Alejados en el espacio

Cuaderno de bitácora. Octavo día del tercer mes de 2026

En la nave, en realidad toda la flota estelar, se han recibido instrucciones para que nos traslademos más allá de los gigantes gaseosos en la zona de los planetas exteriores de nuestro Sistema Solar. La flota se constituyó con el beneplácito y los recursos otorgados por las Naciones Unidas de la Tierra, y está compuesta, como bien saben, por personal que proviene de todos los rincones de nuestro planeta.

Nos quieren mantener alejados de los graves conflictos bélicos que ahora mismo se están desarrollando en la Tierra. La Flota Estelar tiene misiones sobre todo de exploración de otros mundos, de llegar donde antes nunca se había llegado, llegar hasta la última frontera del espacio conocido, o como diría uno de nuestros pioneros, el astronauta Buzz Lightyear, «hasta el infinito y más allá». Pero no dejamos de ser también una fuerza militar dotada de los mayores y más sofisticados sistemas de defensa y ataque.

Una flota de estas características, internacional, que su objetivo principal es el conocimiento y en la que las relaciones están marcadas por el consenso científico, político, social y basadas en el respeto de todas las poblaciones, creencias y orientaciones personales y sexuales, es un mal ejemplo cuando la diplomacia terrestre salta por los aires. Somos un ejemplo molesto para los sátrapas que ahora abundan en nuestro mundo, sobre todo en los países más poderosos.

La sensación en la nave es de desolación, somos un ejemplo de convivencia que conviene ocultar, y eso nos devuelve a la triste realidad del enfrentamiento entre países, entre vecinos, entre personas. Tenemos un mandato de investigación y defensa en las estrellas pero no podemos intervenir en la Tierra. Quizás si lanzáramos sobre cada país que ataca a otros y sobre esos otros que devuelven el golpe los escudos protectores que utilizamos para protegernos de los ataques espaciales, conseguiríamos encapsular y aislar a los agresores, y también protegeríamos a los agredidos evitando su respuesta violenta. Por eso nos quieren lejos, para que no intervengamos.

La comunidad internacional ha sido capaz de entenderse y crear verdaderos logros en todo tipo de relaciones, desde las espaciales hasta las sociales, pasando por las jurídicas, por las penales, por las deportivas, por las comerciales, culturales, humanitarias; en fin, en todo se fue avanzando de una manera prodigiosa, aun con sus fallos garrafales, que los hubo, hay y habrá. Pero todo eso ha saltado por los aires cuando en el poder de las potencias más importantes se han instalado iluminados en todos los sentidos.

Y lo malo es que estos iluminados han llegado al poder aupados por sus poblaciones que, por motivos diferentes que hay que analizar, han concluido que el sistema democrático está fallando, y que la ley del más fuerte es el camino para solucionar los conflictos.

Los votantes estamos atrincherados en nuestras posturas, nuestras creencias, nuestras percepciones políticas y somos incapaces de ver, ni por supuesto entender, las razones del otro, o de la otra. Somos incapaces ni tan siquiera en los deportes ver las virtudes del otro equipo o los defectos del nuestro. Ciegos nos entregamos a las causas que defienden los que pensamos que son los nuestros.

Desde la distancia que nos separa en el espacio vemos como nos estamos destruyendo, como estamos destruyendo pueblos enteros, cometiendo verdaderos genocidios, como todos los puentes que habíamos construido para relacionarnos civilizadamente están siendo destruidos, para dejar países enteros arrasados con una rabia y un rencor que deberíamos haber olvidado.

Hay voces que se levantan y denuncian estos atropellos internacionales, que claman por el respeto a la legalidad que nos hemos dado, pero son difamados, insultados, humillados. La mayoría prefiere callar, ocultarse, no sea que se molesten los poderosos y nos impongan sanciones o peor aún, nos bombardeen o secuestren a nuestros dirigentes.

Estamos ante un momento crítico en el que, o las poblaciones se levantan contra estos dirigentes sin escrúpulos, contra estos políticos agresores, contra estos seres sin humanidad o nos esperan tiempos de autoritarismo sin control en los que iremos sufriendo las consecuencias unos tras otros, y no quedará esperanza en la humanidad ni siquiera en el espacio.

Luis González Carrillo
Cordobés de nacimiento y comunero al vivir en estas tierras de Madrid desde su infancia. Funcionario de la administración local, redactor de miles de informes y comunicaciones que le han permitido ganar la concreción y claridad necesaria, eliminando todo lo accesorio, para componer poemas con la métrica japonesa del haiku, tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, habiendo editado dos libros con estas composiciones, Haikuario y En la frontera; esa misma experiencia, y sus lecturas, le han permitido comentar más de cien libros de novela y ensayo publicados en diversos medios locales. Desde hace dos años, además de seguir con el haiku, viene publicando de manera regular artículos bajo la denominación de Cuaderno de bitácora, en un claro homenaje a la serie Star Trek, consiguiendo un observatorio ideal para expresar sus opiniones sobre el presente, el pasado y el futuro de todo lo que acontece en el mundo natural, político, social o personal.

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