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Amnistía responsabiliza a Estados Unidos de miles de muertes en Raqqa

Amnistía Internacional ha llevado a cabo una investigación de campo en Raqqa, ciudad que ha quedado en ruinas y la población civil devastada tras la “guerra de aniquilación” practicada por la coalición dirigida por Estados Unidos, que disparó gran número de armas explosivas poco precisas contra zonas civiles pobladas.

La ciudad de Raqqa en el norte de Siria se ha vuelto difícil de reconocer para aquellos que intentan regresar después de meses de batalla entre las fuerzas respaldadas por Estados Unidos y el grupo terrorista del Estado Islámico por el control de la misma. La ciudad no tiene agua corriente ni electricidad, y las casas, negocios y plazas públicas son simples escombros y escombros: © Amnistía Internacional
La ciudad de Raqqa en el norte de Siria se ha vuelto difícil de reconocer para aquellos que intentan regresar después de meses de batalla entre las fuerzas respaldadas por Estados Unidos y el grupo terrorista del Estado Islámico por el control de la misma. La ciudad no tiene agua corriente ni electricidad, y las casas, negocios y plazas públicas son simples escombros y escombros: © Amnistía Internacional

En medio de los escombros de Raqqa, la población civil pregunta por qué las fuerzas de la coalición dirigida por Estados Unidos destruyeron la ciudad, matando a centenares de civiles en el proceso de “liberarla” del grupo armado autodenominado Estado Islámico (Dásh), señala Amnistía Internacional en un nuevo informe hecho público cuando se cumple un año de la ofensiva.

Incluso las bombas de precisión de la Coalición se cobraron un número terrible de víctimas civiles:
Se mató a centenares de civiles y luego se dejó marchar a los combatientes del Estado Islámico, sostiene la oenegé.
El equipo de investigación de Amnistía Internacional visitó 42 lugares de la ciudad en ruinas que sufrieron ataques aéreos de la Coalición y entrevistó a 112 civiles residentes que sobrevivieron a la matanza y perdieron a seres queridos.

Los relatos incluidos en el informe de la organización, ‘“Guerra de aniquilación”: Devastadores estragos en la población civil de Raqqa, Siria, abre lagunas enormes en la insistencia de la Coalición en que sus fuerzas hicieron lo suficiente para deducir al mínimo los daños a civiles. En el informe se detallan cuatro casos emblemáticos de familias civiles que se vieron afectadas de manera brutal por los incesantes bombardeos aéreos. Entre las cuatro perdieron a 90 familiares y vecinos –39 una sola de ellas–, muertos en su mayoría en ataques aéreos de la Coalición.

Son muestra de una situación más general y ofrecen convincentes indicios de que muchos ataques de la Coalición que mataron e hirieron a civiles y destruyeron viviendas e infraestructura violaron el derecho internacional humanitario.

“Cuando es tan grande el número de civiles que mueren en un ataque tras otro, está claro que hay algo mal, y para empeorar aún más la tragedia, han transcurrido muchos meses y no se han investigado todavía los incidentes. Las víctimas merecen justicia”, ha afirmado Donatella Rovera, asesora general de Amnistía Internacional sobre respuesta a las crisis.

“La afirmación de la Coalición de que su campaña aérea de precisión le permitió bombardear al Estado Islámico para expulsarlo de Raqqa causando muy pocas víctimas civiles es insostenible. En el curso de nuestra investigación sobre el terreno en Raqqa vimos un grado de destrucción que no se puede comparar con nada de lo que hemos encontrado en decenios de trabajo de comprobación de los efectos de las guerras”, sostiene Donatella Rovera.

Y agrega que: “los cuatro años de dominación brutal del Estados Islámico en Raqqa estuvieron repletos de crímenes de guerra. Pero las violaciones del derecho internacional cometidas por el grupo armado, incluido el uso de civiles como escudos humanos, no eximían a la Coalición de su obligación de tomar todas las precauciones posibles para reducir al mínimo los daños a civiles. Lo que arrasó la ciudad y mató e hirió a tal cantidad de civiles fue el uso reiterado que hizo la Coalición dirigida por Estados Unidos de armas explosivas contra zonas pobladas donde sabía que había población civil atrapada. Ni siquiera las armas de precisión son precisas si no se selecciona el objetivo.”

Guerra de aniquilación

Poco antes de la campaña militar, el secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis, prometió una “guerra de aniquilación” contra el Estado Islámico.

