¡Las impropiedades más frecuentes! (1)

Casi nunca utilizo la palabra error para referirme a casos de lenguaje en los que hay faltas de todo tipo, pues dicho vocablo tiene una carga expresiva fuerte que, lejos de motivar, pudiera causar terror, lo cual es contraproducente, dado que, en vez de corregirlos, la persona que incurra pudiera sentirse ofendida, humillada y, en tal sentido, se aísle y no procure deshacerse de ellos. Prefiero hablar de impropiedades.

Decirle a alguien que tiene errores ortográficos conlleva riesgos sociales y sicológicos, pues aunque la intención de quien corrija sea noble, pudiera interpretarse como malsana, lo cual acarrearía reacciones defensivas que desembocarían en cosas y en casos desagradables. Aunque por lo general no son errores, sino horrores.

A mí se me ha señalado de no aceptar correcciones, lo cual es cierto. Lo que no acepto es que alguien, sin el debido conocimiento, pretenda dictarme cátedra de lo que no sabe. ¡Claro que acepto las correcciones, sugerencias y recomendaciones; pero estas deben estar bien fundamentadas, pues de lo contrario no pasarían de ser una necedad de alguien que cree que sabe.

Los más de cuarenta años que llevo escribiendo sobre asuntos gramaticales y lingüísticos me permiten mostrar un compendio de las impropiedades más frecuentes.

Algunos autores han elaborado listas en las que aparecen las que más se repiten, como la falta de tilde, la confusión con las palabras homófonas: tubo/tuvo, a ver/haber, hechar/echar, vaya/valla/baya, haya/halla/aya y otros casos a los que siempre les he dedicado varias entregas, las cuales han servido para aclarar dudas y para hacer que muchas personas hayan adquirido soltura en la escritura y en la expresión oral, lo cual no implica que deban creerse eruditos, pero sí podrán sentir la satisfacción de saber escribir.

Para escribir bien y hablar de mejor manera, lo digo una vez más, no se necesitan grandes conocimientos, sino tomar en cuenta la importancia que comporta el hecho de hacerlo para el público, y en virtud de ello, poner en práctica los conocimientos que se adquieren en la educación primaria, en la secundaria y en la universitaria, máxime si se es educador, periodista o se ejerce un oficio en el que siempre estarán presentes la escritura y la expresión oral.

Aunque la lista de impropiedades es larga, voy a referirme a dos situaciones que, en mi opinión, son las más comunes hoy día, como la ausencia de la coma y el mal uso de las letras mayúsculas.

En cuanto al mencionado signo de puntuación, del que he perdido la cuenta de las veces que le he dedicado artículos, debo decir que, de buenas a primeras, podría tornarse complicado; pero si se le presta la mayor atención, podrá notarse que no es tan enrevesado como a algunos les parece. Existen reglas y otros mecanismos para su uso adecuado.

Hay autores que han creado listas, y por eso a veces aparecen publicaciones con «los cinco», «los diez» o más usos de la coma. En unas ocasiones coinciden los criterios y en otras no; pero en el fondo la intención es procurar que las personas a las que les gusta la escritura, puedan manejar el asunto con facilidad. Hay usos fáciles de captar, y hay otros no tanto, por lo que es indispensable prestarles la debida dedicación. Debe tenerse presente que la coma no es una simple pausa, como muchos creen. Es un signo que le da sentido a lo que se escribe, cuando es bien utilizado, claro está.

Les mostraré seis tipos de coma, señalados como los principales: enumerativa, vocativa, explicativa o inciso, elíptica, conectores y expresiones e hiperbática, con los que podrán disiparse muchas dudas.

Enumerativa: separa los elementos de una serie: azúcar, cacao, leche y pan. Es el tipo de coma más sencillo; pero muchos redactores no lo utilizan o, en el peor de los casos, no saben utilizarlo.

Vocativa: aisla el nombre de la persona o cosa personificada, de la persona a la que se dirige el mensaje: «Juan, ven por favor»; «Buenos días, señores»; «Escucha, Juan, lo que te digo». Puede ir al principio, al final o en medio de la expresión, tal como lo muestran estos tres ejemplos.

Explicativa o inciso: sirve para delimitar aclaraciones o aposiciones dentro de una oración: «Juan Camilo Zapata y Juan Manuel Cuesta, jugadores colombianos, fueron los autores de los goles de la UCV ante Independiente del Valle en la Copa Libertadores de América 2026».

Conectores y expresiones: se utiliza antes o después de conectores, como: es decir, sin embargo, por consiguiente, en consecuencia, finalmente, etc.

Elíptica: sustituye a un verbo mencionado anteriormente, para evitar repeticiones: «María estudió Medicina; Pedro, Derecho».

Hiperbática: Cuando se altera el orden lógico de la oración (sujeto + verbo + complemento) y se antepone un complemento: «Aunque no te guste, tendrás que hacerlo».

David Figueroa Díaz
David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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