Alegato del mundo rural invisible

A mediados de enero, dos integrantes de la Plataforma Salvemos Las Villuercas estuvieron en una comisión de la Asamblea de Extremadura para aportar las razones profundas de su rechazo a los delirantes proyectos de la minería buitre en la zona declarada Geoparque Mundial por la UNESCO.

Allí se ha desarrollado en los últimos años una economía sostenible basada en los valores naturales, en el turismo ecorrespetuoso, en la agricultura y en la ganadería tradicionales.

Paisaje de Las Villuercas (Cáceres, Extremadura, España)
Paisaje de Las Villuercas (Cáceres, Extremadura, España)

El pueblo más amenazado es Cañamero. Se trata también de un lugar en el que –en el primer tercio del siglo XX- se llevó a cabo una reforma agraria peculiar que -casi un siglo después- da sus mejores frutos. La inquietud crece en los diecinueve municipios del Geoparque Villuercas – Ibores – Jara, sobre todo en las tres poblaciones más directamente afectadas (Cañamero, Logrosán y Berzocana). Esa desazón social proviene -sobre todo- de la ambigüedad del discurso rutinario de la Junta de Extremadura, agazapada en procedimientos administrativos que se derivan de una ley franquista sobre la riqueza del subsuelo que data de 1973.

Ante esa mirada incierta, Mario Morales (de Berzocana), biólogo, campesino y portavoz de la Plataforma Salvemos Las Villuercas, respondió ante los parlamentarios extremeños con un alegato emotivo que sorprendió a todos. Pero esa emoción no implica que las burocracias institucionales se conmuevan ahora. Tampoco que estén dispuestas a modificar su postura que hace ojitos a la minería global especulativa: se trata de proyectos que sobrevuelan el planeta, en todos los continentes, diseñados para colonizar tierras ajenas mediante la minería a cielo abierto que crea desiertos, amplias áreas de contaminación masiva y destrucción de recursos naturales. Todo sin que les importe nunca la opinión manifiesta de los autóctonos.

El resultado lo sabemos periódicamente en las noticias: desastres ecológicos que envenenan el planeta, incluso, muertes masivas, en ocasiones, como acaba de suceder en Brumadinho (Brasil).

Las Villuercas vistas desde el pueblo de Retamosa (Cáceres, Extremadura)

Como contraposición a todo lo anterior, dejo aquí el texto de Mario Morales. Un alegato armonioso y que invita al diálogo social y verdaderamente democrático. Se explica por sí mismo:

 Vengo con un discurso campesino,

Con un llanto de amor a nuestra tierra,

Un homenaje agradecido a nuestros antepasados labriegos, hortelanas y cabreros.

Vengo a suplicar el amparo de todos ustedes.

Tenemos mil razones para pedir su socorro, pero no son las razones las que impulsan nuestro mundo.

Estoy aquí con un mandado desesperanzado.

Ustedes están donde se deciden las cosas, donde se determina si existimos o no. Si la secular cultura mediterránea persistirá o será historia.

Protejan el mundo rural invisible. Ese que reúne a los que sustentan una sociedad que de pronto se ha vuelto urbana, capitalina y… que no nos ve.

Mírennos, estamos aquí.

Somos los que cultivamos sus alimentos. Los que criamos los ganados que les dan de comer.

Somos los que cuidamos de los paisajes que han hecho famosa esta tierra, y que les regalan el recreo que necesitan.

Los campesinos amamos nuestra tierra, nuestros campos y nuestros animales.

Y somos como ellos, agradecidos y castizos. Resistentes, pacientes y silenciosos.

Sabemos trabajar. Lo llevamos haciendo toda la vida.

Y practicamos una sabiduría centenaria que nos permite injertar un olivo, hacer una patatera, conseguir picón de unas taramas, saber si este cacho es para castaños o para centeno, cuándo una sandía está para cortar o si la cabra está avocá a parir o jhorra.

Una sabiduría que les ha permitido estar donde están y que, por lo general, ustedes ya han perdido.

Conocemos bien nuestro mundo ordenado con las reglas que impone la naturaleza.

Las respetamos y a veces las sufrimos.

La vida en los campos siempre impone dificultades.

La crudeza del tiempo, los periodos de sequía, la injusticia que supone que los precios no representen el valor de los productos; pero seguimos, con la esperanza de que el próximo año las cosas vayan mejor.

Pero lo que nos hace estar aquí hoy es algo que nos ha sacado de nuestras casas, que ha alterado la paz del olivar, el castañar, el cerezal y el monte.

De hecho no tendríamos que estar aquí. Nuestro sitio está ahora ayudando a nuestras ovejas en la paridera. Porque a veces paren de a dos y si la madre se despista deja de querer a uno, y hay que estar atento, y se lo acercamos y así lo quiere. Ese es nuestro sitio.

O hacer cola en la cooperativa para entregar la aceituna, que si se recoge a destiempo le sube mucho la acidez y no podrían ustedes disfrutar del mejor aceite de oliva virgen extra de secano del mundo.

Ese es nuestro sitio.

Este es el suyo. El de ampararnos, el de defendernos, el de mejorar nuestras vidas.

Nunca pensamos que tuviéramos que explicar a nadie cuáles son nuestras misiones.  Nosotros cuidamos los campos y ustedes nos cuidan a nosotros, nos impulsan, nos facilitan nuestras tareas, muchas veces duras, y así vivimos todos, los políticos y los campesinos, la ciudad y el campo, los viejos y los nuevos.