Del 6 de junio al 12 de octubre de 2017, la operación lanzada por la Coalición dirigida por Estados Unidos para expulsar al Dáesh de Raqqa, a la que el grupo armado llamaba su “capital”, mató e hirió a miles de civiles y destruyó gran parte de la ciudad. Viviendas, edificios públicos y privados e infraestructura, todo quedó reducido a escombros o sufrió daños irreparables.

La población quedó atrapada en medio de los combates que libraban en las calles de la ciudad los miembros del Dáesh y los combatientes de las Fuerzas Democráticas Sirias que, bajo dirección kurda, contaban con el apoyo de los incesantes ataques aéreos y de artillería de la Coalición. El Estado Islámico minó la rutas de huida y disparaba a las personas civiles que intentaban escapar. Murieron centenares de civiles: en algunos casos, en sus casas; en otros, en los lugares mismos donde habían buscado refugio, y en otros, y al intentar escapar.

Las fuerzas estadounidenses, británicas y francesas de la Coalición efectuaron miles de ataques aéreos, y las estadounidenses admitieron haber disparado 30 000 proyectiles de artillería durante la ofensiva de Raqqa. Las fuerzas estadounidenses fueron responsables de más del 90 % de los ataques aéreos.

“Un alto mando estadounidense dijo que en Raqqa se habían disparado más obuses que en ninguna otra parte desde la guerra de Vietnam. Dado que los obuses tienen un margen de error de más de 100 metros, no es de extrañar que se produjera un número enorme de víctimas civiles”, ha añadido Donatella Rovera.

Matanza de civiles

Las víctimas mencionadas en el informe eran personas de todo el espectro socioeconómico de la ciudad y de edades diversas, desde una niña de un año hasta un anciano de más de 80. Algunas se habían visto obligadas a quedarse en Raqqa por ser demasiado pobres para pagar a los contrabandistas que podían sacarlas de la ciudad; otras seguían allí porque, tras toda una vida de trabajo, tenían demasiado que perder si abandonaban sus casas y sus empresas.

Sus angustiosas vivencias y sus inmensas pérdidas contrastan acusadamente con la reiterada afirmación de la Coalición de que hizo grandes esfuerzos por causar el menor número posible de víctimas civiles. En septiembre de 2017, cuando más arreciaba el conflicto, el comandante de la Coalición, el teniente general estadounidense Stephen Townsend, escribió: “nunca ha habido una campaña aérea más precisa en la historia de los conflictos armados”.

Los habitantes de Raqqa, como Munira Hashish, quien sobrevivió a los ataques aéreos, cuentan algo muy distinto: “Quienes se quedaban morían, y quienes intentaban escapar morían. No podíamos pagar a los contrabandistas; estábamos atrapados.” Junto con sus hijos, al final logró escapar a través de un campo de minas, “pisando sobre la sangre de que quienes habían explotado al intentar huir delante de nosotros”.

Las cuatro familias cuyos casos se describen en el informe sufrieron terriblemente.

Los Aswad eran una familia de comerciantes que habían trabajado duro toda su vida para construirse una vivienda en Raqqa. Algunos de sus miembros se habían quedado en la ciudad para proteger sus bienes de los saqueos y se habían refugiado en el sótano. Pero el 28 de junio, un ataque aéreo de la Coalición destruyó el edificio y mató a ocho civiles, la mayoría niños. Otro miembro de la familia perdió la vida al pisar una mina del Estado Islámico cuando regresó a la ciudad para recuperar los cadáveres días más tarde.

Pese a sus reiterados intentos de huir, la familia Hashish perdió a 18 miembros, la mayoría mujeres y niños, en el transcurso de dos semanas en agosto. Un ataque aéreo de la Coalición mató a nueve, siete murieron al intentar huir por una carretera que el Estado Islámico había minado y a otros dos los mató un proyectil de mortero lanzado por las Fuerzas Democráticas Sirias.

Mohammad Ahmad Badran (41) y su hijo Daham (4), víctimas de la campaña militar.
Mohammad Ahmad Badran (41) y su hijo Daham (4), víctimas de la campaña militar.

El caso de la familia Badran quizá sea el que mejor ilustra lo difícil que se volvió la situación para la población civil atrapada en Raqqa. En el transcurso de varias semanas murieron 39 de sus miembros en cuatro ataques aéreos distintos de la Coalición, mientras se trasladaban de un lugar a otro de la ciudad, intentando desesperadamente alejarse de las cambiantes zonas de combate.

