El título de esta crónica se me ha ocurrido pensando en Raúl Ruiz. Una vez respondiendo a los que se preguntaban sobre la nacionalidad de sus películas, el cineasta chileno me dijo a propósito de Ce jour la (2002): «Podemos decir que es una película suiza de Raúl Ruiz». De hecho, figuró bajo pabellón suizo en el festival de Cannes, pero lo importante es que era una película de su autor, aunque impregnada en ese caso de cultura helvética.

Pues bien, en la filmografía de Jaime Rosales esta coproducción franco española, no ya por el lugar de rodaje que hace de la ciudad de Morlaix un personaje central, sino por sus referencias cinematográficas, es una película muy francesa. Se trata de su primera película rodada en Francia y en francés.
Las influencias cinematográficas y literarias de Jaime Rosales son sin duda múltiples, y él mismo afirma que la principal inspiración en este caso le vino de la lectura de Schopenhauer, de su reflexión sobre el mundo como voluntad y representación o la vida considerada como una pura representación.
Sus diálogos entre adolescentes sobre el amor, la muerte y el sentido de la vida, o la caracterización de sus jóvenes intérpretes, tienen un perfume que me hace pensar sin embargo en los cuentos morales de Eric Rhomer, en la nouvelle vague; y en varios maestros del cine galo.
No esconde de hecho Jaime Rosales su pasión por el cine francés y en particular por grandes cineastas como Rhomer, Jean Eustache o Robert Bresson.
«De forma inconsciente, reconoce Jaime Rosales, he pensado probablemente en «la Jetée» de Chris Marker, una de las grandes películas de la historia del cine. La manera de abordar la fotografía viene seguramente de ahí. Esa manera del héroe de enfrentarse a la propia imagen de su muerte, no era deliberada. Pero al ver de nuevo la película si encuentro que hay una relación con esa película. Inconscientemente esa idea estaba en mi cabeza».
La sinopsis es simple en apariencia: Gwen, una joven fragilizada por la muerte de su madre, busca difícil consuelo con su novio Thomas y su grupo de amigos estudiantes preuniversitarios, pero la llegada de Jean Luc, atractivo joven parisino, va a ser como un detonador que perturba las relaciones del grupo.
Insatisfecha de su relación con Thomas, Gwen, quien sueña con salir un día de la provinciana ciudad de Morlaix y pasar la dolorosa página del duelo materno, se va a sentir atraída por ese joven idealista que proclama su amour fou por ella en sus escarceos amorosos.
El romanticismo de Jean Luc, quien cual poeta maldito parece venido del siglo pasado, se alza aquí contra el pragmatismo y los valores de esa juventud actual en una pequeña ciudad bretona. Cruce de miradas, y de sentimientos que da lugar a una deliciosa e interesante reflexión existencial sobre el Destino con el que cada cual termina acomodándose.
Todo empieza con una imagen del viaducto de Morlaix, ciudad del Finisterre bretón, en donde se desarrolla la doble película que vamos a ver. Sus personajes van en un momento dado a visionar en el Rialto (viejo cine de Morlaix que cerró definitivamente sus puertas en 2025) la propia película en la que han actuado. Los jóvenes protagonistas del comienzo van a llegar a la edad adulta tras asistir a ese laberinto de sus historias sentimentales, sus deseos y frustraciones.
De tal modo que el espectador no sabe nunca a ciencia cierta si lo que está viendo es la ficción de una película que se llama Morlaix o la realidad de esos personajes que observan sus propias vidas o lo que estas hubieran podido ser. Las secuencias entre ficción y realidad se van superponiendo unas a otras como en una muñeca rusa.
Sin establecer de forma clara la época en que se desarrolla la acción, podemos deducir que nos encontramos al comienzo del presente siglo al empezar, y en nuestros días al terminar. Una opción deliberada que confiere a su relato y su reflexión una lectura universal.
Jaime Rosales demuestra una vez mas que es un excelente guionista. El final, que no revelaremos aquí, deja a cada cual libre de su propia interpretación sobre esa historia en donde la ligereza de los amores adolescentes se entrelaza con la gravedad de su reflexión sobre la muerte y el sentido de nuestra vida. En cuanto a la realización en cada una de sus películas busca nuevos recursos formales para salir de caminos demasiado trillados.
En sus opciones de puesta en escena, Rosales opta una vez más por el riesgo y la experimentación, por la mezcla de formatos en la filmación, por pasar del color al blanco y negro según lo exige a su juicio la dramaturgia de la narración. Dos versiones de Morlaix y dos finales diferentes son propuestos en esa película en el interior de la película, a veinte años de distancia.


Cabe destacar también un formidable hallazgo en su casting coral e individual. De los amores adolescentes a la vida adulta, el personaje de Gwen es interpretado por dos actrices que tienen un aire de familia, la joven Gwen es Aminthe Audiard; y la adulta Gwen está a cargo de la ya veterana Mélanie Thierry. Ambas excelentes como el resto del reparto.
El joven Jean Luc está interpretado por Samuel Kircher, prometedor protagonista entre otras de El verano pasado 2023 de Catherine Breillat, o más recientemente de La danza de los zorros de Valery Carnoy, 2025.
Jaime Rosales guionista, director y productor catalán, se dio a conocer en la quincena de realizadores del festival de Cannes con su primer largometraje rodado en Cataluña, Las horas del día, original e inquietante thriller, premio de la Fipresci en 2003, galardonado asimismo en los premios Goya.
En 2007 regresó al festival de Cannes en la sección «Una cierta mirada» con su película La soledad, un drama que transcurría en Madrid, retrato cruzado de dos personajes femeninos. Los premios Goya le reconocieron como mejor realizador y mejor película del año.
Un año después presentó en el festival de San Sebastián su tercer largometraje, Un tiro en la cabeza (2008), sobre el muy controvertido tema de la violencia de la organización independentista vasca ETA. Su atrevida y experimental propuesta cinematográfica provocó inevitablemente división social. El guion se basaba en un atentado de Eta contra dos guardias civiles acaecido en la ciudad francesa de Capbreton.
En 2012, de nuevo en Cannes, presentó Sueño y silencio, un drama rodado con un equipo de actores no profesionales. En 2014 volvió Rosales a Cannes con Hermosa juventud, la historia de dos jóvenes enamorados que se enfrentan a la precariedad económica en España. Reincidió en 2018 en ese mismo festival con Petra, una brillante tragedia bien acogida por la crítica en España e incomprendida por la crítica en Francia. En 2022, su película Girasoles silvestres, un drama humano y social que evocaba la difícil vida sentimental de una joven madre soltera con dos niños pequeños fue nominada en los premios Goya.
Como en Girasoles silvestres o en Hermosa juventud, vuelve ahora con Morlaix (2025) a interesarse en los problemas de la juventud, pero en esta ocasión se aleja de todo tratamiento sociológico o social para proponer una reflexión más existencial, al mismo tiempo inteligente y lúdica.
«No me he interesado en esta película por los problemas sociológicos –explica Jaime Rosales– como el dinero, la vivienda, el trabajo o las relaciones de los jóvenes con sus familias. Lo que me interesaba era plantear cuestiones conceptuales, metafísicas o filosóficas».
«Morlaix» se estrenó en Francia el 15 de abril de 2026;



