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Yanet Acosta: Matar al padre

Yanet Acosta, periodista agroalimentaria y gastronómica, ha presentado en Madrid[1] su segundo trabajo, Matar al padre, una novela negra con los alimentos como telón de fondo y en la trama, lo que se mueve detrás de lo que comemos porque “nada es inocente” y menos tratándose de la comida: desde los chefs estrella, las modas culinarias que nos vienen impuestas y que ponen el acento en ciertos productos, las cuotas agrarias que obligan a campesinos pobres a endeudarse para ganar más, la intensificación de los cultivos con las consiguientes plagas y la industria química que llega detrás para combatirlas… y el impacto medioambiental que todo esto tiene en la vida del hombre, de los cultivadores y consumidores, de la salud de unos y de otros y, finalmente, de la Tierra.

Matar-al-padre-portadaComo periodista agraria antes que gastronómica, Janet Acosta vio claro lo que hay detrás de la imposición de ciertos productos. Observó, por ejemplo, que en la boda de la infanta Cristina de Borbón con Iñaqui Urdangarín se sirvió quinoa en el primer plato, una semilla que hasta entonces era prácticamente desconocida en nuestros fogones pero que a partir de aquel momento despegó de tal modo que se ha impuesto hasta en la sopa, las pizzas, los panes todos con sus múltiples variantes… y no hay nadie que no alardee de usarla masivamente en su cocina. ¿Era una extravagancia ponerla de primer plato en una boda real? En todo caso, era una extravagancia nada inocente sino todo un guiño a América Latina.

Coincidió que por entonces le pidieron a Yanet Acosta un reportaje sobre este ingrediente campesino y la pregunta le venía sola: ¿qué pasa cuando se pone de moda un producto hasta entonces casi desconocido en el gran mundo (del capital, de la moda, de los que la dictan) en este caso la quinoa? Pues que suben los precios, el cultivo se extiende, se intensifica, el campesino ya no lo come, lo vende, plagas, industria química, endeudamiento…

Una semilla, la quinoa, afirma Yanet, que, bien cocinada, tiene muchas propiedades nutritivas pero que, por el contrario, si no se trata adecuadamente, puede ser indigesta. Una semilla que, por otra parte, han dejado de consumir los mismos que antes subsistían por medio de ella y que ahora la cultivan intensivamente, ocupados solo en llevar mucha carga al mercado para aumentar los beneficios y pagar las deudas.

Todo lo cual, trasladado a Perú, país donde se ambienta la novela, ha supuesto una formidable trasformación del paisaje, de manera que sitios del Altiplano andino, particularmente los alrededores del lago Titicaca (entre de Bolivia y Perú), o Puno, lugares consagrados a una cultura antiquísima, destinados tradicionalmente a enseñarse sólo a los turistas, han pasado a ser un show mundial pero de otro signo muy distinto: “no os podéis imaginar lo que es aquello”, afirma Yanet.

“Ha desaparecido una estrella de los fogones peruanos, un padre de la cocina peruana, tras una intervención estelar en un congreso. La búsqueda detectivesca que llevará a la protagonista a Perú comienza con esta situación límite que se resume en una frase: “Cuando ya has tocado fondo, ¿qué haces?” Ya en Perú (Machu Pichu, Titicaca, Puno), de la desesperación, pasará a la depresión –tal es la magnitud de lo que se encuentra- hasta dar con alguien que la crea y que se implique. Éste será el detective Ven Cabreira, quien, a saltos entre Madrid y Lima, intentará resolver el caso.”

En cuanto al ritmo de la novela, Yanet Acosta tiene una música en la cabeza y ése es el ritmo que impone a su escritura en cada caso. De cultura audiovisual, ella visualiza todo cuanto escribe, y esa canción de fondo del Grupo peruano Kanaku y el tigre, música de allí pero mixtura, que reza “Si te mueres mañana, no te quedes con ganas de nada”, le ha acompañado siempre mientras escribía Matar al padre.

Con su anterior novela El chef ha muerto, Yanet Acosta alcanzó un gran éxito editorial; ahora con Matar al padre, se adentra en el funcionamiento de la cocina en el mundo global.

  1. Sábado 10 de junio de 2017 en librería Burma, Ave María 18, Madrid.

Sobre Nunci de León

Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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