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Es la hora de la mujer gitana (II)

Qué papel juega la mujer gitana en el mundo de la política

Juan de Dios Ramírez-Heredia [1]

Traté de exponer en mi comentario anterior [2] cuales habían sido las circunstancias, y junto a ellas las personas, que habían hecho posible que La hora de las gitanas hubiera sonado para nuestras mujeres. Hoy pretendo poner de manifiesto algunos hechos relevantes que pueden ilustrar con mayor fuerza qué significado tiene el papel que la mujer gitana puede desarrollar en la vida social y colectiva de la nación española.

En primer lugar, déjenme decir que no hemos perdido el tiempo. A veces se nos exige a los gitanos unos logros en el ámbito de la incorporación a la sociedad que los gachés (los no gitanos) han tardado siglos en conseguir o que todavía no han logrado en su plena identidad. Y en el ámbito de la mujer con mucha más razón. Hacer un análisis crítico de la sociedad española, comparándola con la de otras naciones de nuestro entorno democrático, exige trazar una línea divisoria entre lo que fue la España de la dictadura —40 años de vida sin poder ejercer las libertades básicas de cualquier democracia avanzada— y el régimen de libertades plena que tras la proclamación de la Carta Magna disfrutamos todos los españoles.

Recuerden que, en 1977, año del inicio de nuestra vida representativa parlamentaria, el 80 % de la población gitana española era analfabeta. Hoy esa lacra infame, esclavizadora de los pueblos, está entre el 10 y el 15 por ciento. Y la existencia de titulados superiores y de jóvenes universitarios gitanos supera la cifra de 600, y de ellos el 65 % ¡son gitanas! Hemos corrido y lo hemos hecho superando los obstáculos de una sociedad cerril que nos ha negado el pan y la sal cada vez que hemos pedido una oportunidad. Pero lo hemos logrado y en gran medida han sido las mujeres gitanas, las jóvenes gitanas, quienes han dado un paso adelante cuando lo tenían todo en contra. Y hasta hemos logrado que una gitana, Silvia Heredia Martín, ocupe un escaño en el Congreso de los Diputados por Sevilla. A veces incluso superando las barreras heredadas de nuestra cultura que, durante siglos, por un elemental sentido de la autodefensa, se ha negado al cambio.

Hay que seguir el ejemplo de las mujeres “payas”

Las mujeres gachás (no gitanas) deberían recordar —y algunas saber— que ellas no pudieron votar en España hasta el año 1933 en que las mujeres españolas acudieron por primera vez a las urnas en el marco de la Segunda República. El voto femenino de entonces fue decisivo. Casi siete millones de mujeres pudieron elegir por primera vez a sus representantes. Y no ha pasado tanto tiempo desde entonces.

Me gustaría que las mujeres gitanas, y de forma especial las jóvenes gitanas que hoy comienzan su adolescencia y que alcanzada la mayoría de edad se sientan en los pupitres de las universidades, aprendieran de las mujeres no gitanas que hace menos de un siglo hicieron posible el milagro, aún no del todo consumado, de lograr la igualdad con los hombres. Ellas lucharon y algunas dieron su vida, por conseguir que la ley les reconociera el derecho a votar y a ser elegidas. Con luz propia brilla el nombre de Emmeline Pankhurst, quien creó la Liga para el Sufragio Femenino. Necesitó treinta años de lucha para lograr que las sufragistas, suffragettes, lograran que en el año 1928 el Parlamento Británico aprobara que las mujeres votaran con las mismas condiciones que tenían los hombres. Y lo logró porque tuvo fe en que la lucha de las suffragettes debía conducirles, inexorablemente a la victoria.

Y en España tomaron la bandera de la liberación de las mujeres las “sinsombrero”

La reciente historia de nuestro país ofrece igualmente un ramillete de mujeres luchadoras, pioneras en la lucha política por conseguir que las españolas gozaran del reconocimiento de la igualdad jurídica ante los hombres. Sus nombres, ocultos o vilipendiados durante la dictadura, han sido recuperados a partir de la nueva época democrática de nuestro país. Clara Campoamor, quien fue diputada por el Partido Radical en 1931 fue la abanderada de la conquista del voto femenino. Y junto a ella otras españolas, destacando las que pertenecían a la generación del 27.

Cuando contemplo la lucha que desde hace tanto tiempo están protagonizando Carmen Carrillo Losada, Sara Giménez o Beatriz Carrillo de los Reyes no puedo evitar compararlas con las grandes luchadoras que dieron vida a las “sinsombrero” en el primer tercio del siglo pasado. Lo cuenta Maruja Mallo (1902) cuando refiere que un día de los años 20 se paseaba por la Puerta del Sol madrileña con otras personas y se les ocurrió quitarse el sombrero porque “quitarnos el sombrero, decíamos, que parecía que estábamos congestionando las ideas y, atravesando la Puerta del Sol, nos apedrearon llamándonos de todo”.

