Monuments men, la dimensión terapeútica del arte

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Monuments Men, ‘hombres monumento’, es una película estadounidense escrita, dirigida, producida y protagonizada por George Clooney en el año 2014.

cartel-Monuments-menEl título, que hace referencia a los monumentos y obras de arte en sentido estricto, nos podía llevar a considerar a su director, guionista, productor y protagonista máximo, como un monumento en sentido metafórico, pues habría que ir al Renacimiento italiano, ese que él tanto admira en la película, para encontrar a alguien que, como Leonardo Da Vinci, en un solo arte aúne tantos oficios y encima los desarrolle bien. Ése es George Clooney

Monuments men narra una aventura heroica inspirada en hechos reales sucedidos a finales de la II Guerra Mundial (1939-1945), exactamente los años que van del 43 al 45 que fueron los más críticos para el Reich; años decisivos en que los nazis, ya desesperados de lograr la solución final, se ensañan en el pillaje y la destrucción de cuanto hubiera de valor en la vieja Europa: el oro y sobre todo, el arte. El oro lo sacaban de donde fuera, también de los dientes, pero sobre todo el arte, y para ello, destruyeron museos y colecciones privadas en manos de judíos.

La acción discurre paralela a la derrota de Hitler por las tropas aliadas. Es entonces cuando salta la noticia del expolio de las grandes obras de arte europeo (grandes maestros del Renacimiento, maestros del arte flamenco) señalando una serie de obras por todos conocidas, particularmente en el mundo académico estadounidense. Un profesor, George Clooney, propone el rescate de estas obras de manos de los nazis, busca autorización y apoyos al más alto nivel y reúne a un selecto grupo de historiadores, directores de museos y expertos en arte, tanto británicos como norteamericanos, a los que se les encomienda la importante y peligrosa misión de recuperar las obras de arte robadas para devolvérselas a sus legítimos propietarios. Era una misión imposible: las obras estaban muy bien custodiadas y el ejército alemán tenía orden de destruirlas en cuanto el Reich cayera.

Del otro lado del frente, el panorama todavía era peor, puesto que el ejército soviético avanzaba con toda la intención de acabar no sólo con Hitler sino con las obras de arte que él hubiera dejado en pie. Es una carrera contrarreloj, momentos en que la necesidad de aprobación obliga a publicar resultados urgentes en el New York Times, con el consiguiente peligro para las obras y los escondites que hasta entonces eran secretos y sólo una información privilegiada podía desvelar. Aquí entra en juego una espía doble en París (Cate Blanchet). Aquellos hombres, en una carrera contrarreloj, arriesgaron sus vidas para evitar la destrucción de cientos de años de cultura de la humanidad.

Basada en hechos reales, el guión de Clooney toma como referencia la novela de Robert Edsel. No he leído la novela, pero lo mejor de la película son las historias individuales, momentos de una emoción intensa y verdaderamente dramática que el descubrimiento y la contemplación del arte en peligro suscita en tipos a los que no ablanda la guerra, ni la familia ni el dolor ajeno.

¿Puede alguien a la vista del gesto de una Madonna, obra de un pintor excelso, reconciliarse con su padre, dejar la bebida y ser capaz de dar la vida por salvar dicha imagen?

Aquí es donde se plantea si merece la pena arriesgar una sola vida humana por salvar el arte. Y como una metáfora anticipadora, la sangre se va mientras ansía volver al padre a descansar. No podía acabar sin pérdidas una historia tan extraordinaria.

Mención especial merece el reparto, con George Clooney a la cabeza, seguido por Matt Damon, Bill Murray, John Goodman, Cate Blanchet, Bob Balaban, Jean Dujardin, Hugh Bonneville…entre otros legendarios de Hollywood. La música de Alexander Desplat subraya los momentos de emoción y de intriga.

Yo le propondría a George Cloney, con esa capacidad que él tiene para concitar voluntades y apoyos, y esa vocación de implicarse él mismo en asuntos con raigambre humana (vésase Los descendientes), que se embarque en otra aventura: la de rescatar los tesoros arqueológicos del Museo de Bagdad que quedaron aplastados y tirados por el suelo, listos para el pillaje y la desaparición total, en una de las batallas o fuegos cruzados de la invasión de Irak.

Estreno en USA y España el 21 de febrero 2014

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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