Novecento: una historia que merece ser contada

Novecento es una historia que se cuenta con la fuerza de quien la ha vivido en primera persona (yo estuve en la cubierta de ese barco de nombre Virginia adonde llegué en 1927, y conocí a esta persona, y pasó esto que me marcó), y Miguel Rellán, «sólo» es el instrumento que nos hace llegar esa emoción o ese cúmulo de emociones a través del relato de los hechos tal como los presenció.

cartel-novecento-Miguel-Rellan Novecento: una historia que merece ser contadaEl actor Miguel Rellán es en este caso la prueba de que no hace falta más instrumento que el cuerpo humano para obtener los mejores registros y los más variados destellos, aunque nosotros los espectadores estemos casi a oscuras como en medio del Océano, con esa luz amarilla que alumbra las tinieblas y que hoy apenas parece eléctrica. Se diría un punto vacilante en medio de la tormenta que, sin embargo, a pesar de los embates del oleaje de la vida, nunca se apaga, como la personalidad irreductible de su protagonista principal, Novecento.

Novecento es aquí nombre de persona. Es la referencia que nos guía hasta el final a través del relato, como hay personas que, incólumes en el puesto de más peligro, jamás abandonan su responsabilidad tutelar hacia el resto.

Como en los cuentos, en torno al héroe pululan multitud de secundarios, gente pobre que desembarca en América allá por los años 20 del siglo pasado, cuando «el hambre era tan grande que podía enternecer el corazón de las hienas, no el de los que la habían causado» (Vanzetti); y valentones, como el pianista enjoyado que decía de sí mismo ser «el inventor del jazz»; marineros piadosos y polizontes recién nacidos en estado de abandono…

A todos proporciona voz y vida Miguel Rellán. El actor se presenta como narrador solitario ante el público y, dirigido por Raúl Fuertes, quien llevaba años con este proyecto en un cajón esperando al intérprete adecuado que contara las peripecias de Novecento, se lanza a tumba abierta. Uno se olvida de todo oyéndole, es puro oído y dejarse llevar por la música de las palabras.

Historia de amistad y admiración, que también fue llevada al cine en 1998 por Giuseppe Tornatore con el título de La leyenda del pianista en el océano, a lo largo de la narración se alude tangencialmente a la novela del mismo nombre, la que dio lugar a la película de Bertolucci, para dejar claro que el narrador la conocía cuando habla de su amigo Novecento.

Y ahora está solo en el teatro como si estuviera en la cubierta del Virginia, mecido por el oleaje en un espacio vacío al que debe enfrentarse solamente con la palabra. Monólogo en estado puro para este hombre que se inició como actor allá por 1974, hace ya cuarenta años.

  • Título: Novecento, adaptación de la novela de Alessandro Baricco (1994)
  • Intérprete: Miguel Rellán
  • Dirección, espacio escénico e iluminación Raúl Fuertes
  • Hasta el 29 de junio de 2014 en el Teatro Español. Sala Pequeña
Nunci de León
Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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