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مفكرة de bitácora – Abu Dhabi EAU

Abu Dhabi, martes 18 de junio de 2013

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La bruma, esa calima que todo lo envuelve a 35 grados de temperatura, nos saluda a las cinco y treinta y cuatro de la mañana. Amanece cuando hace poco más de tres horas que el Beach Rotana Hotel de Abu Dhabi, me daba la bienvenida después de haber salido de Barajas doce horas antes.

Hay que aprovechar las primeras horas. Hay que descubrir lo que ofrece este emirato, el primero de los tres que vamos a visitar de los Emiratos Árabes Unidos. En total son siete, unidos desde hace poco más de 40 años. Jóvenes pero con mucha historia y potencial económico.

Abu Dhabi es el más grande en extensión. Sus gobernantes están empeñados en demostrar que puede convertirse en punto de referencia turística y cultural de ámbito mundial. Los seguidores de la formula 1 lo saben bien y los que llegan hasta aquí por motivos de trabajo o placer lo descubren de inmediato.

Una muestra, nada pequeña, es nuestra primera parada: el Palacio de los Emiratos, un hotel de 7 estrellas construido por el gobierno de Abu Dhabi sobre una superficie de 850.000 metros cuadrados, con suites adornadas con oro y mármol. Un Hotel para Reyes como lo calificó The New York Times. Destino de todos los mandatarios mundiales, que pueden acceder con sus vehículos hasta la puerta de sus suites, en las plantas altas.

Sheikh Zayed Grand Mosque, la mezquita blanca
Sheikh Zayed Grand Mosque, la mezquita blanca
Lámparas de cristales de Swarovski en la gran mezquita Sheikh Zayed
Lámparas de cristales de Swarovski en la gran mezquita Sheikh Zayed

No hay que ser un Rey para descubrir y disfrutar de estas riquezas. Lo comprobamos en Sheikh Zayed Grand Mosque, la mezquita blanca, tocada con panes de oro en sus minaretes y puntas de bóvedas con la media luna. Una mezquita cuyo nombre hace honor al primer presidente de los Emiratos Árabes Unidos, Zayed ibn Sultán Al Nahayan, fallecido en 2004. El comenzó a construirla y seguro que como todos los que por aquí pasan se embelesó con los cristales de Swarovski. Dentro del templo solo hay que mirar al techo para contemplar las tres maravillas confeccionadas con miles de estos trocitos de caro vidrio. Pero no es un mero monumento. El Imán reúne a los fieles cinco veces al día.

Entre los rezos lo que se puede observar no son fieles llamados a la oración, sino cientos de turistas, ellas cubiertas de pies a cabeza para poder acceder al interior. Como en otras partes del mundo, los turistas chinos son los que copan el primer lugar. Una larga hilera ante la entrada al templo para dejar nuestro calzado. El suelo de mármol quema, recibe el implacable baño del sol, la temperatura ya a esta hora ronda los 40 grados. Dentro, como en todos los interiores, el oasis del aire acondicionado, permite disfrutar de la gran mezquita.

JB-Abu-dhabi-rascacielos

Al Saadiyat. Recordar este nombre puesto que en poco tiempo será la seña de identidad de Abu Dhabi. La isla de la felicidad será referente cultural con cuatro museos, entre ellos el más impresionante Guggenheim que podamos disfrutar, de la mano de Frank Gehry se terminará en 2017. A su lado, como punta de lanza desafiando a todas las mareas de la contracultura, el Museo Nacional Sheik Zayed, el no menos vanguardista Centro de Artes Escénicas, el Louvre, con su concha de tortuga protectora y el museo marítimo. Parece mentira que apenas hace 50 años Abu Dahbi fuera un conjunto de viviendas temporales hechas de hoja de palmera en medio de la arena. No había caminos, escuelas, infraestructura…

Me marcho empujado por la prisa, pero queriendo permanecer inmóvil para ver cómo se levantan estos singulares edificios. Para ser el primero en recorrer sus pasillos y en el caso del Louvre también sus canales. El agua es protagonista en todos. No en vano aquí se insiste: sin Océanos no hay vida. Vida como la que permitió a Sorolla o a Picasso pintar los cuadros que entre otros cientos podemos disfrutar en esta Isla de la felicidad, que también acogerá viviendas, campos de golf y otras infraestructuras que la harán única.

