Llegas a casa. Estás contento. La mañana ha sido buena, casi óptima. Te sientes realizado. La vida funciona.
Recibes una llamada. Es alguien que en un tiempo pasado (siempre cualquier período es corto a ciertas edades) fue crucial. Sí, fuimos compañeros de migas cuando todo era sorprendente, cuando todo era aprender, y apenas teníamos algo más que una mochila.
No es su voz. ¿Qué pasa? La pregunta presume una respuesta, y la contestación es la marcha, la suya, la de él, siempre inoportuna y precipitada, a cualquier parte y a ninguna. El caso es que ya no está, ni estará, en esta dimensión, ahora fracturada.
No demando ni el cómo ni el porqué. Todo llega, y lo nuestro es pasar. Con el transcurrir de la existencia se van rompiendo los cristales que nos sostienen. Lo sabemos. Habrá un día, el penúltimo, en que nada nos mantenga aquí, y, entonces, nos trasladaremos.
Sí, se ha roto un cristal de alguien que me sostuvo en tiempos aciagos y oscuros. Somos tan frágiles que mucho de lo que albergamos ostenta su continuidad en hilos de seda que nos mantuvieron contra viento y marea. Es justo y necesario reconocerlo.
Ahora este condenado amigo mío me ha dicho adiós en diferido, a través de alguien a quien le había encomendado tal menester. Afirma que me manda todo su afecto, pero eso hoy no me reconforta. Ya veremos más adelante.
En definitiva, es otro cristal roto, roto del todo, para ese siempre jamás que suena a cuento, en este caso de los movidos, de los malos, de los que contagian dureza.
El día se ha detenido, como en una película, pero sin ficción. Un corte a navaja se acumula en las carnes, ya demasiado dolientes para quejarse. Se ha ido el amigo, pero también su protección. No sé qué referir.
Roto el cristal aparece, y yo con él. No puedo hacer otra cosa que, tras una detención, seguir caminando. Se lo prometí el día en que me salvó, no sé si con buen juicio.
Lo cierto es que a estas alturas le corresponderé con mi caminar libre, una mirada que siempre compartimos. Aunque la óptica está destruida, puede estar seguro de que mantendré la perspectiva firme y con genuina claridad.
Ahora voy a brindar por ti.



