Comicios electorales y otras impropiedades

Sin dudas que la atención mundial estuvo centrada en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, lo cual generó informaciones y comentarios de todo tipo. Sirvió también para que muchas personas se atrevieran a pronosticar lo que sucedería en esa nación, en donde, como ha ocurrido en períodos recientes, muchos presidentes han sido reelectos.

Pero en estas de 2020, la situación ha estado signada por las dudas, dado que Donald Trump no las tiene todas consigo. Todo apunta a que su permanencia en la Casa Blanca tiene los días contados, por razones que no voy a mencionar, pues no es la intención de este artículo.

Por otro lado, en Venezuela ha comenzado la campaña para las elecciones del 6 de diciembre del presente año, con las que se elegirán a los miembros de la Asamblea Nacional para un nuevo ejercicio. De acuerdo con la opinión de expertos en la materia, y a juzgar por lo que a diario se palpa en los medios de comunicación, y se observa en la calle, el sector oficialista, junto con las otras organizaciones que conforman el GPP (Gran Polo Patriótico), obtendrá la mayoría, con lo que se concretaría la recuperación del Parlamento Nacional, en poder de la oposición desde 2015. Esa ha sido la consigna de los partidarios oficialistas.

A todas esas, tanto las elecciones de Estados Unidos, como las de Venezuela, han hecho que muchas personas utilicen de forma muy frecuente palabras del lenguaje electoral, que es a lo que concretamente voy a referirme, con el agregado de otras que no son de ese ámbito, pero que conviene mencionar. Del tema electoral he escrito en varias oportunidades, y hoy vuelvo sobre él, toda vez que hay palabras y expresiones utilizadas incorrectamente, ante lo cual es necesario decir algo, dado que es un mal que ha hecho metástasis en otras áreas.

Antes de entrar en materia, pido disculpa a los lectores por la ausencia de la semana pasada, pues las constantes fallas en la electricidad e Internet no me permitieron elaborar el texto ni menos aun enviarlo. Con la situación que se vive en mi país, es difícil tomar previsiones; pero haré lo posible por no volver a fallar.

Hace pocos leí un tuit publicado en un medio digital venezolano en el que se podía leer textualmente: «La elección de la muerte, así se refiere José Manuel Olivares a los cuestionados comicios electorales». Sépase que Olivares es miembro del actual parlamento de ese país.

El entrecomillado permite colegir que la expresión comicios electorales no es atribuible a él, sino a la persona que redactó el párrafo, que ignora que todo comicio es electoral.

Eso de comicios electorales se lee casi a diario, toda vez que en la mayoría de los medios de comunicación, especialmente en los digitales, por lo menos en Venezuela, hay muchas personas que no tienen la debida preparación y el conocimiento necesarios para hacer un uso adecuado del lenguaje que emplean. Claro, hay contadas y honrosas que se distinguen muy fácilmente.

De la misma gama de impropiedades es sufragar el voto, frecuente en el habla cotidiana, en boca de personas que presumen de poseer un vocabulario muy florido. Podría entenderse que quienes hablan de sufragar el voto, lo hacen con la intención de empelar una expresión fuerte, que no deje lugar a dudas; pero de esa forma lo que hacen es acuñar un vicio que se ha vuelto común, y más temprano que tarde podría tornarse indesarraigable, si no se le presta la debida atención. Con decir sufragar o votar, sería suficiente.

Es justo reconocer que, ante la insistencia de quienes se ocupan de estos menesteres, el mencionado vicio ha hecho apariciones muy esporádicas; pero nunca está demás recordarlo de vez en cuando, para que aquellas personas preocupadas por el buen decir puedan disipar sus dudas y convertirse en multiplicadoras de cosas buenas, indispensables para hablar y escribir de mejor manera, sin pretensiones de eruditos.

Fuera del lenguaje electoral existen otras frases redundantes, ante las que es necesario decir algo, en aras de disipar las dudas, como por ejemplo; hemorragia de sangre, constelación de estrellas, recordar de memoria, predominio superior, etc. No podrá haber otra hemorragia que no sea de sangre, ni otra constelación que no sea de estrellas. Además, no existe otra forma de recordar que no sea de memoria, y no existe otro predominio que no sea superior. ¡Así de fácil!

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

2 Comentarios

  1. Ánimo señor Figueroa. Tiene en mí un seguidor de sus escritos, siempre tan precisos y bien argumentados, en defensa del buen hablar y escribir nuestra lengua común, el castellano, o español, que yo en eso no hago distingos pues no soy ducho en la materia. Agradecido le quedo.

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