En estas páginas, hemos informado sobre la candidatura de Michelle Bachelet -presentada por Brasil, Chile y México- a la Secretaría General de las Naciones Unidas (ONU) para suceder a António Guterres, iniciativa que había adelantado el todavía presidente chileno Gabriel Boric en la Asamblea de la ONU en septiembre de 2025.
Afirmábamos que el nuevo presidente electo José Antonio Kast, del derechista Partido Republicano, esperaría a tomar posesión el día 11 de marzo para pronunciarse sobre el respaldo de Chile a la candidatura, todo un “dilema estratégico”, pero que mientras tanto recibiría presiones para no respaldarla empezando por la del presidente de la Unión Demócrata Independiente (UDI), Guillermo Ramírez.
Una candidatura, sobre la que ha dicho Bachelet: «Me parece importante destacar lo que significa que esta candidatura inscrita por tres países, porque refleja un compromiso compartido y renueva la esperanza de que podemos trabajar juntos por objetivos comunes».
Pues bien, conocido esto, se destapó la «caja de los truenos», toda una tormenta política, continuación de la última campaña electoral para la elección presidencial en el periodo 2026-2030 y que, posiblemente, adelanta algunos elementos políticos de la presidencia de José Antonio Kast y hasta sugiere otros de lo que será la campaña electoral de 2030, cuando visto lo visto, se pide ya que vuelva a presentarse Gabriel Boric.
Bachelet, por su parte, mantuvo una reunión en Montevideo con el presidente uruguayo Yamandú Orsi con quien dialogó sobre la importancia de que la próxima secretaria general de la ONU sea una mujer latinoamericana.
Bachelet tiene 74 años y sería la primera mujer en liderar la ONU. Además de sus dos presidencias de Chile (2006-2010 y 2014-2018), fue la primera directora de ONU Mujeres entre 2011 y 2013 y dirigió la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, en Ginebra, entre septiembre de 2018 y junio de 2022. Experiencia y liderazgo no le faltan.
Pero antes de dar la noticia, habían aparecido otros dos candidatos: el argentino Rafael Mariano Grossi y la costarricense Rebeca Grynspan. De ellos tendremos que hablar, pero en otro momento. Ahora tenemos que seguir con la tormenta política; una tormenta con distintas opiniones y temas, de las que destacamos ahora las que siguen.
Alberto Van Klaveren, hasta ahora Canciller chileno, ha dicho: «La candidatura de Michelle Bachelet a Naciones Unidas es una gran noticia y una oportunidad para revitalizar este organismo y sus principios. La ONU debe seguir cumpliendo su rol, alineada con los desafíos actuales para que conecten con la realidad de las personas a nivel global».
Lula da Silva ha dicho que Bachelet «está marcada por un espíritu pionero y su experiencia, liderazgo y compromiso con el multilateralismo la capacitan para dirigir la ONU» y Sheinbaum ha remachado que Bachelet tiene una «visión pacifista del mundo» y, además, «ya toca que una mujer sea líder de la ONU».
Muchos han sido los apoyos recibidos. A mi me ha gustado mucho el de la Directiva Nacional del Partido Demócrata Cristiano: «Michelle Bachelet reúne de manera excepcional las condiciones humanas, políticas y técnicas que el mundo actual requiere para liderar el principal organismo multilateral del sistema internacional. Desde nuestra inspiración en el humanismo cristiano, valoramos una trayectoria de servicio público orientada a la dignidad de la persona humana, la justicia social, la paz y la defensa irrestricta de los derechos humanos. Michelle Bachelet ha encarnado estos principios tanto en su conducción democrática de nuestro país como en su relevante labor internacional, tanto como Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, así como la primera directora Ejecutiva de la ONU Mujeres entre 2010 y 2013, consolidando la agenda para la igualdad de género a nivel mundial».
«En un contexto global marcado por profundas tensiones geopolíticas, crisis humanitarias, desigualdades persistentes y desafíos urgentes como el cambio climático, la migración forzada y la defensa de la paz y la democracia, ella representa una conducción ética, dialogante y firme, capaz de fortalecer el multilateralismo, promover la cooperación entre los Estados y situar en el centro la dignidad de la persona humana, principio fundamental que inspira también a nuestro partido».
Continuará…


