Europa y el desarrollo disperso de la Inteligencia Artificial (1)

La Inteligencia Artificial (IA) se ha convertido en un elemento central de la sociedad actual. Confluyen en ella aspectos muy diversos que van del desarrollo científico a la creación artística, de sus posibilidades militares al negocio global, de la sanidad pública a la educación, de la literatura a los avances industriales, mientras afecta claramente al empleo y a los derechos sociales.

También se presta a unos niveles de manipulación social y propagandística que no llegan a ser suficientemente desmenuzados.

Recientemente, la asociación europeísta Europa en Suma https://europaensuma.org/ organizó un debate con varios expertos para analizar la IA, principalmente desde el punto de vista de la Unión Europea (UE).

«En primer lugar, me pregunto si la Inteligencia Artificial (IA) es verdaderamente inteligencia. Me planteo también otras dudas sobre su impacto ante la igualdad  social, así como ante las políticas para la transición climática y la cohesión territorial de la Unión Europea (UE). Y ahí surgen, casi escondidos», dijo el presidente de Europa en Suma al introducir el acto del 22 de enero, «ciertos conflictos geopolíticos del siglo XXI que se relacionan con disputas por recursos diversos y con el desarrollo de la IA».

Город_Midjourney Europa y el desarrollo disperso de la Inteligencia Artificial (1)
Imagen de Wikipedia generada por la IA

Añadió que –por ejemplo– el agua en abundancia se convierte en un elemento vital para los centros de datos, un enorme consumo de agua, mientras sabemos que disminuye globalmente. «Y la necesitamos tanto para las ciudades como para la producción agraria y para el campo», añadió. Apuntó al momento en el que nos encontramos frente al desarrollo de la IA, pidiendo analizar las dependencias europeas y cómo continuar desarrollando su renovación tecnológica y digital, sin dañar su propia cohesión interna y la defensa de su soberanía –o por decirlo así– «la suma de sus soberanías territoriales».

El moderador, Alejandro Sacristán (AS), dio la bienvenida a todos los asistentes, así como a las demás «personas humanas, artificales y robots, si hay alguno por aquí», ironizó. Presentó a los ponentes, Liubba El Haddi Hamed (LEHH) como ingeniera de telecomnicaciones, experta tecnóloga en redes móviles y consultora de la Comisión Europea (CE), así como a Rafael Martínez-Cortiña, economista y prospectivista estratégico, analista de modelos de gobernanza y estrategia de la IA de la CE, miembro del comité científico de la Fundación Telefónica (Telos) y autor de libros centrados en la IA.

Sacristán se refirió a los dilemas de Europa frente a la IA y a su propia imagen «reflejada en un espejo». Dejó claro que ese futuro no puede olvidar ni abandonar «los valores europeos»  porque lo que vemos fuera de Europa «no nos gusta», concluyó,  apuntando al desarrollo demasiado rápido de la implantación de la IA generativa.

 El futuro de la UE puede quedar condicionado –dijo Sacristán– por lo que hagan los Estados Unidos o China, con estrategias y modelos «a veces incompatibles». Pidió esclarecer los «múltiples marcos regulatorios».

Lógica de la IA, inversiones y soberanía digital

LEHH empezó declarándose europeísta y «defensora del modelo de una Europa federal». Respondió afirmativamente a la pregunta inicial del debate: «Sí, la IA es realmente inteligente». Citó al neurocientífico Manuel Matín Loeches para hablar de la posibilidad de superar las capacidades humanas, aunque precisó que no hay que identificar siempre inteligencia y lógica como términos sinónimos: «La inteligencia no es más que la capacidad de adaptarse a las situaciones estableciendo patrones que permitan conectar causa, consecuencia, etcétera».

Según LEHH, «el ser humano no es solo una inteligencia local, hay otras cosas que nos hacen humanos». Para responderse a sí misma, LEHH sugirió mirar hacia la posición de la UE desde «la

técnica de lo que es un software y un hardware, pero también su definición más amplia que es un dispositivo de interrelaciones humanas, múltiples capas que afectan por tanto a todos los niveles de la vida».

Como en la revolución industrial, se trata de crear máquinas y mecanismos de la IA que puedan encargarse de tareas humanas.

Para LEHH, el problema es que la IA actual parece tener «objetivos puramente comerciales sin tener en cuenta otras necesidades del ser humano». Estableció la necesidad de afrontar «la situación complicada»

en la que se encuentra la UE en estos momentos. «Pero no deja de ser una oportunidad», reflexionó, tras la disgregación paulatina del marco geopolítico heredado del final de la II Guerra Mundial. Hay que optar y aspirar, dijo LEHH, «a una soberanía digital y por tanto tecnológica, que conllevan todos los retos: inversión, modelos y adopción por parte de las empresas».

Porque «la inversión privada en IA en Estados Unidos fue en 2023 de 67.000 millones de dólares.  En Europa de 11.000, seis veces menos que EEUU, con menos población que la UE». El conjunto de la inversión europea es mayor, pero seis veces menor en IA y con un papel diferente de la inversión privada con relación a la pública. Y hay fuga de dinero europeo en forma de grandes inversiones de la UE en EEUU. Por otro lado, «¿Cuántos modelos notables según la clasificación del index de Stanford hay en Estados Unidos?  Unos cuarenta modelos: no está solo ChatGPT, Gemini, hay 40 modelos notables en EE.UU., en Europa tres, en China, quince».

