Eternal: el sueño que no cesa

Eternal, del director Tarsem Singh (The cell, The Fall. El sueño de alexandria, Mirror Mirror), es una película de 2015 que se ve con inusitado interés en la primera parte y con creciente hastío en las dos restantes. La primera incita a pensar en ese posibilísimo utópico que te plantea. Después le pides que pare porque tu cabeza ya no da más de sí.

Eternal cartelEso que tantas veces lamentamos al hablar del genio muerto en plena juventud creativa: “si hubiera vivido 50 años más, qué obra hubiera sido la suya a la vista de lo que logró sin lograrse del todo”, Es el tema de Eternal. Yo creo que Ben Kingsley (Aprendiendo a conducir, Casa de arena y tierra, Amadeus) fue muy inteligente al dejarse usar para la primera parte y después dijo ahí os quedéis. El argumento es como sigue:

Un brillante hombre de negocios, billonario con cáncer terminal, se somete a un procedimiento médico radical carísimo que consiste en transferir su cerebro a un cuerpo sano y joven (Ryan Reynolds). Todo sale bien a primera vista hasta que lleno de dolores, drogas, alucinaciones, sueños, quién sabe si recuerdos, descubre que el cuerpo nuevo que habita pertenecía a una persona con una historia y una familia en otra parte. Esto pone su vida en peligro ya que, en este lucrativo negocio médico, no se pueden dejar cabos sueltos.

La película en su conjunto no está lograda en el sentido de ser una obra redonda en la que todo encaja y nada sobra ni falta, pero supone un gran avance en un tema que inspira respeto y distancia dramática. Un terreno en el que los científicos andan con pies de plomo, pero tantas veces soñado por los artistas, la eternidad del hombre.

No de todos, ojo, que buenos íbamos, sino de esos cerebros visionarios que tanto pueden hacer aún por la humanidad y que mueren en su momento más granado. Ésos son los que, como el ave phoénix, han de resurgir y continuar su labor sobre la tierra. Muy altruista en el fondo, auunque caro: 250 millones de dólares. Ahora bien, esto no se puede lograr sin víctimas, los métodos nada ortodoxos y el resultado más que dudoso, con las consiguientes lagunas de relleno de espacio y tiempo para hacerlo verosímil, son los que hacen zozobrar el invento.

Los dos guionistas de Eternal, los hermanos Alex y David Pastor, españoles, deben meter tijera sin piedad para aliviarla de escenas chillonas a cargo de esposas que no entienden y de niñitas empalagosas que impacientan hasta a su papi (que no lo es).

En Eternal son muchos los momentos en que te puedes dormir y, al volver, no te has perdido nada, pero la avanzadilla imaginativa ahí queda. Sin duda la primera parte es la más memorable con el enorme Ben Kingsley que es Damián, el cerebro privilegiado a preservar y cualquiera lo comprende, no hay ni que explicárnoslo, todos aplaudiendo la idea. Además, toda la vida haciendo dinero, tiene temas pendientes en la relación con su hija, etc., que pueda recuperarla, por favor.

Por suerte para este superhombre todo acaba bien. Demasiado bien para lo que era de esperar, con tal caos de afectos, culpas y logros. y hay algo más que también se sugiere de manera inquietante en Eternal: a la vista de los resultados, siempre se nos planeará la duda de si el que tenemos delante no será un trasplantado… Observadle entonces en sus dolores, sus cambios de humor bruscos, sus lagunas, su abnegación y aún así nunca sabrás si es el tuyo o es un muchimillonario que te lo robó para perpetuarse en él.

Pero hay todavía otra cosa, una frivolidad muy atractiva y que, por encima de estas profundidades, también se plantea y hasta se indica claramente, que es un gran acierto en medio de tanta zozobra: Qué será que, al entrar en la mansión de los ricos, a la mujer del pobre, con sus dudas y sus reproches a flor de piel, ¡le apetece besar al marido! ¡Que se lanza al cuello como no hiciera hace una hora en la chabola!

¿Qué tendrán esas enormes cristaleras por donde entra el verdor del jardín, y esas escaleras tan altas desde las que se divisa un salón inmenso, que hacen animarse al más reacio? Eso sí que está muy pero que muy bien visto, para qué nos vamos a engañar.

Otros secundarios que dan valor a Eternal son Mathieu Goode, en el papel de médico y Víctor Garber, en el de amigo consultor del multimillonario.

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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