¡Esas son las diferencias!

Agradezco los comentarios elogiosos y las interesantes inquietudes que recibí en torno de la serie de artículos dedicados a las palabras, frases y expresiones viciadas, que frecuentemente se utilizan en el lenguaje del reporterismo de sucesos en Venezuela y que a lo mejor también son empleadas en otras naciones de habla hispana.

Fueron un repaso y a la vez la extensión de un taller que tuve el honor de impartirles a periodistas y estudiantes de Comunicación Social en San Carlos, promovido por el CNP (Colegio Nacional de Periodistas) de esa entidad llanera de este país. Me complace saber que muchos pudieron disipar sus dudas, lo cual les permitirá alcanzar soltura para escribir bien y hablar de mejor manera. ¡Esa es la intención!

Aclaro que las situaciones mostradas no son la totalidad de los casos de impropiedades lingüísticas; pero sí las más comunes y, quienes asistieron al taller o los que leyeron los cinco artículos de la serie, tuvieron la oportunidad de aprovechar el aporte. La herramienta básica de un comunicador social y de cualquier otro profesional, es el lenguaje, y de allí la importancia de mantener la duda como principio de la sabiduría, pues nunca se termina de aprender.

Siempre he dicho que la gama de vicios de lenguaje en los medios de comunicación y en el habla cotidiana es amplísima; pero también he recalcado que, pese a esa realidad, existe un marcado interés por deshacerse de ellos, que se evidencia en las personas que asisten a talleres, o que de manera frecuente expresan sus dudas, con el deseo de hallar los elementos necesarios.

En este trabajo de divulgación periodística he mostrado casos sencillos y otros un tanto complicados; pero lo paradójico es que los más simples son los que más abundan, como el caso de las palabras por la índole de la entonación.

También el mal uso del verbo en gerundio, que no es tan complicado como parece y del que he hablado en reiteradas ocasiones, se ha convertido en una especie de comodín al que apelan muchos redactores, sin darse cuenta de que lo emplean de manera inadecuada; pero por ahora no voy a ahondar en ese tema. Ya habrá ocasión de volver sobre él.

En mi opinión, el problema en cuanto a la entonación de las palabras, estriba en el hecho de que un incontable número de redactores, profesionales y no profesionales, no saben distinguir entre acento y tilde, además de que ignoran las reglas que, dicho sea de paso, son impartidas en la educación primaria, en la secundaria y se refuerzan en la universitaria. ¡Ante eso es necesario insistir!

Todas las palabras, con excepción de los monosílabos, tienen acento (entonación). ¡Ahora, que se les marque, es otra cosa! Dicho de otra manera: el acento es fonético (sonido); mientras que la tilde es gráfica (un trazo). Entonces, para el uso adecuado, es indispensable tener claro lo qué es una palabra aguda, una grave, una esdrújula o una sobresdrújula. ¡Esas son las diferencias!

Las palabras agudas son las que llevan el acento (mayor fuerza de voz) en la última sílaba. Se les marca (tilde) cuando terminan en vocal o en consonante «n» o «s»: café, maní, bebé, menú, sofá, algodón, cañón, balón, balcón, canción, tiburón; París, francés, inglés, compás.

Quede claro que hay agudas a las que no se les marca, de acuerdo con la regla que las rige, y he ahí el problema: amor, pared, avestruz, caracol, reloj, cantautor y virtual, entre otras.

Las graves son aquellas en las que la sílaba tónica (la que se pronuncia con mayor intensidad) es la penúltima. Llevan tilde cuando no terminan en vocal o en «n» o «s»: árbol, lápiz, mástil, fácil, López, Gómez, Gutiérrez, Jiménez, Ramírez, Rodríguez. Ejemplos sin tilde: mesa, casa, cama, vaso, zapato, silla, goma, cintura, parque, joven, etc.

Esdrújulas son esas cuya mayor entonación de voz está en la antepenúltima sílaba: música, pájaro, plátano, cámara, América, teléfono, rápido, brújula, esdrújula, sílaba. Lo más favorable en este caso, es que a todas se les coloca la tilde, lo cual no debería presentar mayores complicaciones.

Las sobresdrújulas son una variante de las esdrújulas. Su sílaba tónica se encuentra antes de la antepenúltima, en cuarta o quinta posición. Por lo general se forman con los pronombres enclíticos o con los adverbios terminados en mente: préstamelo, cómpratelo, devuélveselo, búscaselo; plácidamente, rápidamente, fácilmente, cálidamente, científicamente.

También se les da el nombre de superproparoxítonas; pero con sobresdrújulas es suficiente.

David Figueroa Díaz
David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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