«Orwell 2+2=5» de Raúl Peck y «Calle Málaga» de Maryam Touzani

Películas que te reconcilian con la humanidad

En medio de esta actualidad histérica en la que un par de genocidas y sus cómplices arrastran el mundo al horror de la guerra, he visto esta semana dos películas de esas que me devuelven la esperanza en el ser humano.

Orwel-cartel «Orwell 2+2=5» de Raúl Peck y «Calle Málaga» de Maryam Touzani

De estreno en Francia: «Orwell 2+2=5» brillante película documental del cineasta haitiano Raúl Peck tras su paso por varios festivales llega por fin a la distribución comercial; «Calle Málaga» de la cineasta marroquí Maryam Touzani, tras su paso por Venecia en donde obtuvo el premio del público es una emocionante y generosa ficción interpretada magistralmente por la inolvidable Carmen Maura.

Una película indispensable de Raoul Peck «Orwell 2+2=5»

La situación mundial de auge del totalitarismo nazi-fascista y del totalitarismo estalinista que inspiró a George Orwell su genial novela «1984» acabada poco antes de morir en la isla escocesa de Jura en 1950, tiene hoy ecos de absoluta actualidad en este siglo veintiuno. De ello nos habla el cineasta haitiano Raúl Peck.

Como Hitler en 1939, Donald Trump y su aliado Benjamín Netanyahu han decidido pisotear lo que quedaba de derecho internacional en este mundo hipócrita llamado occidental. En tal contexto, la película documental de Raúl Peck es más que indispensable, es una urgencia absoluta a distribuir a lo largo y lo ancho del planeta, en escuelas, universidades y lugares de trabajo.

La película toma como hilo narrativo los textos o correspondencias que Orwell escribió en Escocia para advertir de los riesgos de esa anunciada distopia que tituló «1984».

El reparto del mundo entre tres totalitarismos que él anunciaba es hoy una realidad, siendo de ellos el más peligroso para la paz mundial el imperialismo norteamericano con su brazo armado el Estado genocida de Israel.

El totalitarismo chino con Xi Jimping y el ruso con Vladimir Putin lejos de defender las luchas de liberación en el mundo (aun de forma interesada) como hicieron China y La Unión Soviética en los años sesenta, han entrado ahora en el juego macabro de la globalización y parecen más preocupados de recuperar sus propias áreas de influencia, uno en Europa con la guerra en Ucrania y el otro en el Pacifico con su amenaza sobre Taiwán, que en impedir el genocidio en Palestina, las matanzas en África o las agresiones de Trump en Venezuela, Cuba y ahora la destrucción de Irán y Oriente Medio.

Las imágenes montadas con mucho talento por Raúl Peck permiten establecer el paralelismo entre pasado y presente.

La película recorre la vida del joven Orwell, (seudónimo literario que adoptó en 1933, pues su verdadero nombre era Eric Blair) cuando estuvo enrolado en el ejército británico en India, punto de partida de su concienciación antiimperialista.

Vino después su adhesión al partido laborista independiente en Gran Bretaña hasta su militancia en el Partido Obrero Unificado Marxista (POUM, partido trotskista catalán que dirigía Andrés Nin, asesinado por el KGB de Stalin) y su participación en la defensa de Barcelona durante la guerra civil española.

Su comprensión del nefasto papel del estalinismo durante la guerra civil española, del que testimonió en su obra «Homenaje a Cataluña», en la lucha contra la sublevación fascista, fue decisivo en su evolución literaria con dos obras dedicadas a la amenaza totalitaria con las que alcanzó fama internacional: «Rebelión en la granja» en 1945, y su distopia «1984» acabada en 1949.

Imágenes de archivo de la época colonial, extractos de diversas películas[1] basadas en sus novelas, imágenes rodadas en la isla de Jura, o imágenes más recientes de la actualidad (Gaza, Ucrania, Birmania, EEUU, etc.) componen este documental, cuyo esmerado trabajo de montaje da coherencia a la voz en off de Orwell y de su obra.

«La guerra es paz, La libertad es esclavitud, la ignorancia es la fuerza», el Ministerio de la Verdad que destila mentiras, odio y propaganda, son palabras que resuenan con fuerza en «1984» y que son repetidas cada día por los genocidas de hoy. El documental de Peck va dirigido a recuperar el lenguaje cinematográfico en aras de la libertad y a llamar a las cosas por su nombre, pues el silencio y la indiferencia son cómplices del horror en curso.

A los que se pretenden «apolíticos» en la vida en general como en el mundo del arte, del cine, de la cultura o del periodismo, hay que recordarles más que nunca que la libertad es poder afirmar la verdad, qué dos y dos son cuatro, aunque bajo la tortura un dictador consiga hacerte afirmar que son cinco como el héroe de «1984».

La indiferencia frente al horror es una posición política. Recuperar el exacto valor de las palabras frente al neolenguaje totalitario, recuperar la memoria histórica de los pueblos oprimidos que los neofascistas quieren borrar, es el desafío al que nos enfrentamos hoy cada día.

De nuestra resistencia colectiva e individual depende que el mundo en el que van a vivir nuestros hijos y nietos sea o no el de esa distopia. Tal era el mensaje de Orwell periodista, militante y escritor; y de él se hace eco con su talento artístico Raúl Peck. De hecho, el primer título que debía tener su novela era «El ultimo hombre en Europa» advertencia formulada en plena guerra fría en 1949, que fue cambiado por el de «1984».

1 Entre ellas las más conocidas. Son «1984» del británico Michael Radford, estrenada en 1984; y «Rebelión en la granja» 1954, largometraje de animación británico de John Halas y Joy Batchelor

En espacio aparte va pues la crónica sobre «Calle Málaga», para no hacer demasiado larga esta reseña.

Julio Feo Zarandieta
Periodista profesional en Francia desde 1976. He trabajado durante 35 años como periodista (Responsable de edición y critico de cine) en el servicio en castellano de Radio Francia Internacional. Pero también como corresponsal en Paris de diversos diarios y semanarios españoles y critico en Cine Classics (canal plus). Jubilado desde el 2013, escribo ahora en Periodistas en español y en Aquí Madrid. Miembro del Sindicato Francés de la critica de cine y de Fipresci, he cubierto numerosos festivales de cine internacionales, muy especialmente Cannes y San Sebastián. Militante antifranquista en los años sesenta, resido en Francia desde 1974, fecha en que me acordaron el asilo político. Hoy en día tengo la doble nacionalidad hispano francesa.

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