El regreso al hotel es rápido. La comida también. Especias y manjares árabes se mezclan con Susi japonés y otras delicatessen del Rotana, en el patio, bajo una cristalera a decenas de metros sobre nuestras cabezas.

HH Sh Nahyan Al Mubarak, Ministro de Cultura
HH Sh Nahyan Al Mubarak, Ministro de Cultura

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En su palacio nos espera HH Sh Nahyan Al Mubarak, Ministro de Cultura. A las 5 de la tarde, no antes, ni después de las 6. Vamos a tomar café o té, pero no como lo imaginas. Sobrio por fuera, nada más entrar topamos con un gran salón rectangular. A los lados bancos corridos y en la presidencia cuatro sillones. El ministro en el central. Entramos e inmediatamente se levantan tanto él como las personas que le acompañan, todos con la túnica blanca. Nuestro primer saludo protocolario un apretón de manos y un intercambio de presentaciones y pocas palabras. Después, uno por uno, vamos saludando a todos los que se han levantado de sus asientos. Ocupamos el nuestro. No hay problemas para que captemos el ritual.

Poco a poco, con minutos de diferencia llegan los hombres, hoy solo vemos a una mujer, nos cuentan que son personalidades importantes del emirato. Con cada entrada todos en pie. Primero el saludo al ministro, después a cada uno de todos los presentes, incluidos nosotros. Entre tanto, con agilidad, seriedad y milimetrados movimientos, nos sirven sorbos de café primero. El movimiento rápido, enérgico y repetido que hacemos del pequeño recipiente donde bebemos indica que hemos terminado. Se lo pueden llevar.

jb-dedo-te-dulceLas presentaciones continúan, una, dos, tres, cuatro. Hoy la novedad somos nosotros, los dos periodistas, de España y de Austria que con nuestras cámaras ponemos “la nota de color”, aunque mi traje blanco se funde con el atuendo del ministro y demás personalidades.

Casi con cada nueva llegada al palacio aparecen de nuevo dos jóvenes, con la tetera en una mano y los pequeños cuencos en la otra. Ahora nos ofrecen té. Un dedo. Gracias. Bastante dulce. Nadie habla demasiado. El ministro no se dirige a todos los presentes y los congregados que llegamos a ser una treintena, tampoco mantiene una animada conversación. Otra visita, todos en pie, saludos protocolarios. Es un descanso, una muestra de respeto. Una reunión de hombres y mujeres relevantes que se repite todos los días, a la misma hora y durante una hora. Pero no todos se quedan toda la recepción. En un tiempo prudencial se levantan, saludan uno a uno y se marchan.

Al cabo de media hora, hacemos lo mismo. Salam, encantado de haberle conocido. Nos espera otra reunión no menos llamativa. Cambiamos el palacio por la Marina. Decenas de coches entran y salen casi sin pararse. Disfrutan del espectáculo con la mirada. Otros detienen sus vehículos.

Marina de Abu Dhabi
Marina de Abu Dhabi

JB-marina-abu-dhabi-ferrariBajamos. El ruido es llamativo. Nos acercamos a la orilla, como familias enteras o parejas con el móvil en la mano. Medio centenar de motos de agua hacen arriesgadas maniobras, no carreras, no. El objetivo derrapar y empapar al contrario. Solo se divierten, no tienen otro objetivo, no compiten. El barco de la policía vigila pero no interviene. Una de las motos, roja, con el caballito rampante en el chasis despunta tras el rompiente de rocas. El sol se pone y los altos edificios de la ciudad de cristal, al otro lado de la bahía, se tiñen de ámbar.

La bruma ha desaparecido casi por completo, el calor amaina, nuestro patio comedor del hotel nos espera. También el gigante de los emiratos, el más alto, el más esbelto, pero eso será mañana.

Enlace:

Cuaderno de bitácora de Javier Barrio en los Emiratos Árabes Unidos

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