Por muchos factores de los que hoy no voy a hablar, el ser humano es muy dado a resistirse a los cambios. Mis conocimientos de sicología, sociología u otra ciencia afín, no van más allá de lo que aprendí en la universidad. Soy periodista y me encanta el aspecto gramatical y lingüístico, campo en el que he adquirido conocimientos y facilidad para escribir y para expresarme de forma oral medianamente aceptable. Algunos amigos, que valoran mi trabajo, me llaman lingüista.
Conozco su intención y no tengo dudas de que lo hacen como reconocimiento a mis esfuerzos por aportar elementos para un mejor uso del idioma español. Hay otros que no son mis amigos y, de paso, no desperdician oportunidad para tratar de minimizar mi trabajo. Ellos también me llaman lingüista; solo que su intención no es buena. En muchas ocasiones lo he dicho, y aquí lo repito: solo soy un aficionado del buen decir, que ha entendido perfectamente, que nunca se termina de aprender.
El connotado lingüista y catedrático venezolano Alexis Márquez Rodríguez (+) dijo en una ocasión que en cuanto al lenguaje, el hombre es conservador; pero «por muy dado que sea al cambio, siempre tenderá a decir las cosas del mismo modo, con las mismas o parecidas palabras, usando frases de estructura siempre igual». (Con la lengua, cuarto volumen, 1991-1992).
La apreciación del laureado profesor Márquez Rodríguez se verifica en el hecho de que, aun cuando la RAE (Real Academia Española) se esmera en publicar simplificaciones y actualizaciones para adaptar la lengua a la realidad actual, muchos son los que prefieren continuar a la antigua. Una muestra fehaciente la constituyen las palabras psicología y septiembre, que desde hace muchísimo tiempo adquirieron la doble ortografía: sicología y setiembre.
La más reciente actualización ortográfica de la que tengo conocimiento, ocurrió en 2010, lo que implica que tiene dieciséis años de vigencia. Desde ese tiempo a esta parte, la docta institución introdujo algunos cambios que muy poca gente conoce, o a lo mejor ha oído hablar del tema; pero se resiste a los cambios. Lo cierto es que esas modificaciones han permitido que muchos términos puedan usarse de dos formas, en razón de gusto. ¡Yo escribo sicología y setiembre, pues estoy seguro de que así puedo hacerlo, y podrá hacerlo todo aquel que lo desee.
Los cambios más significativos que se introdujeron en 2010 son la eliminación de la tilde en monosílabos con diptongos; la supresión de la tilde en «solo» y en los pronombres demostrativos; la tilde diacrítica en la «o» entre números, y la supresión de la autonomía de «ch» y «ll» en el abecedario. En eso se debe tener claro que no es que esos dígrafos hayan sido hayan sido eliminados, como muchos, sin el debido conocimiento, aseguran. Eso implicaría la eliminación de los vocablos que los contengan, lo cual no es posible. No deben contarse como parte del alfabeto, y eso es otra cosa.
De acuerdo con el criterio de la RAE, «palabras como guion, ion, truhan, crie, fie, lio, se consideran monosílabas a efectos ortográficos y no llevan tilde, salvo hiato, como en línea o avión». Fue eliminada la tilde sobre la «o» escrita entre cantidades. Entonces, si antes era, por ejemplo, 10 ó 20, ahora deberá ser 10 o 20.
El prefijo «ex» se escribe unido a la palabra que acompaña: exmarido, exdirector, expresidente. Deberá ir separado cuando la palabra es compuesta: ex subdirector, ex cuentadante, ex superintendente, ex contramaestre, etc. Con ese prefijo hay una gran confusión en su uso más sencillo. De eso hablé en una oportunidad, y no estaría demás que vuelva sobre el tema en algún momento no muy lejano.
La palabra solo (adverbio o adjetivo) y los pronombres demostrativos este, ese, aquel, ya no llevan tilde, incluso en casos de ambigüedad. Para disipar las dudas en este punto, es necesario que se tenga claro lo que es adverbio, adjetivo y pronombre demostrativo, pues de lo contrario seguirán apareciendo casos de uso inadecuado de la tilde.
Lo de la palabra setiembre (sin la «p») no es de 2010 en adelante, dado que ya había aparecido en otras actualizaciones. En la fecha más reciente fue ratificada la supresión de la «p» y, no obstante lo cual, cuando alguien escribe setiembre, que es una de las dos formas de hacerlo, muchos se escandalizan y señalan el error. ¡Pues, señores, no hay error; simplemente existe una forma diferente y actualizada de escribirla!
En resumen, las letras del alfabeto español son 27; los extranjerismos se escriben en cursiva, con la excepción de los que se han lexicalizado, que siguen las reglas del español. Ahora es «i» y «ye», toda vez que la distinción entre «i» latina e «y» griega desapareció. Es uve en lugar de «ve» corta o «ve» de vaca. ¡»Y sanseacabó!



