Universidad de Utrecht en los Países Bajos.
A todos los niños, dice, «les gusta la igualdad y la justicia en las relaciones y si no la hay, les genera profundo un impacto porque los de la infancia son apegos muy profundos»
No en balde, la relación padres-hijos es el centro de la conversación psicoanalítica.
Y los psiquiatras aseguran que observando distintos niños es fácil advertir actitudes y comportamientos determinados, de acuerdo al lugar que ocupan por su nacimiento.
Eso es más visible en el caso de los hermanos mayores, que son modelo a imitar para los otros.
Y a quiénes por haber sido único hijo antes de ser hermanos mayores, la llegada de un hermanito cambia de la noche a la mañana su rol y su carácter, por temor a ser sustituidos por el bebé en la atención de sus padres.
Y si ellos no manejan bien la situación, los celos producen una regresión en su desarrollo y se comportan como si fueran bebés, pensando que eso recuperará su lugar.
Mi mamá me contaba que cuando a los cuatro días de que cumplí un año nació mi hermana Beatriz, le quitaba el chupón en las noches; por lo que me prohibían me acercara a ella.
Por fortuna las cosas han cambiado y los padres de hoy dan a los mayores un regalito de parte del recién nacido y lo incorporan a su cuidado; con lo que se siente integrado en la estructura familiar.
Otros errores paternos, es hacer al mayor responsable del pequeño o darle demasiada autoridad; porque los hermanos lo pueden considerar tirano.
Del segundo artículo, titulado Las maneras sorprendentes en las que los hermanos nos hacen nosotros y escrito por Susan Dominus les platicaré la semana entrante.



