Proposición modesta para las izquierdas no orgánicas

Unirse, ya que aceptan las reglas de la democracia, y votar conjuntamente con un único objetivo: liberar a la mayor parte de la población de la esclavitud y alienación de que es víctima. Terminar con el dominio de quienes -empleen las palabras que empleen- no dejan de ser siervos de los explotadores nacionales e internacionales: PP y su aliado Ciudadanos, y PSOE.

Eliminar el control sobre la información y la cultura del ocio. Impedir que los rostros y las palabras que van de Rajoy y Guindos a Cospedal y Montoro, o el nuevo, Rivera, vuelvan a ser visibles y audibles para ningún ciudadano, ni tampoco posibles recambios como los de Sánchez, Susana Díaz y sus correligionarios, desde Felipe González a los sucesores de hoy.

Ocupar el poder significaría al menos liberar las conciencias, crear pautas para que se recupere la libertad de pensar y a partir de ahí buscar formas de emancipación del mundo que a través de la herencia -la iglesia católica, los poderes públicos, el poder de los bancos, las costumbres y tradiciones de toda índole- nos esclavizan. Con la desunión se apuntala el sistema explotador y esclavista, el que no sólo corporal sino también mental, se impone a los ciudadanos. Porque el FMI y demás secuaces, junto al imperio norteamericano, son los que dictan las reglas del juego y para cambiarlas se ha de comenzar por derribar, terminar con sus capataces negreros. Los partidos y sindicatos instalados entre ellos aceptan, funcionarialmente, su pequeño poder para no combatirlos. Claro que hablamos desde el sueño y la utopía, pero es que, al menos, no nos conformamos con la realidad.

Esta unión de las izquierdas ha de comenzar por el reconocimiento de su existencia, y no por palabras embaucadoras de quienes piensan que lo importante es atraer los votos de gentes, tengan la ideología que tengan aunque busquen el tipo de sociedad represiva, autoritaria y dependiente de los explotadores como la vigente. No, no se trata de ocupar parcelas de mayor poder en un parlamento en el que la mayoría hace lo que le da la gana, sino de poner las bases para «transformar» lo antes posible la maldita sociedad en que vivimos y la seudodemocracia que la ampara.

Porque lleva razón Umberto Eco cuando escribe sobre el pueblo y la gente y la desunión de las izquierdas:

El «pueblo» como expresión de una única voluntad y de unos conocimientos iguales, una fuerza casi natural que encarna la moral y la historia, no existe. Existen ciudadanos que tienen ideas diferentes (…) Apelar al pueblo significa construir una ficción, teniendo en cuenta que el pueblo como tal no existe, el populista es aquel que se crea una imagen virtual de la voluntad popular. (…)  

Las izquierdas de todo el mundo se han dedicado siempre a luchar contra sus herejías internas, anteponiendo las exigencias de esta lucha fratricida a la batalla frontal contra el adversario.

Yo subrayaría por otra parte que en los últimos tiempos algunas de esas llamadas izquierdas buscan más que mantener sus diferencias mantener sus burocracias

Civilización y mascarada

No es algo que no vieran y trataran en sus ensayos filósofos y pensadores auténticos. Hace ya más un siglo escribía Schopenhauer:

Nuestro mundo civilizado no es más que una gran mascarada. Encuéntranse allí caballeros, frailes, soldados, doctores, abogados, sacerdotes, filósofos y no sé que más aún. Pero no son lo que representan; son simples máscaras, bajo cuyos disfraces se ocultan la mayoría de las veces buscadores de dinero. Éste se pone la careta de la justicia y del derecho, con ayuda de un abogado, para ofender mejor a un semejante y al otro, con el mismo fin ha elegido el antifaz del bien público y del patriotismo; el de más allá el de la religión, de la fe inmaculada.  

Desde la fotografía a los modernos medios de comunicación icónicos, la civilización se ha convertido cada vez más en virtual, adopta máscaras profundas para encubrir la realidad, los seres humanos se uniformizan intentando encontrar acomodaticios objetivos e intereses -el dinero del que habla Schopenhauer-, primarios y explotadores unos, sumisos, conformistas, semiesclavizados los otros, que son la mayoría.

A partir de ahora, agosto de 2015, esta virtualidad engañosa, este montaje publicitario, retórico, falaz, y al servicio de las grandes multinacionales bancarias y oligárquicas, intentará adormecer a la población buscando manejarla y encadenarla para desposeerla de pensamientos propios y de libertad auténtica.

Democracia, actos electorales, resultado de las votaciones parlamentarias son la consecuencia de la publicidad política. Y se impondrá la ley de la mayoría. Sócrates llamaba a las opiniones de la mayoría Lamias, espanto de niños.

Y se cumplirá por desgracia su veredicto:

Has nacido esclavo, no participas de la razón.

Andrés Sorel
Escritor, nacido en Segovia durante la guerra civil. Fue corresponsal de Radio España Independiente entre 1962 y 1971 y dirigió en París la publicación Información Española. A la muerte de Franco regresó a España y colaboró en diversos periódicos y publicaciones de izquierda, entre los cuales destaca la fundación en 1984 del diario Liberación. Ha sido durante muchos años secretario general de la Asociación Colegial de Escritores de España, y director de la revista República de las Letras.

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