Entre los riesgos acuciantes, dijo que está «el hecho de que las empresas sean mucho más pequeñas, más fragmentadas, porque somos 27 países y únicamente el 13% de las empresas de la UE, están por encima de los cien empleados».  Ante esa fragmentación empresarial, Microsoft, por ejemplo, adopta de manera muy rápida porque tiene departamentos de innovación para desarollar modelos propios de IA. «En España, el 98% del tejido empresarial  son pymes», una vulnerabilidad más, dijo LEHH.

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Imagen de la Wikipedia generada por IA.

Las dependencias de la IA europea, el empleo y el control social

En su primera intervención, Rafael Martínez-Cortiña (RCC) empezó advirtiendo que la IA europea tiene una parte positiva (da seguridad jurídica) y otra negativa: «Imagínense ustedes que China tuviese que acordar su ley de IA con 27 estados para acordar exactamente la misma norma».  Sin embargo, en los EEUU se ha aprobado un centenar de normas de IA porque Donald Trump no quiere regularlo del todo, para beneficiar a las empresas.

En el caso de China, se regula para controlar la sociedad, la UE trata de hacerlo desde una cierta perspectiva humanista: para la libertad, igualdad, el estado de derecho, la democracia y el respeto a los derechos humanos.

En el lado negativo, debemos anotar que «según un reciente informe del Parlamento Europeo, nuestro déficit digital es de 263.000 millones de euros al año que van a crear empleo, investigación y desarrollo en EEUU. Si fuéramos capaces de bajar un 15% ese déficit crearíamos medio millón de puestos de trabajo en la UE relacionados con la IA.»

RCC hizo una pregunta retórica al público: «¿Quién de ustedes utiliza una IA generativa hecha en Europa?» Los europeos compraron el año pasado 163 millones de móviles, sólo el uno por ciento era de origen europeo. Los demás eran asiáticos y norteamericanos. Resaltó la dependencia digital de EEUU.

Y sin embargo, RCC destacó en el aspecto positivo de la UE «una gigantesca producción científica mejor en calidad y en cantidad que los EEUU», mediante una investigación científica universitaria sin precedentes, «como no lo han hecho nunca». ¿Negativo? No hay un enlace adecuado entre el laboratorio y la factoría. De ahí el impulso de un plan de acción contenido en el AI Continent Action Plan COM que establece «estrategias de inversión, miles de millones en giga factorías». Pasos para mejorar. Es una maratón, no una carrera de cien metros.

El moderador del acto dio entonces paso al vídeo de una entrevista con Ramón López de Mántaras Badía, sabio científico que lleva medio siglo dedicado al estudio de la IA, quien volvió a responder a la pregunta inicial del debate:

Tengo serias dudas que puedas llamar inteligente a algo que simplemente pues da la sensación de serlo. Detrás hay algoritmos muy complicados, desarrollados por gente realmente inteligente. Y sí, también millones de personas trabajando en condiciones deplorables para que la IA funcione.  No es inocuo, en absoluto, creer que estás conversando o interactuando con algo inteligente y consciente, no es inocuo, todo lo contrario. El titular:  OPEN IA, chat GPT,  la última versión 5 punto no sé cuánto ya es consciente. La gente se lo cree, todo el mundo se lo cree.

LEHH describió la IA desde su perspectiva feminista por un determinado «sentido ilustrado y muy masculino, como elemento omnicomprensivo de lo que es el ser humano, cuando el ser humano para mí es más y,  como madre lo entiendo perfectamente, hay unos instintos, un sistema límbico que está siendo muy estudiado, la conciencia obviamente no.  La IA no tiene conciencia porque no es un organismo vivo, sino un artificio creado por el ser humano».

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Robot humanoide controlado por IA. Imagen tomada de la Wikipedia.

LEHH asumió que la IA integra tecnologías ya presentes y computación cuántica, sin que llegue a superar «la capacidad de raciocinio y de lógica del ser humano». Sin embargo, añadió que los seres humanos son algo más que eso;  y por ello no es inocuo, porque supone riesgos: «Está por un lado el hecho de que puede pensar por nosotros, y además, que pueda actuar por nosotros en ámbitos profesionales o personales. El riesgo es esa creencia de que realmente puede sustituir al ser humano en toda su complejidad».

Paco Audije
Periodista. Fue colaborador del diario Hoy (Extremadura, España) en 1975/76. Trabajó en el Departamento Extranjero del Banco Hispano Americano (1972-1980). Hasta 1984, colaboró en varias publicaciones de información general. En Televisión Española (1984-2008), siete años como corresponsal en Francia. Cubrió la actualidad en diversos países europeos, así como varios conflictos internacionales (Argelia, Albania, Kosovo, India e Irlanda del Norte, sobre todo). En la Federación Internacional de Periodistas ha sido miembro del Presidium del Congreso de la FIP/IFJ (Moscú, 2007); Secretario General Adjunto (Bruselas, 2008-2010); consejero del Comité Director de la Federación Europea de Periodistas FEP/EFJ (2013-2016); y del Comité Ejecutivo de la FIP/IFJ (2010-2013 y 2016-2022). Doce años corresponsal del diario francófono belga "La Libre Belgique" (2010-2022). Presidente de la asociación Europa en Suma (2026).

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