El sufrimiento de cuatro pueblos

José Manuel García Margallo, el único ministro de este presidente que parece trabajar por España y no por España SA, suele ser el verso suelto que pone en solfa a sus compañeros de gabinete, da igual si se llama Montoro o de Guindos.

José Manuel García-Margallo

No hemos iniciado la campaña oficialmente y hoy ha afirmado que en los temas de austeridad, en los recortes que muchos calificamos de inaceptablemente duros, el Gobierno se pasó cuatro pueblos. Puede que sea una añagaza de precampaña para dulcificar o humanizar la imagen de un gobierno de pedernal con los ciudadanos, sus derechos y su protección y de blandiblub con la venalidad de los suyos, aún cuando estén en la cárcel, en el consejo de ministros o en la Diputación Permanente.

Que se hayan pasado cuatro pueblos con la austeridad quiere decir que solamente una quinta parte de los recortes públicos, las pérdidas salariales causadas por la reforma laboral y los intereses de deuda acumulados, habrían sido suficientes para paliar la crisis sin causar muerte y sufrimiento a millones de ciudadanos. Asumamos que el “primer pueblo” de la Austeridad fuera necesario, los cuatro siguientes han supuesto crueldad, sevicia, castigo colectivo e injusticia.

Qué hay de los abuelos que han perdido poder adquisitivo a través de sus pensiones, del coste de medicamentos que antes eran gratuitos y de la disminución de su nivel de vida al tener que mantener con su pensión al resto de la familia; qué hay de los dos millones de españoles que han tenido que emigrar desde que llegó Rajoy a la Moncloa; que hay de los investigadores que perdieron sus becas y emigraron contratados por Suiza, Alemania o Estados Unidos; qué hay de las patentes malvendidas a otros países porque aquí se cortó el dinero para desarrollarlas.

Qué hay de todos y cada uno de los muertos provocados porque las negociaciones por el Sovaldi estaban en manos de una inepta, Ana Mato, y no se quiso pagar el precio exigido por la farmacéutica. Qué hay de los dineros del segundo, del tercer, del cuarto pueblo sobrepasado que habrían bastado y sobrado para salvar a todos esos muertos.

Qué hay de los 100 millones de euros DIARIOS pagados en concepto de intereses de la deuda pública en los años 2014 y 2015? Qué hay de los 80 millones diarios de esos intereses, 59.200 MM en el bienio, que era innecesario pagar aplicando la fórmula de Margallo.

Que hay de la reducción del 70 % de la Cooperación Internacional española durante esta legislatura que ha supuesto el sufrimiento muy claro del África Subsahariana donde se pasa de 1.100 MM€ al año a 220. O del incremento de la mortalidad por enfermedades como la malaria, el sida o la polio cuyas aportaciones simplemente se redujeron a cero.

Cómo han valorado estos ministros, este presidente, el sufrimiento de los ciudadanos a los que deben administrar por mandato electoral. Simplemente, no lo han hecho, no lo hicieron. No lo harán. Su empatía, su compasión, su capacidad de ayuda se ha convertido en leyes y decisiones a favor de los bancos, de las grandes empresas, de otros países que nos exigen. La ciudadanía, los españoles menos afortunados, aquellos que más necesitan del bien que un instrumento como la gobernación puede hacer, han sido olvidados, dejados de lado, borrados porque este gobierno no considera a los pobres, a los parados, a los enfermos o a los viejos otra cosa que perdedores que no requieren aprecio alguno.

No se sienten responsables de haber sido ellos, el PP, quien nos llevó en gran parte a la crisis a través del ladrillazo Aznar-Rato, el supervicepresidente que luego salió por piernas del FMI, hizo escala en Telefónica y aterrizó en Bankia antes de llegar al juzgado por engañar a ancianos con Preferentes y llevárselo negro en tarjetas negras. Eran los tiempos en que desde Moncloa se alardeaba de que en España se construía más que en Alemania, Francia e Inglaterra juntas.

Es una obscenidad reconocer que se han pasado cuatro pueblos, es una obscenidad que seguramente ya estarán desmintiendo, matizando o negando al ministro Margallo. Pero lo peor es que todo lo dicho se vuelve pornografía cuando quien ha causado tanto daño, tanto sufrimiento, tanto dolor innecesario es el mismo que ha ciscado todos los recursos públicos que ha podido.

¿Cuánto dolor y cuánto sufrimiento vale un mal gobierno?

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Analista político y económico. Mis armas son las palabras y mi razón mis convicciones. Me gustan los números y la economía a la que, sorprendentemente, hasta entiendo. Sé que hay otros caminos para nadar las aguas negras de la vida y que el que nos imponen -comer basura, tragar inquina y vaciarnos los bolsillos- es el resultado de mezclar ineptos gobernantes con espabilados banqueros. Soy filólogo, soy letraherido y he vivido en Suiza, en Inglaterra y en Colombia. En España he vivido en Barcelona, en Madrid, en San Sebastián y en Cádiz y mi alma y mi carácter son castellanos: seco y claro, aunque con un sentido del humor ácido y las más de las veces corrosivo cuya primera víctima soy yo y la segunda la realidad estrambótica que me rodea. Mi ley es la opinión y prefiero construir a destruir, sumar a restar, el ruido al silencio, la furia a la calma del camarón dormido en la corriente. Amo nuestro siglo de Oro y no creo que otro mundo sea posible: estoy absoluta y completamente seguro de que es así.

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