Todo irá bien: en el mejor de los mundos posibles…

Todo irá bien. Con este optimismo volteriano cargado de ironía no exenta de fe, se titula la función que desarrollan en escena cuatro jóvenes actores que, sin embargo, antes de llegar al Fernán Gómez, se han curtido en la escena Off madrileña: la de las azoteas, los sótanos y las sillas incómodas de las que uno se levanta más aliviado que contento.

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Cartel de «Todo irá bien»

Pues bien, Todo irá bien es un trabajo excelente de los cuatro actores, aunque la función se me hace larga. Y los chistes -es una impresión- le deben mucho a D. Alonso de Santos (La estanquera de Vallecas, Bajarse al moro, Dígaselo con valium…).

Por ejemplo, cuando llaman a la puerta y Pilar la protagonista apostrofa a la visita con un «ya recibí antes a su compañera, no quiero hacerme testiga», eso es clavao, y también todos los tacos e insultos se me hacen acreedores del dramaturgo vallisoletano que ha hecho escuela en Madrid.

Pero aquí, además -y esto es lo más grave-, del cotorreo se pasa violentamente a la acción y hay bofetadas de verdad por parte de una persona (la misma Pilar) que hasta ahora ha aguantado cualquier humillación sin rebelarse. Si todos los que se han quedado con ganas de darme a mí una bofetada me la dieran, yo no tendría ya cara, es mejor no crear antecedentes ni siquiera en el Teatro. Son muy aplaudidas y quién sabe.

No sé a qué se debe la largura, porque, aunque sean 16 escenas y un epílogo, no tendría necesariamente que ser así, pero lo cierto es que algunas de ellas son repetitivas y bien se podrían agrupar. ¿Le sobraban ingeniosidades al autor y no podía renunciar a ellas? Pues que las reserve para la próxima obra. ¿Meter tijera es muy doloroso?, pues se siente.

Los cuatro actores aguantan magistralmente el tipo y, dentro o fuera del cuadrilátero (tal es la escenografía, con una cama y una nevera dentro por todo agasajo), ellos tienen en todo momento que dar la cara, pues siempre están en escena. Con este esquema escenográfico, incluso el lugar que ocupan fuera de las cuerdas cuando salen de ellas puede ser significativo, ya que al final se lo intercambian y esto ya es bastante fuerte, así como la forma de entrar al ring (bien pisando fuerte las cuerdas o saltándolas con desdén, bien arrastrándose por debajo de ellas), ello supone un paso desde la prelación al sometimiento. Y al revés. No haría falta, por consiguiente, la violencia física y su ejemplaridad nefasta en aras del aplauso fácil, que el aplauso lo tendrán igual, pero por el buen trabajo.

Pues esto es lo que hay

Ahora lo que dice el programa: Todo irá bien es el retrato en clave de comedia de un generación con complejo de “Peter Pan”. Una generación que se quedó dormida y que ahora no tiene herramientas para enfrentar la vida. Un grupo de treintañeros golpeados por la crisis, el paro y un montón de sueños rotos son sus protagonistas.

El argumento de la obra es el siguiente: Pilar es cajera de un supermercado y tiene una relación con su encargado, Miguel, el que fuera el chico más popular del instituto. Carmen es la mejor amiga de Pilar. Luis iba al instituto con todos ellos, pero ninguno le recuerda. La acción se desencadena cuando Miguel, muy ufano y satisfecho tras el último polvo, anuncia a Pilar que se va a casar con otra al mismo tiempo que la despide del supermercado, por los recortes. Todo esto en el día de su cumpleaños…… Pero, tranquilos… Todo irá bien.

La obra habla de la incertidumbre, del sentimiento de desubicación, el amor, el desamor, el autoengaño con o sin coche, el paso del tiempo y las esperanzas no cumplidas. Pero con humor, con mucho humor.

  • Título: Todo irá bien
    Autor: José Manuel Carrasco
    Dirección: José Manuel Carrasco
    Ayudante de dirección: Amanda Ríos.
    Reparto: Pilar Bergés, Ignacio Mateos,
    Laura Barceló y Juan Dávila.
    Teatro Fernán Gómez Centro C ultural de la Villa
    Fecha: 1 de abril de 2016 (desde el 30 de marzo al 24 de abril)
Nunci de León
Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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