Muy optimista fui al pensar que febrero, mes identificado con el amor y la amistad, sería mejor que el nefasto enero.
A los desastres climáticos, políticos y de salud en el mundo, se suma el destape de esta semana en México de nuevos datos relativos a las complicidades entre narcos y funcionarios del partido gobernante.
Con todo lo que ello implica de confesiones, traiciones, asesinatos, ilegalidades, fosas clandestinas, indignación, tristeza y sobre todo impunidad.
Súmele el contagio sin freno del sarampión y la angustia de muchos mexicanos que deben caminar cinco horas para que los vacunen y de otros que llegan solo para enterarse que se acabaron las dosis o las jeringas.
Y las muertes de Jorge Meléndez Preciado, colega periodista siempre solidario con el gremio y Michelle Salinas Muñoz y José Murga del Valle, hija y hermano de amigos de toda la vida.
Busqué por eso temas más felices, en el portal History Facts; de cuyo más reciente artículo saqué estos datos sobre elixires amorosos.
La idea de darlos a quien se quiere conquistar ha existido siempre, pero me ha sorprendido que en su mayoría sean para despertar la pasión femenina y no para atraer hombres.
Tres siglos antes de Cristo, el médico Jenócrates sugirió dar a las mujeres savia de la malva y raíces de satirión blanco y mandrágora mezcladas con vino.
El satirión, leo en Google, es un tubérculo subterráneo de orquídeas silvestres y la mandrágora tiene raíz de forma humana, que contiene alcaloides tóxicos como atropina y escopolamina que son substancias narcóticas, sedantes y alucinógenas, usadas contra el insomnio o como anestésico.
Ambas plantas están asociadas a la magia y la fertilidad, pero su manipulación es peligrosa y puede ser letal.
Es de ese mismo siglo el Kama Sutra hindú; famoso como manual erótico, propone a hombres que quieran encender la pasión de sus amadas tocar una flauta de caña tratada con jugos de diversas plantas.
Hechizos y brebajes fueron usados por romanos ricos y pobres y se podían encontrar en un sórdido barrio de la antigua Roma, conocido como Sabura, pero mal preparados o en dosis excesivas causaban serios problemas.
El poeta Lucrecio, contemporáneo de Julio César, enloqueció por un filtro de amor que le dio su esposa.
Y el escritor romano Apuleyo fue juzgado por elaborar pociones con ostras, sepias y langostas, para conquistar a una viuda.
Las culturas islámicas del Oriente Medio y África idearon sus propios métodos; el médico y filósofo del siglo once Ibn Sina, conocido en Occidente como Avicena, recetaba una bebida de miel, pimienta y jengibre.
La miel era también, ingrediente principal en el manual amoroso árabe El Jardín Perfumado de Muhammad al-Nefzawi del siglo quince, que recomendaba calentarla con jugo de cebolla, añadir agua y garbanzos machacados y dar por las noches pequeñas dosis del caldo resultante a quien se quería conquistar.
Durante la Edad Media europea se incorporaron a plantas y alimentos, partes y fluidos corporales humanos y animales.
El erudito alemán del siglo trece Alberto Magno, conocido como Doctor Universalis, escribió «Si quieres que una mujer no sea viciosa ni desee hombres, toma las partes íntimas de un lobo y el vello que crece en sus mejillas, cejas y barba, quema todo y dáselo a beber sin que ella lo sepa».
A finales del siglo dieciséis, en su obra Sueño de una noche de verano William Shakespeare colocó pétalos sobre los ojos de la reina hada Titania, para hechizarla y hacer que se enamorara del tejedor Nick Bottom.
Para que su amante el rey Luis XIV de Francia pudiera disfrutar los placeres de la carne, Madame de Montespan mezclaba su comida y bebida «con sangre, huesos, intestinos y carne de sapos y murciélagos» y debe haberle servido, porque tuvo con él siete hijos.
Más cerca de nosotros, las antiguas pociones de amor de raíces y cabellos llevaron en 1959 al éxito a los Clovers, con la canción Love Potion No. 9 y a una película de Sandra Bullock en 1992.
Y los fans de Harry Potter recordarán que los padres de Lord Voldemort se unieron gracias a un filtro.
Actualmente, algunos continúan haciendo y dando elixires de amor y la gente cataloga como embrujados, a quienes no ven los defectos de sus amantes.
Pero muchísimos hombres prefieren las tabletas de Viagra y los científicos siguen investigando nuevos fármacos que desencadenen la liberación de oxitocina, «hormona del amor».
La diferencia, recalca History Facts, está en que estos modernos estimulantes no eliminan la autonomía del posible amante.



