63 Festival de San Sebastián: ritos satánicos con Amenábar y pedofilia eclesiástica con Larrain

Chile ha estado doblemente presente en esta apertura del festival de San Sebastián, con películas de  Alejandro Amenábar y Pablo Larrain. Ambos  nacieron en Santiago de Chile,  el primero en 1972, el segundo en 1976.

Regresion-cartelAmenábar, cuyos padres se exiliaron en 1973, ha desarrollado toda su carrera en España y firma ahora con «Regresión» su sexto largometraje, una  coproducción hispano canadiense rodada en inglés en los Estados Unidos.

El-Club-cartelEl director chileno Pablo Larrain con cinco largometrajes en su haber, forma parte de esa generación de jóvenes cineastas chilenos del interior nacidos después del golpe militar, que empezó a afirmarse en la década del 2000.

Sus carreras y sus preocupaciones son muy diferentes, pero en ambos aparece como una constante el peso de la religión y de la educación católica en su juventud. Si las dos películas que uno y otro han presentado en San Sebastián son diametralmente opuestas, tienen sin embargo en común el tema de la religión.

Regresión, o el horror satánico visto por Amenábar

Iñaki Pardo: Amenábar en la presentación de Regresión
Iñaki Pardo: Amenábar en la presentación de Regresión

«Regresión» nos habla de ritos satánicos con una  película de horror y suspense que relata la investigación de un detective tras la denuncia por abuso sexual presentada contra su padre por una joven de 17 años, que afirma ser víctima de una poderosa secta dirigida por el Diablo. Un sicólogo que practica técnicas de hipnosis para provocar la regresión de los interrogados ayuda al detective en sus pesquisas.

Una película muy hollywoodense la de Amenábar, quien busca la inspiración de su puesta en escena en los grandes clásicos de ese género que antes llamábamos películas de miedo, desde Jacques Tourneur a Robert Wise, Roman Polanski o William Friedkin.  Referencias cinéfilas, como la de «La semilla del diablo» abiertamente reivindicadas de hecho por Amenábar, quien vuelve así a ese género que desde  sus comienzos con «Tesis», de la mano de Jose Luis Cuerda, le llevó a la fama internacional.

Si en su primera mitad Amenábar consigue cautivar nuestra atención con buen ritmo y una brillante puesta en escena, al ir colocando con suspense los elementos de la intriga,  el guión se decanta después hacia el horror satánico y menos convincente resulta en cambio la autosugestión que padece el propio detective poco a poco atraído por la joven víctima.

Emma Watson, quien tiene ocho años más que la jovencita que interpreta en la película sale bien parada de la apuesta, en ese papel  de víctima propiciatoria de perversas torturas y  violaciones, pero el protagonista masculino interpretado por el actor estadounidense Ethan Hawke resulta sobreactuado en medio de tanto grito y tanta gesticulación, con endiablados efectos especiales.

Amenábar es un cineasta con mirada propia que ha logrado hasta ahora escapar a los cantos de las sirenas de Hollywood, pero su película sufre todas las influencias de ese género tan trillado por el cine más industrial. Su guión, a mi entender, carece de profundidad y no va mas allá de la charlatanería satánica y de esa obsesión sobre la autosugestión colectiva de una sociedad manipulada y capaz de creerse cualquier historia de  diablos.

Aunque se nos dice y se repite que el relato se sitúa en Minnesota, en los Estados Unidos en 1990, y se inspira en hechos reales, cuando la población de ese Estado norteamericano vivió hechos parecidos, el tema no llega a interesarme y me produce incredulidad el resultado final de esa ficción.

«El club» de los curas perdidos o la mirada crítica de Larrain

Pablo Larrain, por Gari Garaialde, en San Sebastian
Pablo Larrain, por Gari Garaialde, en San Sebastian

Con la aureola de su merecido triunfo en Berlín, ha llegado a San Sebastián el quinto largometraje de ficción  del chileno Pablo Larrain.

«El club» es una película que nos habla del polémico y escabroso tema de la pedofilia en la Iglesia católica, pero sobre todo de esa cultura de la impunidad que rodea a los abusos sexuales de menores perpetrados por obispos y prelados.

Larrain opta por hablar de ese horror que ha generado decenas de víctimas y vidas destrozadas, pero sin mostrarlo de forma explícita. Son los ingeniosos e irónicos diálogos de sus personajes los que nos hacen imaginar ese mundo de perversiones y represión sexual en el seno de una iglesia católica que sigue manteniendo el dogma del celibato y la hipocresia en las relaciones sexuales de fieles y sacerdotes.

El celibato, los abusos sexuales, el aborto, o el secuestro de recien nacidos protegido por la jerarquía eclesiástica, son temas de candente actualidad en Chile y en el mundo que pone sobre el tapete este relato.

Para evitar su condena por un tribunal penal, la Iglesia coloca en casas a los curas pedófilos, aislándolos del mundo exterior y sobre todo del contacto con la prensa. «Se diría -afirma Pablo Larrain- que la Iglesia teme más a la prensa que al Diablo».

La película se ha estrenado ya con mucho interés en Chile, pero la jerarquía religiosa guarda silencio y no reacciona, para no añadir más leña al fuego del infierno, si me permiten la expresión. Cabe recordar que entre las Iglesias evangélicas y el poderoso Opus Dei, las sectas religiosas más retrogradas están muy bien representadas en el Chile de hoy y fueron colaboradores de los militares en los días negros de la dictadura.

Un tema de actualidad y muy bien documentado, que Larrain trata con el suspense y la atmósfera de una película de género, cargada de humor negro, con una música muy apoyada y un sólido guiٕón, pues un sacerdote inquisidor llega al lugar para investigar un trágico acontecimiento.

La dirección de fotografía con un color muy gris, en ese pueblecito pesquero a menudo en la niebla, como sus opciones de puesta en escena filmando a sus personajes de cerca  con un gran angular, buscan acentuar el carácter agobiante, de esa casa en donde una monja está encargada de vigilar a cinco patéticos curas acusados de delitos sexuales.

Pablo Larrain era este viernes en San Sebastian el invitado del encuentro Desayunos Horizontes, filmado por la televisión del Festival.

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Periodista profesional en Francia desde 1976. He trabajado durante 35 años como periodista (Responsable de edición y critico de cine) en el servicio en castellano de Radio Francia Internacional. Pero también como corresponsal en Paris de diversos diarios y semanarios españoles y critico en Cine Classics (canal plus). Jubilado desde el 2013, escribo ahora en Periodistas en español y en Aquí Madrid. Miembro del Sindicato Francés de la critica de cine y de Fipresci, he cubierto numerosos festivales de cine internacionales, muy especialmente Cannes y San Sebastián. Militante antifranquista en los años sesenta, resido en Francia desde 1974, fecha en que me acordaron el asilo político. Hoy en día tengo la doble nacionalidad hispano francesa.

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