Y hemos dejado lo nuestro, como les digo, y hemos venido a explicarles que nos están pasando cosas. Cosas que pueden rompernos. Cosas que va a alterar el equilibrio sutil que mantiene vivas a nuestras comunidades. Cosas que van a dificultar que las gentes continuemos en nuestros campos.

No nos hagan héroes por sentir lo que sentimos por nuestras tierras, por nuestros pueblos y nuestra cultura, por nuestros hijos y nuestro futuro.

Somos sabios en lo nuestro, sean sabios en lo suyo.

Paisanos de la política, no nos condenen a la marginalidad, mientras aúpan a otros.

¿Es que nos quieren menos que a los grandes inversores?

¿Es que vale menos un paisano que otro?

¿No les gusta que Las Villuercas se hayan conservado como una de las mayores joyas de Europa, gracias a una loada relación entre los territorios y el uso tradicional que de ellos han hecho nuestros mayores y nosotros mismos, en justa herencia?

¿No les impresiona que nuestra comarca albergue un Geoparque Mundial de la UNESCO, cuatro espacios dentro de la Red Natura 2000 de la UE, la única Denominación de Origen de miel de Extremadura (miel Ibores) y que siga viable la insólita Colonia Agraria de Cañamero para campesinos pobres, desde 1923?

¿No les inquieta que gracias a leyes como ésta se ponga en riesgo tal elenco de riquezas?

¿No les turba que gracias a esta nueva ley se facilitara todavía más la instalación, ya se están dando los primeros pasos, de una mina de cielo abierto candidata a recibir su correspondiente declaración de Proyecto Empresarial de Interés Autonómico?

“La región extremeña-escriben en la Propuesta Título ll capítulo 1-, adolece de una baja densidad empresarial, empresas pequeñas, muy atomizadas en el territorio y productoras de bienes y servicios de bajo valor añadido”. ¿Se refieren quizás a alguno de nuestros pueblos? ¿A Cañamero, por ejemplo, que con 1650 habitantes tiene una cooperativa del campo, una industria de miel, dos empresas históricas de instalaciones de energías renovables, dos hoteles, tres turismos rurales, tres empresas constructoras, cinco bodegas, uno de los diez mejores restaurantes rurales de España, según el diario británico The Guardian, y una docena de empresas más?

¿No les gusta nuestro modelo de desarrollo de economía verde y circular?

En la propuesta queda claro que quieren cambiar este modelo de reparto de riqueza por otro.

El de los que aporten, según se puede leer, un “volumen de inversión inicial, como mínimo de 20 millones de euros”, o -dicen también- “un nivel de creación de empleo directo debe ser superior a 50 trabajadores a jornada completa una vez iniciada la actividad”. Título 2, artículo 3.

No redacten leyes que nos eliminen.

No cambien nuestros medios de vida, nuestros paisajes, que son los suyos, por unas empresas de minería extractiva a infierno abierto porque -entre sus objetivos- no está nuestro desarrollo. Ni el mantenimiento de nuestros campos.

Tengan exquisito cuidado en abrir las puertas a empresas que sólo ven en nuestros campos una oportunidad de negocio, un nicho de mercado.

No le abran las puertas a iniciativas a las que les sobran los olivares y los campesinos.

No dicten normas que justifiquen que se pierda lo importante por lo efímero.

Ténganos en cuenta.

Vayan a casa hablen con sus hijos y pregúntenles si quieren un mundo hermoso, limpio y justo o un mundo de ricos que cada vez serán más ricos, de campos rotos y pueblos abandonados.

Hemos leído la Propuesta de Ley de para una Administración más ágil en la Comunidad Autónoma de Extremadura.

Tenemos miedo, por nosotros y por ustedes.

No permitan que esta propuesta de Ley debilite a su pueblo.

No nos dejen en herencia un mundo de beneficiados y otro de afectados.

No defiendan “simplificar trámites” cuando en realidad proponen “eliminar mecanismos de

protección” que aseguraban nuestra viabilidad.

Trátennos por igual, a los chicos que a los grandes, que para algo tiene que habernos servido la democracia.

No ofrezcan, expropien o vendan nuestros campos a iniciativas estrambóticas, entre otras cosas porque los campos no son suyos.

No propongan maneras de puentear la legislación atendiendo a un bien común supuesto, que elimina otro bien común contrastado, el del campesinado.

No comprometan las competencias de los ayuntamientos.

No debiliten la legislación ambiental que preserva nuestros modelos estables, para que quepan, apresuradamente, quienes de otro modo no la cumplen.

La patria no se salva a golpe de concesión facilitada casi sin condiciones a los que nos quieren por nuestros recursos, nuestros dineros. Nunca lo hicieron por nosotros, no lo hagan por ellos.

No piensen en economía solamente.

La vida, la de los campesinos al menos, es mucho más que eso.

Aprendan de nuestro ejemplo, lo vamos dando en silencio generación tras generación.

Pero quizás es que sólo seamos eso, campesinos, luchando por lo nuestro.

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1 Comentario

  1. Sr. Paco
    Encantado con su escueta explicación.
    Nos vemos dominados por la avaricia del dinero a costa de quien sea y si es un pobre desamparado de leyes mejor.
    Soy de un pueblo de colonización de ciudad real donde la mineria quiere empezar a penetrar nuestras tierras y donde las acumulaciones de esa ley de aguas quieren dejarnos secos los acuiferos.
    Un saludo.

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