Grexit y los siete enanitos

Si los PIGS perdemos la G, nos quedaremos desamparados filosóficamente.

España avaló –no es lo mismo avalar que soltar la tela- 26.000 millones de euros a Grecia y ya entonces muchos advirtieron/advertimos lo obvio: no van a poder pagar.

Cuando en 2010 la troika decidió “rescatar” a Grecia ya sabía que la deuda griega era impagable y que, pasara lo que pasara, los bancos privados europeos no iban a perder un céntimo.

Las famosas pensiones griegas, propaganda al más puro estilo “conspiración judeomasónica”, son uno de los botines a cazar: se trata de que el sistema colapse (está a punto) y Grecia asuma que las pensiones de la gente se las deben pagar los afectados vía planes de pensiones privados, o sea bisnes pa’ la banca. El “derroche” pensional griego es una falacia, por más que haya cosas raras en su sistema: solo el 14 % de los pensionistas griegos perciben pensiones de entre 1000 y 1500 €, el 63 % cobra pensiones inferiores a 650 euros y el 23 % entre 600 y 1.000.

En Grecia no hay mucho bisnes para los banqueros, pero algo hay: pensiones, sanidad e infraestructuras públicas, todo debe ir a manos privadas, las mismas manos que en 2010, a sabiendas del impago previsible, soltaron la tela para rescatar a los griegos por el expediente de quedarse con sus puertos, carreteras e industrias.

En realidad, esto es una vieja treta: lo que interesa menos es el pago de lo prestado –ya está asegurado- , lo que importa es el mantenimiento de las garantías contra el impago que se “acordaron” con el gobierno de Papandreu porque si Grecia no paga, las garantías resultan mucho más jugosas.

De aquellos días, 2011, no recordamos cosas como que la cúpula militar griega fue “prejubilada” porque el runrún de sables y la amenaza de golpe militar era palmaria. O que después de Papandreu, el último pijo de la aristocracia política griega, el BCE y los bancos alemanes colocaron al frente del ejecutivo a Lukas Papadimos, un banquero neoliberal, que legisló al dictado de sus patrocinadores y no de sus administrados.

Durante todo este tiempo los corifeos han enviado un mensaje terrible: si Grecia abandona el euro será el llanto y el crujir de dientes. Algunos, entonces, levantamos el dedo y preguntamos ¿Cómo puede ser eso si Grecia es solo el 2 % del PIB europeo? Hoy el Pib Grecia/Europa  es casi del 3 %. Las explicaciones que se dieron son tan rocambolescas como Madame Ndiferido contando el despido de Bárcenas.

La verdad es que la salida de Grecia del sistema euro solo fastidiará a los bancos y complicará la vida a los griegos, pero nada que no puedan superar porque, en dracmas o euros, simplemente no van a pagar.

Y como Tsipras no es tonto, lo primero que hace es ir a hablar con Putin –Chipre ya zascandileó con el neozar cuando la troika decidió hundirles y algo se debió negociar por lo bajini porque ahí siguen los chipriotas- y Putin, que le tiene a la Europa de Merkel una ojeriza grande, lo ha recibido como a jefe de estado, no en vano Grecia es un bastión marítimo cuya pérdida en la OTAN y en la UE harían más fuerte a Rusia en el mercado gasístico y en la hegemonía del Mediterráneo. (Esto, Moragas, explícaselo despacito al HQLEM porque no va a ser fácil que lo entienda).

Ahora Tsipras propone consultar a los griegos (es lo justo, él llegó al poder con un planteamiento claro: fuck the debt y si no puede cumplir su mandato entonces debe devolver la voz al electorado, no como HQLEM que simplemente hizo lo que le dio la gana, justamente lo contrario de lo que comprometió, mentiroso, en su programa) y las Pili y Mili de las finanzas, Merkel y Lagard, se ponen nerviosas y ordenan a sus chicos llegar a un mal acuerdo antes que permitir un funesto referéndum.

El verdadero problema es justamente ese, la salida griega de Europa y su alineamiento con Rusia, Líbano y Siria ya que tal conjunción obligará a Israel y EEUU a negociar directamente con Grecia e intentar realinearla pro domo sua. O sea, griegos, iros de UE no va a ser tan malo.

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Analista político y económico. Mis armas son las palabras y mi razón mis convicciones. Me gustan los números y la economía a la que, sorprendentemente, hasta entiendo. Sé que hay otros caminos para nadar las aguas negras de la vida y que el que nos imponen -comer basura, tragar inquina y vaciarnos los bolsillos- es el resultado de mezclar ineptos gobernantes con espabilados banqueros. Soy filólogo, soy letraherido y he vivido en Suiza, en Inglaterra y en Colombia. En España he vivido en Barcelona, en Madrid, en San Sebastián y en Cádiz y mi alma y mi carácter son castellanos: seco y claro, aunque con un sentido del humor ácido y las más de las veces corrosivo cuya primera víctima soy yo y la segunda la realidad estrambótica que me rodea. Mi ley es la opinión y prefiero construir a destruir, sumar a restar, el ruido al silencio, la furia a la calma del camarón dormido en la corriente. Amo nuestro siglo de Oro y no creo que otro mundo sea posible: estoy absoluta y completamente seguro de que es así.

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