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Aumenta la violencia filio parental, cuando la madre es la víctima

Un estudio realizado por Sandra Jiménez Arroyo en la Universidad de Granada concluye en la consideración de la violencia ejercida por los menores hacia la mujer en su propio hogar. La violencia filio parental es la menos estudiada entre los diferentes tipos de violencia dentro del ámbito de la familia y normalmente los condicionantes de muchas definiciones resultan ciertamente imprecisos.

Violencia tanto psicológica, verbal, no verbal y emocional, implica conductas que atentan contra la madre y contra los sentimientos de esta. Ignorar a la madre, ningunearla, humillarla, denegar afecto o expresar odio, desprecio o degradación son los aspectos más normales. Otros que empiezan a normalizarse pero que también ocultan las madres son los de coacción, intimidación, y todos los que implican amedrentar a la persona y ponerla contra las cuerdas.

Actualmente se considera que la violencia filio parental es el cuarto delito más cometido por los menores de edad y no se denuncia porque son los propios hijos los que atentan contra la madre. Ya en 1957 hubo un estudio que reflejaba el síndrome del padre maltratado pero no se consideró violencia y no se hizo nada al respecto. En otro sentido, también existe la violencia conductual cuando la madre es robada, destruyen objetos de valor o generan deudas a costa de su nombre. Estos daños económicos que son asumidos por  los progenitores siempre van acompañados de violencia física o verbal, además de chantaje emocional, extorsión, coerción y manipulación en todos los casos.

Desde la perspectiva jurídica hasta la investigación de estas situaciones, debemos, añade la investigadora avanzar para aumentar las medidas que puedan mitigar este problema que va en aumento. En el código penal español, (art. 173.2) se entiende por violencia familiar los malos tratos que se ejercen entre miembros de la misma unidad familiar donde en la diada agresor víctima, existe uno o varios nexos: biológico, civil, de convivencia, de dependencia del agresor, es decir, mujeres, niños o ancianos. Cuando es el niño el que agrede y es dependiente de sus padre, la víctima, es el sujeto que jurídicamente está obligado a las labores de cuidado y educación de su mismo agresor. En una palabra, debe vivir con él hasta que tenga la mayoría de edad y por tanto, su desprotección ante la víctima es absoluta.

La identificación de la víctima y su situación personal es fundamental para avanzar en este sentido. En algunas ocasiones pudiera ser el padre, pero es realmente raro en el ámbito familiar.  Los menores maltratadores identifican el rol y la violencia se ejerce sobre la mujer. La madre, víctima de los malos tratos alude a esta violencia como típica de mujer porque en ocasiones también lo es del padre. Para la investigadora resulta imprescindible aumentar el número de estudios desde la perspectiva de género y profundizar sobre la incidencia de este tipo de maltrato en los hogares españoles. La denuncia, hablar de la situación y pedir ayuda a los servicios sociales haría que en parte, se conocieran situaciones que suceden en las casas que son ocultadas por la misma víctima que trata de proteger al menor esperando un cambio que nunca llega.

Es importante resaltar que la violencia filio parental está presente en todas las clases sociales aunque ciertamente es en los extremos en donde más se produce. Las familias con ingresos muy bajos o al revés, muy altos, padecen este tipo de coacciones. En otros casos, también se atribuye a familias monoparentales y al maltrato de la madre como cabeza de familia. La falta de afecto, los límites escasos y el consentimiento de una conducta constante hacen del hijo un maltratador en potencia que luego ejerce sus derechos porque todo le ha sido aceptado.  La baja tolerancia a la frustración, la distancia interpersonal, la no demora del refuerzo, la ausencia de empatía, la impulsividad, la ira, la baja autoestima, el egocentrismo y la prepotencia son normalmente las características del hijo que domina, somete y es violento con su madre.

La obtención de poder y control sobre los progenitores, padre o madre, hace que el hijo sea consciente del maltrato que lo prolongue en el tiempo y que sepa que causa daño a sus víctimas porque es progresivo y constante. Esto sumado al fracaso escolar, a la falta de conocimiento, a la falta de empleo y a estar sin hacer nada día tras día hace que el emperador, llegue incluso a ser el que mande en el hogar con tal de tener un día de paz.  Este tipo de conductas delictivas contra los padres deben ser denunciadas, deben ser puestas en conocimiento de los servicios sociales y deben ser abordadas por profesionales antes de la mayoría de edad del menor. Si esto no sucediera, el mayor de edad acabaría siendo el rey de la casa y tendrían consecuencias aún peores con el consiguiente deterioro de la salud y bienestar familiar, especialmente como hemos recalcado de la madre.