Flores y diplomacia

Prácticamente a todos nos gusta ver flores, porque al embellecer los entornos nos transmiten emociones positivas y reducen el estrés.

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Y seguramente a muchos de ustedes ha sorprendido que cuando se juntan los gobernantes y sin importar si las pláticas son de paz o de guerra, los salones son adornados con flores.

Eso sucede, explica Isabel Ferrer en un artículo para El País de este viernes 3 de abril, porque a través del tiempo han sido instrumento diplomático de acercamiento en las relaciones internacionales.

Y la respuesta de tranquilidad que generan es tan importante que los países cuentan con recursos monetarios especiales para arreglos florales.

Nicholas Cull, experto en Diplomacia Pública en la Universidad del Sur de California, explicó a El País que una cumbre política sin ese «poder blando» que son las flores, sugeriría falta de cuidado en su preparación.

Deben ser frescas y perecederas, porque si fueran de plástico no ayudarían a crear una atmósfera de buena voluntad en situaciones de alto voltaje político.

Y los encargados de decorar esos espacios protocolarios deben tener sumo cuidado; porque no es cosa de poner las que les gustan, deben elegirlas con tino y diplomacia «porque mal elegidas pueden ocasionar problemas».

Recuerda Cull que en los arreglos florales que adornaron las conversaciones de paz de los años noventa entre Irlanda del Norte y Reino Unido, y que culminaron con el Acuerdo de Viernes Santo del 10 de abril de 1998, se evitaron lirios y rosas, por estar asociados con católicos y protestantes.

Precisa Ferrer, que la historia de las flores como armas delicadas y poderosas al mismo tiempo, es muy antigua.

En el Antiguo Egipto, el loto aparecía en el interior de pirámides y templos.

En Grecia y Roma, una rama de olivo encarnaba la paz y las flores se asociaban a los dioses.

Y los campos de amapolas que florecían en los campos de batalla europeos de las guerras mundiales están en la memoria colectiva y en el Reino Unido se usan broches con una amapola de tela, para conmemorar a los caídos.

Actualmente, muchos países aprovechan su riqueza floral como instrumento diplomático.

El Principado de Liechtenstein, por ejemplo, usa la flor edelweiss, pie de león, en los ramos que obsequia a mandatarios extranjeros.

Singapur tiene un Jardín Nacional de Orquídeas con una sección dedicada a honrar diversos líderes mundiales, como Nelson Mandela, Margaret Thatcher, Joe Biden y su esposa y Barak Obama.

Pero el icono de la flor diplomática es el tulipán; que se asocia a los Países Bajos, pese a no ser su flor nacional que es la margarita, elegida como tal en votación ciudadana en 2023.

Los tulipanes son originarios del imperio otomano, de donde llegaron a Holanda, y entre 1634 y 1637 provocaron la primera crisis especulativa en la historia de las inversiones, al alcanzar precios tan exorbitantes que llegaron a costar lo mismo que una casa en Ámsterdam.

Y cuando la locura por ellos desapareció y la demanda bajó de golpe, los especuladores se llenaron de deudas, pero la flor se abarató y siguió siendo popular.

Como sus bulbos se siembran en otoño y no florecen hasta la primavera, «representan la idea que no todo llega de inmediato y es preciso esperar», explicó, Mark-Jan Terwindt, presidente de Royal Anthos, la Asociación de Comerciantes de Productos de Vivero y Bulbos, responsable de la donación anual que se hace a la Casa Blanca sin importar quien sea el presidente del país.

Ojalá que los recibidos por Donald Trump por estos días cambiaran su permanente irritación y terminaran con esas locuras que tiene a todos aterrados.

Sus continuas agresiones, han motivado ya acciones solidarias de los Países Bajos a otras naciones.

Las presiones contra Canadá por los aranceles, indica Terwindt, ocasionaron que se mandara a esa nación miles de bulbos de tulipán para mostrar que las flores, «son patrimonio compartido».

Y este marzo, apoyados por un subsidio de la Unión Europea y para festejar con ciudadanos comunes el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de EEUU, colocaron en la Explanada Nacional de Washington (National Mall), 150 mil tulipanes para que pudieran llevárselos gratis.

En 2022, el vivero Tulip Store donó 150 mil bulbos a un parque cercano a Kiev, capital de Ucrania, que había sido utilizado por soldados rusos durante la invasión, para que pudiera reabrir.

En 2025, la princesa Amalia de Orange regaló un jardín de tulipanes a Madrid, que aparecen en la imagen, para mostrar a España su gratitud por la hospitalidad durante 2023, que tuvo que vivir ahí por amenazas del crimen organizado.

Y por tradición, se donan desde hace décadas al Vaticano para sus ceremonias importantes; y como cada año, este Domingo de Resurrección miles de tulipanes lucieron en todo su esplendor como marco de la bendición urbi et orbi.

Teresa Gurza
Periodista. Soy mexicana, estudié la carrera de Historia y soy Locutora, Cronista y Comentarista y Licenciada en Periodismo, pero ante todo reportera. Me inicié en televisión en 1970 y fui reportera, conductora y productora de programas noticiosos; reportera de asuntos especiales de los diarios El Día, UnomásUno y La Jornada, y corresponsal en la Unión Soviética, Checoslovaquia y Michoacán. Por razones familiares, mi marido era chileno, viví en Chile más una década. He recibido muchos premios y reconocimientos, entre ellos el Nacional de Periodismo en Reportaje y ahora radico en México y escribo artículos para Periodistas en Español y otros medios.

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