Hay personas que sin ser ni pretender ser eruditos en la materia, manejan con gran facilidad el lenguaje que emplean, pues han entendido lo crucial que es una comunicación que permita efectividad.
Están convencidas de la importancia de leer con frecuencia, consultar buenos diccionarios y poner en práctica las reglas básicas sobre las palabras por la índole de la entonación (acentuación) y puntuación. Solo de esa manera es posible que lo que se escriba sea entendido.
Afortunadamente, existe una considerable cantidad que se distingue por su buena escritura; pero hay otras que «sobresalen» por su redacción enrevesada, que solo por adivinación podrá entenderse lo que desean expresar.
Las redes sociales están plagadas de esas que, aun cuando se ufanan de sus títulos de grado y posgrado, desconocen los elementos esenciales de la gramática y la ortografía.
Lo peor de todo eso es que, cuando alguien les hace la observación sobre lo inadecuado, sacan a relucir los «pergaminos» o le echan la culpa al teléfono o al ordenador (computadora).
Es prudente acotarles que ni el teléfono ni la computadora corrigen; solo subrayan palabras cuando a veces están mal escritas o en casos en que cierto y determinado vocablo no está en su registro del procesador.
Deben tener presente que el subrayado tampoco es un efecto especial ni un adorno, sino una advertencia para revisar lo que se ha escrito.
Hace ya varios años escribí sobre la sustitución de la conjunción copulativa «y»; pero lo hice de manera muy superficial. Hoy ahondaré al respecto, motivado por la frecuente aparición de casos en los que algunos redactores la sustituyen de manera incorrecta.
Hay dos formas de hacerlo, y las mostraré para que las dudas puedan ser disipadas.
En la educación primaria y en la secundaria se enseña que la referida conjunción se sustituye por «e» cuando la palabra siguiente comienza con el sonido «i» (o «hi»): «inteligente e ingenioso», «padre e hijo», «Geografía e Historia».
Se mantiene cuando le sigue diptongo: «vitaminas y hierro», «refrescos y hielo», «frutas y hierbas».
Ese cambio debe hacerse para evitar la cacofonía, que no es otra cosa que la repetición desagradable de sonidos, sílabas o fonemas.
Y ya que les he hablado de cacofonía, les aclaro que no es del todo mala, pues de manera intencionada puede usarse para generar humor; pero si ese no es el caso, entonces es preferible evitarla.
Eso de vitaminas y hierro me recuerda el caso de un locutor y periodista a quien lo estimo por su dedicación en el buen manejo del lenguaje oral y escrito; pero a veces se empecina en defender situaciones que a todas luces están viciadas.
Desafortunadamente, su argumento es débil, pues está fundado en un parecer muy personal de él. El aludido comunicador social insiste (sin éxitos) en demostrar que la forma correcta es «vitaminas e hierro», pero no puede ni sabe justificarlo.
Otra insistencia del mismo personaje es cuestionar el adjetivo relevancia, pues considera que desde tiempos inmemoriales se lo utilizado de manera inadecuada.
Advierte que la apropiada es «relievancia», quizás porque en Colombia, Ecuador y Perú, en algunos pequeños estratos sociales de esos países es usada frecuentemente.
Tal vez otra de las razones sea el hecho de que el término en cuestión tenga más parecido fonético con relieve, que el que tiene relevancia.
Entonces, que los colombianos, ecuatorianos y peruanos (no todos) sigan con «relievancia», que los de esta parte del globo terráqueo se quedarán con relevancia.
Y si la frase vitaminas y hierro se le complica, lo recomendado es que invierta el orden de los sustantivos: hierro y vitaminas, ¡y ya!
En el otro caso de la sustitución de la «o» por la «u», se aplica el mismo criterio que con la «e»: «mañana u hoy», «minutos u horas», «unos u otros», «ordenar u organizar», «setecientos u ochocientos», «circulares u ovalados», etc.
Sobre este aspecto me ha llamado poderosamente la atención la aparición frecuente de frases como «padres u hermanos», «ocho u nueve», «oscuro u claro» y otras situaciones que evidencian que el asunto no es manejado con facilidad.
Lo cuestionable es que quienes incurren en ese despropósito son personas profesionales, entre las que hay muchos educadores y abogados. Sería saludable que este aporte les sirva para que puedan manejar ese punto de manera correcta.
¡Esa ha de ser la actitud!