“Pensábamos que las fuerzas que venían a desalojar al Dáesh  sabían hacer su trabajo y dejarían en paz a los civiles. Éramos unos ingenuos. Cuando nos dimos cuenta de lo peligrosos que se habían vuelto todos los sitios, era ya demasiado tarde: nos quedamos atrapados”, contó Rasha Badran a Amnistía Internacional. Tras intentarlo varias veces, ella y su esposo lograron por fin escapar, después de haber perdido a toda su familia, incluida su única hija, una niña de un año llamada Tulip, cuyo cuerpo enterraron junto a un árbol.

Por último, el caso de la familia Fayad ilustra cómo un bombardeo aéreo de la Coalición efectuado en las horas finales de la batalla aniquiló a familias enteras en la zona de Harat al Badu del centro de Raqqa, donde se sabía que los combatientes del Estados Islámico utilizaban a civiles como escudos humanos. La muerte de Mohammed “Abu Saif” Fayad y 15 familiares y vecinos suyos en ataques aéreos de la Coalición el 12 de octubre de madrugada parece absolutamente sin sentido, porque, sólo unas horas más tarde las Fuerzas Democráticas Sirias y la Coalición llegaron a un acuerdo con el Estado Islámico por el que se daba vía libre a los combatientes del grupo armado que quedaban para salir de Raqqa.

“Si la coalición y sus aliados de las Fuerzas Democráticas Sirias iban a conceder al final a los combatientes del Estado Islámico vía libre e impunidad, ¿qué ventaja militar podía haber en destruir prácticamente la ciudad entera y matar a tal cantidad de civiles?”, pregunta Benjamin Walsby, investigador de Amnistía Internacional sobre Oriente Medio.

casa familia Badran antes ataque

Imagen de satélite que muestra la casa donde murieron siete miembros de la familia Badran en una huelga de la Coalición el 18 de julio de 2017, después de la huelga. Crédito de derechos de autor:© CNES 2018, Distribución AIRBUS DS
Imagen de satélite que muestra la casa donde murieron siete miembros de la familia Badran en un ataque de la Coalición el 18 de julio de 2017, Arriba antes y abajo después de la acción.
Crédito de derechos de autor: © CNES 2018, Distribución AIRBUS DS

Posibles crímenes de guerra

Los ataques de la Coalición descritos en el informe son ejemplos de una situación más general. Hay convincentes indicios de que los bombardeos aéreos y de artillería de la Coalición mataron e hirieron a miles de civiles, en muchos casos en ataques desproporcionados o indiscriminados, que violaron el derecho internacional humanitario y podrían constituir crímenes de guerra.

Amnistía Internacional ha escrito a autoridades militares de Estados Unidos, Reino Unido y Francia, cuyas fuerzas llevaron a cabo los bombardeos aéreos de Raqqa, para solicitar más información sobre estos casos y sobre otros ataques. La organización ha preguntado por las tácticas de la Coalición, los medios y métodos específicos de ataque, la selección de los objetivos y las precauciones tomadas en la planificación y ejecución de los ataques, así como por las investigaciones que puedan haberse llevado a cabo hasta ahora.

Amnistía Internacional insta a los miembros de la Coalición a que investiguen de manera imparcial y exhaustiva las denuncias de violación del derecho internacional y de víctimas civiles y reconozcan públicamente la magnitud y gravedad de la pérdida de vidas civiles y de la destrucción de bienes civiles causadas en Raqqa.

Deben revelar las conclusiones de sus investigaciones, así como la información importante sobre los ataques necesaria para evaluar si respetaron el derecho internacional humanitario. Deben revisar los procedimientos por los que determinan la credibilidad de las denuncias de víctimas civiles y garantizar justicia y reparación a quienes ha sufrido violaciones del derecho internacional. Tienen también la obligación de ayudar de manera más significativa que ahora en los agotadores trabajos de desminado y reconstrucción que se están llevando a cabo en Raqqa.

“La población civil de Raqqa ha empezado a regresar a la ciudad en ruinas y a sacar a sus seres queridos de debajo de los escombros y la gente está expuesta a morir o resultar herida debido a las minas, los dispositivos explosivos improvisados y los artefactos no detonados. La negativa de la Coalición a reconocer su responsabilidad en la creación de esta situación catastrófica la empeora aún más”, ha explicado Benjamin Walsby.

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