Asegura que solamente bombardeó los objetivos militares de la isla de Kharg (o Jarg, según su pronunciación en español), clave de la exportación del petróleo iraní, que habrían sido «completamente destruidos». Donald Trump lo anunció el viernes 13 de marzo.
Fue su victoria (?) del día: un anuncio más de la desquiciada propaganda de Washington, que nos autoriza a recordar aquel viejo dicho de la militancia leninista: de victoria en victoria, hasta la derrota final.
Por cierto, esa pequeña isla (de 24 kms2) ha pasado por las manos de varias naciones desde tiempo inmemorial, lo que nos sugiere la histórica fugacidad imperial que Trump y sus consejeros ignoran del todo. Por ejemplo, y para empezar, Kharg, la isla clave del petróleo iraní, estuvo bajo control y soberanía de Portugal entre los siglos XVI y XVII, cuando ya era un puerto decisivo de los intercambios comerciales de entonces entre los imperios de aquel tiempo. https://www.publico.pt/2026/03/14/mundo/noticia/tamanho-gigante-importancia-kharg-ilha-petroleo-iraniano-2167907#
A estas alturas, está claro que los objetivos estadounidenses e israelíes pueden ser distintos, pero da la impresión de que –en la Casa Blanca– el círculo más próximo a Trump todavía no es consciente de ello. Y no hay una puerta que puedan abrir de repente para salir al aire fresco.
De momento, la opinión pública de Estados Unidos, incluyendo franjas de la opinión más conservadora y del propio Partido Republicano que lo votaron, está alejándose de modo paulatino de la adoración tradicional, incondicional, al Israel histórico-bíblico (o sionista) que han apoyado rutinariamente y de manera servil. Según un sondeo reciente de NBC News, un 55 por ciento de los estadounidenses mayores de 65 años sigue teniendo una visión positiva de Israel; mientras que ese porcentaje baja al 37 por ciento entre los que tienen 64 años o menos. Entre los menores de 34 años, los que ven con buenos ojos a Israel apenas son el 13 por ciento.
Mucha, quizá la mayoría de la gente en Estados Unidos, se está empezando a dar cuenta de que quien les lleva de la mano es solamente el Israel enloquecido que preconiza el gobierno de Benjamin Netanyahu, ese acusado de genocidio y crímenes de guerra que desafía al mundo entero.
Ayer, la furia de los ataques israeloestadounidenses se concentró en el pequeño terreno que ocupa Kharg, esa isla situada al norte del Golfo Pérsico (Arábigo, según otros), que acoge –o acogía quizá– la mayor terminal de exportación petrolera de Irán. Nueve décimas partes del petróleo iraní sale –o salían– desde ahí hacia el estrecho de Ormuz. Se trata de una estrecha vía marítima no muy ancha (30 kilómetros en la parte más espaciosa, cuatro en el tramo final, en su desembocadura), que termina teniendo además una profundidad mínima, donde la navegación, incluso en tiempos de paz, no es para novatos.
No es fácil para los mayores buques petroleros. También resulta muy difícil para cualquiera estructurar y organizar convoyes de navíos militares de protección: apenas caben unos pocos barcos, menos que pocos si se trata de superpetroleros. Y aunque Trump anticipa esa protección de su marina militar, los altos mandos militares de su país saben que no será tan sencillo. También se han encontrado con un rechazo tajante a su invitación para varios países aliados se unieran a su despliegue en la ‘boca del lobo’ (o de Ormuz, como deseen).
Incluso Trump no ha podido anunciar que navíos militares estadounidenses escoltarían de inmediato la salida de los buques petroleros que salieran desde dentro del golfo Pérsico hacia la salida, hacia el estrecho de Ormuz, una vía imprescindible para los buques cargados de petróleo iraní (y no sólo iraní).

Entretanto, lo que queda del régimen religioso opresivo de Teherán no tiene tampoco el horizonte despejado, así que dispersa sus ataques y esconde sus fuerzas y sus armas. Sobreviven. Quizá los clérigos de Teherán, reducidos a una vida de topos, hayan visto reducida su capacidad de respuesta militar, pero la mantienen de manera más que suficiente para continuar con su política represiva y para seguir apoyando el caos en la región. Y más allá: en los mercados mundiales del crudo, en la economía planetaria.
Por añadidura, «los consejeros de Trump en Washington deberían haber aprendido ya que se puede bombardear, y hacer añicos un país entero lanzando bombas desde el cielo, y a largo plazo no llegar a vencer en una guerra», dice Eduardo Porter en el diario The Guardian (https://www.theguardian.com/profile/eduardo-porter).

El sábado 14 de marzo, Trump ha hecho un llamamiento a otras potencias (Reino Unido, Francia, China, entre otros) para colaborar en la zona en la protección de los petroleros y del comercio internacional. Resulta absurdo, pero Trump sabe que ha sido él mismo quien ha desencadenado esa guerra (con Benjamin Netanyahu) para la que ahora pide ayuda a los demás. Empieza a intuir que no tiene salida fácil.
Hace un día, Donald Trump ha improvisado el fin del embargo al comercio de petróleo ruso en el mundo, donde fluirá de nuevo de la mano de la política aventurera de Washington: el Kremlin puede dar las gracias por ese balón de oxígeno que le permitirá respirar mejor en el frente de Ucrania. ¿Cómo queda la Europa que cambió su política energética tras la invasión de Ucrania?
«Suavizar las sanciones fortalecerá la posición de Rusia, que está gastando el dinero que gana en comprar armas, y todo eso lo está usando contra nosotros [los europeos]», ha declarado el presidente francés Emmanuel Macron. https://elpais.com/internacional/2026-03-13/la-ue-rechaza-la-decision-de-estados-unidos-de-levantar-las-sanciones-al-petroleo-ruso-de-forma-parcial.html
En vísperas del ataque a Kharg, escribimos conjuntamente con la profesora Aurelia Mañé Estrada (Universidad de Barcelona) un análisis en el que ya se anticipaban algunas de las consecuencias actuales del más que evidente aventurerismo trumpiano.
Pero no hay nada que Trump no pueda empeorar de repente.
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Análisis en el siguiente artículo publicado en la web de la asociación europeísta Europa en Suma: https://europaensuma.org/general/993-petroleo-y-guerra-seguridad-geopolitica-o-control-del-crudo



