Aneurisma cerebral: ¿cómo detectarlo a tiempo?

La enfermedad vascular cerebral (EVC) es un problema de salud pública que constituye según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la segunda causa global de muerte (9,7 %), de los cuales, cerca de 5 millones ocurren en países con ingresos medios o bajos.

La tasa de recurrencia de este acontecimiento a dos años va del 10 al 22 % pero puede reducirse hasta en un 80 % con la modificación de ciertos factores de riesgo. De no existir intervenciones de prevención adecuadas, se calcula que para el año 2030 su incidencia aumentará hasta en un 44 %.

La EVC es un síndrome clínico que se caracteriza por el rápido desarrollo de los signos neurológicos focales que persisten durante 24 horas sin que exista otra causa que no sea el origen vascular. Puede ser isquémico o hemorrágico. La isquemia cerebral es la consecuencia de la oclusión de un vaso y puede tener manifestaciones transitorias (ataque isquémico transitorio) o permanentes, si existe daño neuronal irreversible.

Si existe una recuperación espontánea y los síntomas no duran más de una hora, se puede ver en muchos pacientes que no quedan secuelas. Ciertamente existen factores de riesgo de algunos enfermos que aumentan las posibilidades de que sí las queden. En los casos de tener más de 60 años, presión arterial alta, alteración del habla, diabetes, entre otros factores, el aumento de riesgo suma.

Una vez que existe oclusión de un vaso cerebral con la consecuente obstrucción del flujo sanguíneo cerebral (FSC), se desencadena una cascada de eventos bioquímicos que inicia con la pérdida de energía y que termina en muerte neuronal. Otros eventos incluyen el exceso de aminoácidos excitatorios extracelulares, formación de radicales libres, inflamación y entrada de calcio a la neurona. Después de la oclusión, el núcleo central se rodea por un área de disfunción causada por alteraciones metabólicas e iónicas, con integridad estructural conservada, a lo que se denomina “penumbra isquémica”. Farmacológicamente esta cascada isquémica puede ser modificada y disminuir sus efectos deletéreos, lo que representa en la actualidad una de las áreas de investigación más activa.

La principal característica clínica de un IC es la aparición súbita del déficit neurológico focal, aunque ocasionalmente puede presentarse con progresión escalonada o gradual. Las manifestaciones dependen del sitio de afección cerebral, frecuentemente son unilaterales e incluyen alteraciones del lenguaje, del campo visual, debilidad hemicorporal y pérdida de la sensibilidad.

De igual forma la rapidez en el abordaje de estos síntomas dará lugar a una mejor recuperación del paciente porque hay que distinguir los subtipos de infarto cerebral, si tiene ateroesclerosis de grandes vasos, cardioembolismo, enfermedad de pequeño vaso cerebral entre otros.

Es necesario determinar qué tiene el paciente mediante un estudio de imagen TAC (tomografía axial computerizada) que es accesible y rápida así como una RM (resonancia magnética) que puede registrar fases hiperagudas y otras manifestaciones. De igual forma una angiografía cerebral puede alertar de la circulación intra y extracraneal en los casos de arterias ocluidas o de vasculopatías no ateroesclerosas.

El tratamiento en la fase aguda es la administración de un activador tisular de plasminógeno humano intravenosos que dan una evolución casi completa y a veces, completa de este cuadro severo.

El riesgo de hemorragia intracerebral existe así como otros síntomas como descontrol hipertensivo, etc. que pueden darse en las 48 horas tras el primer episodio. Es importante que el paciente no sea diabético ni que tenga obesidad grave ni tampoco alteración del colesterol ni de las lipoproteínas de baja densidad que pueden llevar a un aumento del riesgo. En estos casos, al paciente se le trata con estatinas. Una vez que el riesgo se ha controlado, la calidad de vida de los pacientes se altera y muchos refieren que jamás vuelven a recuperar su vida anterior. Esto supone que deben pedir ayuda a la hora de ver secuelas tanto físicas como psíquicas porque se vuelve a vivir, de nuevo, pero siempre con mayores cuidados.

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PhD, Doctora C.C. Información / Periodista / Editora Adjunta de Periodistas en Español / Divulgadora Científica / Profesora Universitaria / Fotógrafo / Comprometida con la Discapacidad, los Derechos Humanos, la Infancia y la Tercera Edad / Miembro Consejo Asesor de la Fundación Juan José López-Ibor / Miembro del Comité Asesor de Ética de Eulen Servicios Sociosanitarios / Miembro de The International Media Conferences on Human Rights (United Nations, Switzerland) / Presidenta de D.O.C.E .- (Discapacitados otros Ciegos de España) - www.asociaciondoce.com / Coautora del libro EL CEREBRO RELIGIOSO junto a la Profesora López-Ibor. Editorial El País Neurociencia https://colecciones.elpais.com/literatura/62-neurociencia-psicologia.html / Autora del Libro Fotografía Social.- Editorial Anaya / Consultora de Comunicación Médica. www.consultoriadecomunicacion.comContacto Periodistas en Español: [email protected]

2 Comentarios

  1. Hace diez años que se me detectaron cuatro aneurismas en el polígono de Willis . Los últimos meses uno creció de 1.3 a 3,9 mm y el neurocirujano me ha recomendado hablar con la familia y arreglar mis asuntos.

    • Sería conveniente que fuera valorado por uno segundo neurocirujano, y ciertamente, con este y otros asuntos relativos a la salud, llegada una edad, conviene tener todo bien atado. Saldrá bien, pero no deje de hacerlo. Mucha suerte

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