Caso Ayotzinapa: verdades a medias, omisiones, y silencios

En noviembre de 2016, la periodista e investigadora Anabel Hernández[1], publicó el resultado de sus pesquisas sobre el Caso Ayotzinapa bajo el título de La verdadera noche de Iguala. En el libro describe los sórdidos lugares donde se aplicaron infames torturas para fabricar culpables, así como las oficinas de altos funcionarios donde se ejecutó el encubrimiento

Investigadores de la CNDH sobre los normalistas desaparecidos. Cocula, Iguala.
Investigadores de la CNDH sobre los normalistas desaparecidos. Cocula, Iguala.

Y destaca algo que se ha silenciado sistemáticamente: la existencia de un autobús lleno de heroína que los estudiantes, sin saber lo que contenía, secuestraron, y que las fuerzas de seguridad intentaron recuperar. Ese parece ser el auténtico motivo de que los 43 estudiantes estén muertos.

Anabel recoge los testimonios de aquellos que recibieron jugosas ofertas de dinero para que se inculparan y culparan a otros, y así cerrar el incómodo caso para el Gobierno de Enrique Peña Nieto.

Aristegui Noticias y la revista Proceso (participes en la investigación) se han atrevido a hacer la afirmación de que dos millones de dólares en droga fueron el motivo del despliegue del 26 de septiembre de 2014, la noche en que se llevaron a los estudiantes.

Vuelven las dudas

En la actualidad, días después de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) presentara su informe final del trabajo realizado por su Mecanismo Especial de Seguimiento del caso, vuelven las dudas sobre la veracidad o, cuanto menos, la exactitud de lo que se declara como comprobado. El equipo argentino de Antropología Forense (EAAF)[2], que ha participado en las investigaciones desde el principio a petición de los familiares de los estudiantes, y que en 2016 ya afirmó que los estudiantes no habían sido incinerados en Cocula. ha informado de que “discrepa profundamente” con algunas de las aseveraciones que ha incluido la CIDH.

Específicamente, en la sección titulada “19. Escenario del Vertedero de Cocula”, en opinión del EAAF se incurre en graves omisiones, especulaciones, sesgos y, simplemente, errores, al considerar y citar el informe elaborado por el EAAF. Asimismo, discrepa con una parte importante de las conclusiones que alcanza la citada recomendación de la CNDH en interpretación y conclusiones en relación con el basurero de Cocula y los hallazgos supuestamente recuperados de una bolsa del río San Juan, también en Cocula, según la PGR.

En el dictamen presentado por el EAAF, elaborado por un equipo internacional interdisciplinario de veintiséis especialistas en las áreas de arqueología, criminalística, genética, antropología, medicina, dinámica de fuego, odontología, balística, botánica y entomología forense y fotografía satelital provenientes de México, Estados Unidos de América, Canadá, Colombia, Suiza, Uruguay y Argentina durante cerca de 16 meses, han concluido – entre otros temas–  lo siguiente:

  • Si bien se estableció la presencia de restos humanos de un mínimo de diecinueve individuos en el basurero de Cocula, no se pudo establecer con certeza que alguno de los miles de restos encontrados correspondiera a los estudiantes normalistas. Además, entre esos restos recuperados se encontraron algunos pertenecientes a personas distintas a los normalistas.
  • Es particularmente grave la reinterpretación que realiza la CNDH de los resultados genéticos del laboratorio de la Universidad de Innsbruck en lo que respecta al estudiante desaparecido Jhosivani Guerrero de la Cruz. El informe de la CNDH omite incluir que la coincidencia genética por vía de ADN mitocondrial encontrada entre los restos hallados en el río San Juan, y posteriormente entre un fragmento del basurero de Cocula, con un familiar del joven Jhosivani por el laboratorio de Innsbruck, es extremadamente baja desde el punto de vista de probabilidad de parentesco. Es decir, que el resultado no alcanza un umbral aceptable científicamente para ser considerado como una identificación, más aun al tratarse de una coincidencia por la vía de ADN mitocondrial y en un caso abierto, pues se confirmó la presencia de restos de individuos más allá de los 43 estudiantes. En función de estos resultados estadísticos, el informe de Innsbruck habla de “una coincidencia moderada”, dato que el informe de CNDH omite. En síntesis, por el momento no hay ninguna identificación de restos de los 43 estudiantes desaparecidos confirmada sobre lo que se recuperó en el basurero.

En cuanto al fuego que se hizo en el basurero, la EAAF afirma que aunque hay una clara evidencia de la acción del fuego, los análisis de imágenes satelitales de dicho lugar de años anteriores y posteriores al 26 de septiembre del 2014, así como los análisis del subsuelo en la zona, revelan que ha habido múltiples eventos de fuego a lo largo de varios años precisamente en esa zona. Sin embargo, no se encontró evidencia específica que pudiera ligar algún fuego en particular a la noche del 26 al 27 de septiembre del 2014.

Además, el análisis de diecisiete tocones, trece de ellos ubicados en la cuadricula principal con mayor concentración de restos óseos encontrados, así como la vegetación circundante a dicha cuadrícula, no presentaron los daños que habría causado en ellos un incendio de grandes dimensiones, como el que supondría la incineración de los 43 estudiantes.

Por otra parte, sobre la estimación de la datación de la mayoría de las plantas que crecieron en la zona principal de concentración de restos humanos, el informe de CNDH solo toma dos de estas plantas cuya temporalidad es menor, pero no menciona el resultado de otras diecinueve con temporalidad mayor, asegura el EAAF.

¿Estamos nuevamente ante errores o manipulaciones, o acaso continúa el interés por que no se sepa la verdad en aras de proteger a quienes han contribuido a la desaparición de miles de personas en México a lo largo de los últimos años? Ayer, 1 de diciembre de 2018, tomó posesión el nuevo Gobierno. Entre otros problemas, muchos, tiene sobre la mesa la resolución auténtica de este caso, y enjuiciar a los culpables. Sean quienes sean.

Notas

  1. Anabel Hernández es una de las periodistas de investigación más importantes de México. En 2002 ganó el Premio Nacional de Periodismo y desde entonces, ha acumulado varios palmarés más: Pluma de Oro de la Libertad, Premio Voz de los Si Voz, y Reporteros sin Fronteras la incluyó entre los 100 héroes de la información.
  2. El EAAF es una institución no gubernamental sin fines de lucro con más de 30 años de trayectoria que ha trabajado en más de 50 países para tribunales nacionales e internacionales, organizaciones de las sociedad civil y familiares de víctimas de violaciones a los derechos humanos.

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Periodista. Tras más de 30 años en el sector de la construcción en general, de la mano de una publicación para profesionales, un buen día nuevos derroteros la llevaron al mundo de la política, pero sin dejar la comunicación. Esa época determinó el comienzo de un camino dirigido a la solidaridad, a la defensa de los derechos humanos, a la denuncia. Poco después dejó España y se instaló en México. Allí comenzó a publicar en el periódico México Inteligente, donde tuvo su propia columna. Posteriormente, colaboró con el Periódico de Puebla y con revistas literarias, donde editó poesía. Un buen día contactó con Periodistas en Español, medio que le permitió relatar a los españoles lo que sucedía en el país azteca, así como describir las maravillas de su naturaleza. Tras siete años de estancia en México, a mediados de 2018 regresó a España. Actualmente sigue los avatares mexicanos y continúa contándolo en Periodistas en Español.

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