Según una investigación del semanario L’Obs (anteriormente Le Nouvel Observateur), que recoge en el digital Rue 89 su fundador Pierre Haski (durante muchos años corresponsal del diario Libération en China), en las afueras de París existe un centro secreto chino de escuchas por satélite, desde el que se estaría espiando una parte de las comunicaciones entre Europa, Africa y Oriente Medio. El autor de la información se pregunta por qué las autoridades francesas lo permiten.

El recinto de algo más de una hectárea cuenta con campo de tenis, aparcamiento y dos inmuebles de tres plantas rematadas con “tres inmensas antenas parabólicas”, la última de las cuales, de más de cinco metros de altura, es totalmente nueva”. Según Vincent Jauvert, el reportero que ha escrito la información de L’Obs, “en la entrada hay cámaras de vigilancia pero ninguna placa. El timbre no funciona y en el número de teléfono que figura en la guía nunca responde nadie”. Nueva pregunta del autor: ¿para qué sirve este extraño anexo?
Según los “servicios” franceses, dice el texto (se supone que serán los servicios secretos o de inteligencia del Estado, que serían los únicos capaces de responder sobre la instalación) se trata de una dependencia que desde hace poco alberga un centro secreto de escuchas por satélite. Y según lo que se define como “una fuente fiable”, el centro depende del equivalente de la NSA estadounidense, el APL-3, lo que significa Tercer departamento del estado mayor del Ejército Popular de Liberación chino. Para un especialista consultado por el semanario, probablemente dos de las antenas sirven para escuchar y la tercera para transmitir a China las escuchas.
La señora Li, agregada de prensa de la representación china en París, ha dicho que el anexo de la embajada es un «servicio logístico” y “las antenas sirven para las comunicaciones”. O sea, nada.