Carmen Carrillo Losada
Carmen Carrillo Losada

Posiblemente Carmen Carrillo Losada haya sido la primera mujer gitana que ha participado activamente en la vida pública española logrando haber sido elegida concejal del ayuntamiento de Jaén, capital de la provincia.

En el año 2006 fue descrita por la prensa nacional como una “rompedora de estereotipos”. Y lo sigue siendo porque Carmen tiene muy claras las ideas y siempre fue una mujer luchadora a pie de obra. Trabajadora incansable, siempre está dispuesta a coger el hatillo para ir a zarandear a quien haga falta en defensa de los intereses de nuestra comunidad.

“La mujer ha sido el sector más desfavorecido de la población gitana por el papel de transmisora de la cultura y valores que ejerce de una forma integral en el seno del hogar, la familia y el pueblo”, ―dice Carmen― mientras que la mujer gitana “ha sufrido doblemente el machismo imperante, por ser mujer y por ser gitana”. En un hipotético Gobierno de España, donde los gitanos tuviésemos cabida, Carmen Carrillo Losada sería una magnífica ministra de Asuntos Sociales.

Sara Giménez
Sara Giménez

Sara es abogada, natural de Huesca y hace unos días ha sido nombrada representante de España ante el Comité Europeo contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI) del Consejo de Europa. Esta joven gitana, que nació el mismo año que la democracia en España, tiene una magnífica cabeza jurídica y un corazón curtido en la lucha, desde los tribunales, por defender nuestros derechos tantas veces pisoteados o ignorados.

En estos momentos ella es nuestra representante al más alto nivel en un organismo tan importante como es el Consejo de Europa. El Comité en el que se integra es uno de los organismos de referencia del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos, por lo que, con sus propias palabras, lo que allí se diga “puede tener una gran influencia en mejorar la política estatal de lucha por la igualdad y velar por estos derechos.”

El pasado día 8 de marzo hemos visto a Sara Giménez, abogada, en el gran salón que precede al hemiciclo en el Congreso de los Diputados, rodeada de un público expectante, parlamentarios y parlamentarias de todos los grupos políticos que sin pestañear se les notaba sorprendidos y admirados por el aplomo de Sara, por el contenido de su discurso y por el orgullo con que les decía a todos “yo he nacido con una condición: ser mujer y soy gitana”. En algún momento la cámara de TV enfocó a la presidenta del Congreso de los Diputados, la señora Ana Pastor. Su mirada clavada en la persona de Sara y una incipiente sonrisa en sus labios, manifestaban que lo que decía la gitana era justo, era verdad y ¡caray! estaba siendo dicho de forma insuperable. En un hipotético Gobierno de España, donde los gitanos tuviésemos cabida, Sara Giménez sería una magnífica Ministra de Justicia.

Beatriz Carrillo de los Reyes
Beatriz Carrillo de los Reyes

Beatriz Carrillo de los Reyes es nuestra máxima exponente en un cargo dependiente de la Administración Central del Estado. El pasado mes de septiembre se constituyó el Consejo Estatal del Pueblo Gitano y Beatriz fue elegida por unanimidad vicepresidenta de este. Ya pueden agarrarse los machos los miembros del gobierno actual o los de cualquier otro que venga en el futuro, porque Beatriz no se arredrará ante nadie que ostente el poder y no cumpla con sus obligaciones constitucionales en lo que a nuestra comunidad respecta.

Ella lo tiene muy claro y así lo ha manifestado: “Debemos contribuir a fortalecer el avance de nuestra sociedad en general y la igualdad de derechos de la población gitana, en particular. Este es el compromiso, en términos generales, que debemos asumir entre todos y todas, y no sólo por una cuestión de justicia para los gitanos y gitanas españolas, sino también por lealtad a la defensa de los valores democráticos de la igualdad y la libertad”.

Déjenmelo decir por tercera vez, que soñar no cuesta dinero. En un hipotético Gobierno de España, donde los gitanos tuviésemos cabida, Beatriz Carrillo de los Reyes sería una magnífica Ministra Vicepresidenta del Gobierno.

Y para terminar

Voy a poner en boca de estas tres mujeres gitanas lo que en 1913 Emmeline Pankhurst difundió y que me gustaría que se convirtiera en el principio de convencimiento personal de nuestras jóvenes líderes: “Las mujeres gitanas hemos despertado tarde, pero una vez decididas, nada en la tierra y nada en el cielo hará que las mujeres gitanas cedan; es imposible”, y su profecía se cumplió.

  1. Juan de Dios Ramírez-Heredia, abogado y periodista. Presidente de Unión Romaní
  2. Enlaces:

Es la hora de la mujer gitana

 

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